54 Independencia, y solo en el del siglo XX, gracias a la movilización de las “sufragistas”, se transitó paso a paso hacia un sufragio realmente libre y universal en casi todo el mundo. En el rosario de Declaraciones, Proclamas y Constituciones había, sin embargo, un argumento raigal, de índole histórica, que importa preservar y valorar: la Memoria. La Declaración de 1789 desde sus primeras líneas lo señala: “la ignorancia, el olvido o el menosprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de las desgracias públicas…”. La Declaración propuesta por Olympe de Gouges completa al decir: “Las madres, hijas, hermanas, representantes de la nación, constituidas en Asamblea Nacional consideran que la ignorancia, el olvido y el menosprecio de los derechos de la mujer son las únicas causas de las desgracias públicas…” En estos principios rotundos de mantener viva la memoria de la humanidad se asienta la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, que en su primer artículo reconoce que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”, y que el “desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad”. La embestida contra la Memoria fue el eje de la estrategia del Visitador Arreche para debelar la rebelión de Túpac Amaru. Arreche centró su acción no solo en un demoledor plan militar sino también en una estratagema contra-cultural, que pretendía romper los vínculos de memoria que mantenían los pueblos originarios con el pasado Inca. Su objetivo era quebrar las prácticas culturales, sociales y productivas ancestrales, que seguían siendo estructurantes de la vida colectiva en el siglo XVIII, como la supervivencia del gobierno de Caciques en los pueblos. Inmediatamente después de la siniestra ejecución de Tupac Amaru, Micaela Bastidas, y sus familias, Arreche inició su plan de desmembramiento de la cultura andina, una ofensiva de desalme en regla: instruye al obispo del Cusco, el criollo Juan Manuel de Moscoso, que retire con “cualquier pretexto” los 6 lienzos que estaban en el Colegio de Caciques del Cusco, que representaban la sucesión de los Incas con sus trajes ceremoniales. Esta medida propició que las familias escondieran sus cuadros de la Escuela Cusqueña, y hasta la Sra. Betancur Tupac Amaru, que litigaba con José Gabriel la heredad del marquesado de Oropesa, hará cubrir una imagen de ella, donde lucía como Coya, por un santo anodino. El Obispado se asocia al Visitador para prohibir ceremonias cultuales de origen Inca, vestir Edgar Montiel
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