57 Biblioteca Nacional” en 1966. Este texto concluye con una frase reveladora: “La lectura y glosa en común se acompañaba con el préstamo del citado libro de Garcilaso”14. En el caso de Tupac Amaru, el “préstamo” podría (nótese el condicional) haber sido tanto de los Comentarios reales como la Historia general del Perú. En todo caso hay la seguridad que llevó consigo al Cusco la “Historia de Garcilaso”, escogencia explicable, pues allí está la relación de “las causas y la prisión del Príncipe Inca Túpac Amaru”(cap. XVI), que tanto interesaba a José Gabriel. En su carga de viaje al Cusco, se menciona el libro en la guía emitida por la Aduana, documento que autorizaba el ingreso de dos petacas con sus pertenencias. En el 2003 obtuve una copia de esta Guía en el Archivo General de la Nación, que compartí con la historiadora Scarlett O’ Phelan Godoy. Ella podría interpretar qué revelan estas petacas en relación a los proyectos de José Gabriel, de sus lecturas, de sus gustos personales, de regalos para sus hijos y para Micaela. En su reciente libro Mestizos reales en el virreinato del Perú (2013) la historiadora nos grati¿ca con una mirada fresca, moderna, poco conocida de la familia Condorcanqui-Bastidas: “En las dos petacas que llevó consigo para ¨su uso y el de su familia¨ había tres vestidos de color, tres capas, cuatro sombreros de petate, tres sombreros de jipijapa y dos de su propio uso, tres cortes de mantilla, dos faldellines, dos piezas de Bretaña; esto en términos de vestuario. Pero también aparecen algunas otras adquisiciones sorprendentes, como un astrolabio, un molinillo de café, una encomienda de libros y nada menos que una obra de Garcilaso. Esto implica que no era “probable” que Túpac Amaru hubiera leído a Garcilaso, sino que, en efecto, compró y consultó la obra del cronista mestizo” Siguiendo a Valcárcel, el “préstamo” de la logia garcilasista limeña fue a parar al Cusco… La Profesora O’Phelan indaga sobre otros enigmas: En otro rango, la compra del molinillo de café demuestra que estaba muy al día de los nuevos gustos y espacios de sociabilidad que habían surgido en la capital, como los cafés que comenzaban a establecerse en el corazón de Lima…La ciencia y los instrumentos cientí¿cos tampoco le resultaron del todo extraño. La presencia del Astrolabio así lo indica… Pero no hay que descartar la posibilidad de que el cacique de Tinta lo adquiriera para facilitarse la medición del tiempo y la ubicación de su ejército durante la rebelión”. 14 Valcárcel 1966, su fuente es el AGI, legado 1049. Micaela, una herida en la memoria. La mujer relegada en el discurso histórico
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