Micaela Bastidas

66 y el padre Vicente Valverde, que ocurrió en Cajamarca, la tarde del sábado 16 de noviembre de 1532”17. El episodio, narrado por distintos cronistas, presenta la escena en que Atahualpa recibió en sus manos una Biblia para jurar, pero para sorpresa general la arrojó al suelo pues desconocía todos los elementos de la cultura ibérica: el libro, el cristianismo, el acto de jurar. Por “ignorar”, en el sentido neutro del término, es decir, “desconocer”, fue juzgado por los españoles como “sin respecto” y “sacrílego”. La escena constituyó el punto de partida para que se desencadenara la masacre de las poblaciones indias. En este universo escindido por la falta de comunicación, como miembro de la élite indígena, José Gabriel transitó entre los dos mundos: la costa y la sierra, los salones y las universidades, los caminos y ferias de comercio; convivió con nobles criollos e indígenas, mestizos, negros, zambos, chapetones y españoles. Sin embargo, a él también lo excomulgaron por haber ordenado la ejecución de un Corregidor y por haber desa¿ado el poder colonial. Dejo a los historiadores la explicación de las causas de la revolución que se desencadenó en ¿nes de 1780, vinculada a las Reformas Borbónicas, a la decadencia de la minería en Potosí, a la crisis de los repartos u otros factores. Lo que nos importa es percibir que en este contexto ocurrió un intenso entrecruzamiento de voces y de textos de variados registros, marcados por la heterogeneidad entre emisores y receptores, lectores y oyentes. Como sujeto letrado, conocedor de las leyes y de la retórica, José Gabriel fue el enunciador de textos variados, a los cuales Martin Lienhard clasi¿có como discursos insurreccionales, textos producidos durante el periodo de las luchas, intensi¿cando el “diálogo” epistolar entre indígenas, por un lado, y españoles o criollos, por otro. Dirigió muchas solicitudes ante la Audiencia de Cusco para la abolición de la mita, que, debido a la crisis de los repartos, no fueron atendidas. Entre estos discursos tenemos cartas y advertencias dirigidas a los habitantes de Cusco y a las autoridades. Como explica Lienhard, 17 Ibídem, p. 167. Cláudia Luna

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