Micaela Bastidas

67 en el interminable proceso de “negociación” entre las colectividades indígenas y las autoridades coloniales criollas, el ‘alegato’ de la parte indígena, cuando llega a desembocar en un documento escrito, suele tomar la forma de un testimonio, de una carta, de un mani¿esto”18. [subrayado mío] En sus advertencias y cartas, Túpac Amaru garantizó su ¿delidad al Rey de España y a la fe Cristiana; sin embargo, es impiedoso con los corregidores, que, según él, eran los únicos culpables de los repartos. Como a¿rma en su carta al Visitador Arreche, del 5 de marzo de 1781, tiene por “único ánimo cortar de raíz el mal gobierno a tanto ladrón zángano que nos roban la miel de nuestros panales”19. Su lenguaje es incisivo: “son los corregidores químicos que en vez de hacer del oro sangre que nos mantenga, hacen de nuestra sangre oro”20. Y concluye: “los corregidores no son dioses para ser temidos y adorados”21. En cuanto a Micaela Bastidas, esposa y madre de los hijos de Túpac Amaru, fue su principal colaboradora, componiendo la élite que dirigió el movimiento. Ejerció varios roles: articuladora política de la retaguardia de la insurrección, responsable de mantener las tropas rebeldes con géneros y armas, dirigirlas cuando fue necesario, garantizar la lealtad de la gente al movimiento, ejercer roles de jueza frente a los desórdenes o insubordinaciones. Durante las ausencias de su marido, emitió una importante cantidad de documentos. A su vez, recibió cartas de variada índole, con pedidos que podía o no conceder. Se trató evidentemente de una ¿gura de poder, a quien todos rindieron obediencia y respeto. En las cartas que se destinaban a ella, la llamaban: “Mi Señora Gobernadora”, “Mi Señora Doña”, y trataban con ella sobre querellas internas, pedidos y juzgamientos. Entre ellas llaman atención las cartas del Capellán Licenciado Martín Castilla, quien suplicó justicia frente a un ladrón que le había robado doscientos pesos en plata: “y así suplico a Vuestra Merced, como a madre de los pobres, se sirva de darme licencia para hacer prender, 18 Lienhard, 1982, p. XII. 19 Ibídem, p. 257. 20 Ibídem, p. 263. 21 Ibídem, p. 271. Micaela Bastidas, del silencio a la palabra: autodiscurso y representación

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