64 era zamba o zambahiga, es decir, fruto de la unión entre un negro y una india. Dice: “Su padre fue el negroide Manuel Bastidas y su madre Josefa Uyucachua, de raza cobriza”10. En resumen, Micaela era una mestiza, como solía ser parte de la población andina de la época. Duthurburu agrega que el negro ha sido el tercer “ingrediente del mestizaje peruano (...) como los cobrizos, los blancos, los amarillos y los aceitunados –parte integrante de la Peruanidad”11. Las llamadas “castas mistas” desa¿aban el afán homogeneizador y blanqueador de “pureza de la sangre”, según padrones europeos, y representaban un desafío para intentos clasi¿catorios, como se puede leer, por ejemplo, en Los Cuadros de Mestizaje, del Virrey Amat (cerca de 1770), en que se clasi¿can los hijos de matrimonios interraciales como negros, mulatos, cuarterones de mulatos, blancos, zambos, chinos, cuarterones de chinos, etc.12. Observado bajo esta perspectiva, el matrimonio entre el noble Inca Túpac Amaru y la zamba Micaela Bastidas representaba una alianza simbólica entre los varios grupos de “vencidos”. En su Breve historia de los negros del Perú, Duthurburu comenta: Se ha tomado mucho en cuenta la animadversión entre indios y negros, pero pocos han hablado de su acercamiento. En efecto, en el Perú hubo un caudillo medio indio que fue el primer abolicionista de la esclavitud de los negros. Fue José Gabriel Túpac Amaru, quien proclamó la libertad de los melanodermos al comienzo de su rebelión: ¿nes de 1780 o inicios de 1781. Lo hizo en el Santuario del Señor de Tungasuca, el Cristo de los Arrieros, delante de sus seguidores rebeldes. De este modo, José Gabriel Túpac Amaru, descendiente de los Incas, se consagró entre nosotros como el Primer Libertador de los Negros.13 El deseo integrador del movimiento tupamarista se reÀeja en la heterogeneidad del grupo de dirigentes. Según la investigación de 10 Duthurburu, 2001, p. 114. 11 Ibídem, p. 15. 12 Ibídem, p. 116. 13 Ibídem, p. 49. Sólo en 1854 se decretó en Perú la libertad de¿nitiva de los esclavos, gracias a Ramón Castilla. Para reemplazarlos en el campo, se incentivó la inmigración de culíes chinos y canacos polinesios (ibídem, 74-75). Cláudia Luna
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