Micaela Bastidas

71 lengua utilizada para la comunicación entre los miembros de la élite del movimiento. En las órdenes de Micaela hay un mensaje directo, objetivo: son textos breves, no admiten dudas, lo que, se supone, garantiza la ¿delidad de quien toma el dictado. Se presume que el escribiente/ traductor, como alguien al servicio de la dirigente –sea por ganar un pago, por ser subordinado, o por defender la misma causa–, debe ser ¿el a la palabra de quien ordena. Este es el mismo caso de los escribientes de los poderosos de todos los tiempos, gobernantes y autoridades que por su poder atestiguan la fuerza del mensaje enunciado, con su ¿rma, aunque el texto haya sido redactado por un escribiente a su servicio. En ese sentido, es probable que las amenazas de punición a traidores, enunciadas en algunos de los textos, sirviesen también como aviso. Se dice que Bastidas se valía de criollos de con¿anza, como Mariano Banda y Felipe Bermúdez. Obsérvese que en los autos no se hace mención a ningún tipo de punición a los escribientes de Micaela. Ocurre que esta ¿gura formaba parte del pacto de la ciudad letrada en el plurilingüe y heterogéneo universo colonial. De ahí que al que escribe se le considera como simple instrumento, una voz invisible. Entre Micaela y José Gabriel existe una relación de iguales, de con¿anza y de con¿dencialidad, no tanto por ser una escritura “privada” en el sentido de contener con¿dencias de una pareja, sino secreta y con¿dencial, de circulación restricta por tratar de estrategias de guerra. Aunque en algunos momentos se lean en las fórmulas protocolares términos afectuosos como “Mi Chepe”, o “Mi Mica”, la correspondencia entre ambos, en especial la de ¿nes del 1780 y comienzos de 1781, trata estrictamente cuestiones relacionadas con la insurrección: envío de prisioneros, pedidos de víveres, municiones o armas, de relatos de las batallas, discusiones sobre la correlación de fuerzas entre los realistas y los rebeldes, como se lee por ejemplo, en la carta del 7 de marzo de 1781: “Remito con el portador quinientos veinte y seis cartuchos de fusil, con balas; de cañón 30 cartuchos para lo mismo, y no va pólvora, porque en lo pronto no la hay sino de cañón”33. 33 Durand Flores, 1975, p. 633. Micaela Bastidas, del silencio a la palabra: autodiscurso y representación

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