Las ruinas de Moche

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El arqueólogo alemán Max Uhle (1856-1944) se doctoró en lingüística en la Universidad de Leipzig con una tesis sobre la gramática del chino clásico. Posteriormente trabajó como asistente de los directores de los museos de etnología de Dresden y de Berlín, y por esos años surgió su interés en Sudamérica. En 1892 viajó a Argentina, donde empezó a estudiar las fronteras del Imperio inca, y luego pasó a Bolivia y Perú, donde realizó excavaciones en la costa y la sierra, entre las que destacan las de Pachacamac, donde aplicó por primera vez el método estratigráfico, y Moche. Uhle fue el primero en establecer una cronología del Perú antiguo y ha sido llamado el padre de la arqueología científica peruana. Peter Kaulicke es doctor en Americanística por la Universidad de Bonn, Alemania, y desde 1982, profesor de la Especialidad de Arqueología de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Es fundador de esta especialidad y del Boletín de Arqueología que dirigió entre 1996 y 2013; asimismo es autor de varios libros como Memoria y Muerte en el Perú Antiguo (2000) y Cronología del Formativo (2010), así como editor de dos libros sobre Max Uhle (1998 y 2010). Es miembro del Instituto Arqueológico Alemán y del Institute of Andean Research (Berkeley), entre otros. Su campo de investigación se concentra en las sociedades tempranas (Arcaico y Formativo), en enfoques interdisciplinarios y comparativos así como en la historia de la arqueología en el Perú. Doris Kurella estudió Americanística y Etnología en Tübingen y Berlín, y obtuvo su doctorado en la Universidad Libre de Berlín en 1993 con una tesis sobre las culturas prehispánicas de Colombia. Desde 1997 dirige la sección de América Latina en el Museo Linden de Stuttgart. Entre sus publicaciones figuran Kulturen und Bauwerke des Alten Perus (2008) e Inka-Könige der Anden (ed.) (2013). Sus intereses principales son el estudio de las colecciones de su museo y los mapuche de Chile Austral. 3

MAX UHLE LAS RUINAS DE MOCHE Peter Kaulicke (Introducción, traducción y edición) 4

Las ruinas de Moche Max Uhle © Peter Kaulicke, editor De esta edición: © Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2014 Av. Universitaria 1801, Lima 32, Perú Teléfono: (51 1) 626-2650 Fax: (51 1) 626-2913 feditor@pucp.edu.pe www.fondoeditorial.pucp.edu.pe Cuidado de la edición, diseño de cubierta y diagramación de interiores: Fondo Editorial PUCP Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio, total o parcialmente, sin permiso expreso de los editores. ISBN: 978-612-4146-97-8 5

PRÓLOGO La gestación de este libro ha sido inusitadamente larga. Uhle terminó el manuscrito escrito en alemán en 1903, el mismo año de la publicación de su magnum opus Pachacamac (1903)1 que le valió el reconocimiento internacional como fundador de la arqueología científica del Perú. Este iba a ser publicado en versión inglesa en la Universidad de Berkeley, pero, por razones no del todo aclaradas, Uhle decidió quedarse con el manuscrito y llevárselo de regreso al Perú junto con otros seis informes. Lo acompañó también a los otros países latinoamericanos donde vivió y trabajó hasta que lo dejara al fin en el Instituto Iberoamericano de Berlín, treinta años después de haberlo escrito. En reiteradas ocasiones, Uhle volvió a ocuparse de este manuscrito con la intención de perfeccionarlo pero sin lograr su publicación. De este modo, toda la documentación de sus trabajos en las ruinas de Moche entre 1899 y 1900 quedó separada en dos partes: una de ellas con toda la colección de sus hallazgos, el catálogo, notas, etcétera, en la Universidad de Berkeley, donde se mantiene hasta hoy; y otra con el manuscrito referido junto con otros igualmente inéditos, libretas de campo, fotos, entre otros, que componen el Legado Uhle en el Instituto Iberoamericano de Berlín. Esta situación llevó a presentaciones parciales y discusiones basadas en su colección y documentación incompleta de Uhle publicadas por arqueólogos norteamericanos en desconocimiento del manuscrito en cuestión que se mantuvo inédito pese a esfuerzos de Kutscher entre 1944 y 1946, poco después de la muerte de Uhle, y quizá otros posteriores. 6

Los pocos trabajos sobre el tema, resumidos y publicados por el propio Uhle, y sobre todo, su material, en forma de contextos funerarios y no funerarios correctamente registrados por separado —un procedimiento rutinario en la actualidad pero desconocido en el Perú de su tiempo— vislumbraron la alta importancia de este proyecto de Moche para la comprensión del pasado prehispánico del Perú. Lamentablemente, estos contextos no se han presentado aún en forma completa, pero han contribuido de forma decisiva para la consolidación de la cronología de lo que ahora se conoce como moche o mochica, de toda la historia prehispánica de Trujillo y, en extensión, de la del Perú antiguo. Uno de los mayores problemas de las publicaciones resumidas de Uhle y del trabajo que se presenta en esta ocasión fue su preferencia por escribir y publicar en su idioma natal, que dificulta hoy más que en su tiempo la comprensión por parte de colegas y del público interesado. Esto vale, en este contexto, sobre todo para su artículo de 1913, publicado en una revista francesa (Uhle, 1913), que es un resumen escueto del manuscrito de 1903. Una deficiente traducción al castellano de 1915 fue traducida de nuevo en 1998, como parte de la publicación de un evento organizado por el suscrito en homenaje a los 50 años de la muerte de Uhle en 1994 (Kaulicke, 1998b) junto con otros trabajos del homenajeado. En 1990, durante una visita al Instituto Iberoamericano de Berlín, mi amigo, el doctor Peter Masson me planteó la necesidad de que alguien se ocupara de este manuscrito, y en 2000 obtuve una beca del DAAD (Servicio Alemán de Servicio Académico) para trabajar con el material del Legado Uhle en el Instituto Iberoamericano, en particular, el referente a Moche. Gracias al apoyo del doctor Gregor Wolff obtuve copias de las tres versiones del manuscrito de Uhle ya que tenía la intención de traducirlo. En 2006, con motivo de los 150 años del nacimiento de Uhle, organicé, junto con colegas del Instituto Iberoamericano y del Museo de Etnología de Berlín, otro evento en el que destacados especialistas se dedicaron a discutir acerca de la vigencia de sus aportes (Kaulicke y otros, 2010). Entre ellos contamos con la presencia del doctor Santiago Uceda, director del Proyecto Huacas del Sol y de la Luna, y del doctor Claude Chauchat, director del Programa Internacional Moche Perú-Francia. Chauchat, en particular, se interesó en los trabajos de Uhle en la Huaca de la Luna ya que su proyecto se realizó cerca del lugar 7

donde estos se habían llevado a cabo. En 2010 me propuso tratar de obtener acceso al material inédito y traducir el manuscrito referido dentro de un convenio cultural entre Francia y Alemania, por lo que se contactó con la Embajada de Francia en el Perú. Finalmente, gracias al interés del doctor Jean-Joinville Vacher, en ese entonces consejero de Cooperación para los Países Andinos de la Embajada de Francia, se obtuvo la financiación para la traducción del informe. Vacher contactó también al consejero de Cultura de Alemania, el señor Alexander Fierley, quien también se comprometió a apoyar este proyecto de publicación. De esta manera, contamos ahora, después de 110 años, con un trabajo fundamental del fundador de la arqueología peruana, que se mantuvo prácticamente inasequible para el mundo científico. Al mismo tiempo, este es fruto de una cooperación cultural entre Alemania, Francia y el Perú, y coincide con la celebración del 50 aniversario del Tratado de Amistad GermanoFrancés, firmado en el Palacio del Eliseo en 1963. Como se verá, este texto es mucho más que un informe con sus más de 300 páginas en versión original, con 136 dibujos de texto que incluyen objetos arqueológicos, planos y perfiles y 22 láminas con planos, fotos de arquitectura y más de 300 objetos excavados. Con el fin de esclarecer el origen, la relevancia y la vigencia de este trabajo, se ha elaborado un texto de introducción que presenta las actividades y enfoques de Uhle desde su proyecto en Pachacamac hasta sus investigaciones en Chan Chan y Moche a la luz de documentos en Berkeley y en Berlín así como las pocas publicaciones en Estados Unidos y el Perú. Queda evidente que el trabajo Las ruinas de Moche es de enorme relevancia, pues presenta una historia prehispánica completa de la zona de Trujillo, prácticamente ex nihilo, solamente a partir de sus investigaciones en la Huaca del Sol, la Huaca de la Luna, los cementerios en o al pie de ellas y en otros lugares de la planicie, en la ciudad de la planicie y en la cima del Cerro Blanco fuera de Chan Chan. Este enorme logro se basa en múltiples comparaciones sistemáticas de la arquitectura y de los objetos de contextos asociados. En ello son sustanciales las innumerables comparaciones con Pachacamac que corroboran los resultados obtenidos en años anteriores en este sitio tanto por rasgos compartidos como por otros locales o regionales. Desde esta perspectiva, no queda duda de que Las ruinas de Moche se ubica al mismo 8

nivel de relevancia que su obra Pachacamac. Uhle fue muy consciente de ello y consideró que ambas secuencias formaban la columna vertebral de la historia prehispánica del Perú. El hecho de no haber publicado esta monografía atrasó la investigación por mucho más que los diez años que calculó Rowe, quien desconocía este trabajo (Rowe, 1956, p. 15) 2 . Los ya referidos análisis posteriores de su material excavado, en particular de sus espectaculares contextos funerarios al pie de la Huaca de la Luna, tampoco reemplazan la validez de sus observaciones ya que los primeros carecen de un tratamiento completo y sistemático al enfocar solo la cerámica más «representativa». Este enfoque en la cerámica es comprensible debido a su gran atracción estética, pero es solo parcial, pues deja de lado valiosa información de diferente índole también fuera de lo estrictamente cronológico. Pese a ello, esta apreciación prioritaria de la cerámica sigue siendo la base de reflexiones cronológicas, en particular en lo que se refiere a la cerámica moche o mochica. Como se desprende de la lectura del trabajo de Uhle, él siempre trató de presentar su material en conjunto con sus observaciones e hipótesis de un modo inclusivo al considerar tanto aspectos formales como técnicos, funcionales como transcendentales y rituales usando fuera de las comparaciones materiales otras como analogías etnográficas y etnohistóricas. Es en este sentido que su valor no ha disminuido, tampoco en la actualidad cuando podría pensarse que su aporte resulta desfasado frente al enorme cúmulo de datos de los trabajos de Uceda y colaboradores en este mismo complejo de las «ruinas de Moche» de Uhle desde el inicio de la década de 1990. En primer lugar, todos sus resultados referentes a la cronología se han confirmado con este proyecto reciente, pero también otros como el postulado de una ciudad con talleres especializados entre las huacas. Otros más merecerían la atención más allá de un interés menos enfocado en la cultura y la sociedad moche, el Periodo F de Uhle. Estas reflexiones y otras destinadas a facilitar la comprensión del libro de Uhle y a vincularlo con el estado actual de la arqueología de Trujillo y del Perú Antiguo en general, se encuentran en la introducción que lleva el título «Las ruinas de Moche. Origen, relevancia y vigencia». Se ha optado por incluir otro trabajo que está indirectamente vinculado con Uhle, pero evidentemente forma parte de la temática por tratarse de un 9

contexto funerario excepcional de la Huaca de la Luna. Se encontró por medio de un saqueo en forma de túneles perforados en la huaca poco después de la estadía de Uhle durante el cual se topó con una cámara debajo de la arquitectura monumental. Esta contenía un asombroso conjunto de objetos de metal, concha y cerámica. En el Instituto Iberoamericano se guardan dos cartas y dos fotos del responsable de este saqueo que especifican el inventario. Cuatro de estas piezas de metal se encuentran en el Linden-Museum Stuttgart de Alemania. En un estudio del suscrito con el apoyo de la doctora Doris Kurella del Linden-Museum se presenta este contexto por primera vez, que confirma ser probablemente el más temprano de contextos de élite moche al lado de otros más simples del mismo complejo que datan de un tiempo previo a o muy al inicio de la construcción de las dos huacas de Moche. Evidentemente se trata de un «efecto posterior» de los trabajos de Uhle en el sitio que, pese a lo cuestionable de su obtención, representa un aporte sumamente importante que confirma además lo postulado por Uhle que todo este complejo monumental corresponde al periodo Moche aún en sus inicios. Queda por agradecer a las muchas personas que, de una manera u otra, han contribuido al logro de esta publicación. No es tarea fácil por su gestación tan prolongada y los vínculos múltiples que abarcan tanto Europa (Alemania y Francia) como Estados Unidos y el Perú, por lo que conviene usar un «enfoque cronológico», apropiado en el caso de Uhle. Desarrollé mi interés en Uhle ya en mis tiempos de estudio en Bonn, pero lo enfoqué más como investigador asociado del Instituto Arqueológico Alemán (1980-1982). Gracias al apoyo del profesor Hermann Müller-Karpe pude viajar a Berlín en 1981, analizar colecciones del Museo de Etnología de Berlín y entrar en contacto con colegas de este museo, del Instituto Iberoamericano (IAI) y del Instituto Latinoamericano de la Universidad Libre de Berlín (LAI, FU), que culminó en la publicación de un estudio sobre contextos funerarios de Ancón al que Uhle también había aportado (Kaulicke, 1983, 1997). Estoy muy agradecido al recientemente fallecido profesor Hermann Müller-Karpe (KAVA, DAI), al profesor Jürgen Golte (LAI, FU), al profesor Dietrich Briesemeister (IAI) y a muchos otros que me acogieron en este tiempo, algunos ya 10

desaparecidos como el doctor Dieter Eisleb del Museo de Etnología de Berlín. Ya en el Perú, como profesor de la Especialidad de Arqueología de la Pontificia Universidad Católica del Perú, reanudé los contactos con Berlín gracias a una invitación de la doctora Anne-Marie Hocquenghem, quien organizó una mesa redonda sobre Piura en 1990. Ahí volví a entrar en contacto con Peter Masson, un antiguo amigo y compañero de estudios de Bonn quien trabajó en el Instituto Iberoamericano. Mi interés en el material del Legado Uhle de este instituto se debe básicamente a él ya que me animó a estudiarlo a fondo, al convencerme de la relevancia de esta tarea. Además me mostró material de otro legado, el de Eduard Seler, que llevó a la publicación del estudio referido en la presente publicación. Al doctor Gregor Wolff, a cargo de los legados del Instituto Iberoamericano le debo un agradecimiento muy especial ya que logró un convenio entre la PUCP y IAI así como una beca del DAAD en 2000 cuando me acogió en el instituto y me facilitó el acceso al material de Uhle. Luego me envió copias de este material a Lima y el y su equipo también me proporcionaron versiones escaneadas de los dibujos y láminas originales del manuscrito de modo que sin su ayuda a través de muchos años esta publicación no hubiera sido posible. También he podido contar siempre con el apoyo de la doctora Manuela Fischer del Museo Etnológico de Berlín. Ella consiguió la mayoría de los fondos para la realización del evento «Max Uhle (18561944). Simposio Internacional Evaluaciones de sus investigaciones y obras», fue una de los organizadores con Wolff, Masson y el suscrito en 2006 y coeditora de la publicación (Kaulicke y otros, 2010). En varias ocasiones recibí la ayuda de la Embajada de Alemania en el Perú en varias ocasiones, en forma de apoyo económico y participación de eventos como el de 1994 («Max Uhle y el Perú antiguo. Coloquio en conmemoración de los 50 años de su muerte») en persona del consejero cultural Alfred Grannas; en 2006 en persona del embajador doctor Roland Kliesow, quien consiguió fondos del DAAD y mostró un interés especial en el evento referido; y para esta publicación, el señor Alexander Fierley y su sucesora, la señora Elena Simms, consejeros culturales de la embajada; la señora Simms pudo conseguir aportes económicos para la concreción de este proyecto editorial. 11

También debo mis agradecimientos a la doctora Doris Kurella quien durante varios años me facilitó el acceso a las colecciones del LindenMuseum en Stuttgart, en particular la de Sutorius y proporcionó datos sobre este coleccionista que llevó a la publicación del trabajo de la presente publicación. En los Estados Unidos pude contar con la constante ayuda y el vivo interés del doctor Jean-Pierre Protzen, excelente conocedor del material de Uhle en el Phoebe Hearst Museum de la Universidad de Berkeley y de Berlín, y autor de varios trabajos relacionados con Uhle. Él me facilitó el acceso al material de Moche de Uhle junto con la doctora Christine Hastorf. La doctora Pat Knobloch me proporcionó datos de Uhle tanto de Berkeley como de Filadelfia; el doctor Clark Erickson me consiguió datos sobre Uhle y Pachacamac y me mostró parte de las colecciones del museo de 2012; y el doctor John H. Rowe me facilitó la bibliografía de Uhle para el libro de 1998. De Francia tengo que mencionar, en primer lugar, al doctor JeanJoinville Vacher que fue director del Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA) (1999-2003) y luego volvió como consejero de la Embajada de Francia. Me apoyó económicamente en varios eventos que organicé en la PUCP, y de modo especial y decidido, en el proyecto de la publicación de este libro. Su interés en el tema se debe al gran interés de los franceses en el proyecto dirigido por el doctor Santiago Uceda y la participación de una serie de investigadores del IFEA que han colaborado en esta empresa. Pero, en particular el doctor Claude Chauchat ha aportado decisivamente a la continuación de los trabajos de Uhle en el sitio, financiado por el gobierno francés. Como ya se señaló, fue él quien motivó la fase final de esta publicación por iniciar los contactos con la Embajada de Francia en persona de la embajadora, la señora Cécile Pozzo di Borgo quien mostró gran interés. De este modo, el doctor Chauchat se percató del potencial bilateral francés-alemán que fue retomado por el doctor Vacher y ampliado al contexto de las celebraciones del 50 aniversario del Tratado del Eliseo. El apoyo del último en la financiación de la traducción fue esencial para la publicación. También debo mi agradecimiento al doctor Georges Pratlong, quien me facilitó publicaciones de Uhle para preparar el evento de 1994. 12

Del lado peruano es, esencialmente, la PUCP la que me ha apoyado en mis publicaciones relacionadas con Uhle desde 1997. El señor Rafael Valdez, exestudiante mío, hizo una traducción de mi libro sobre contextos funerarios de Ancón (véase arriba) y también se encargó de la diagramación del texto. Luego tradujo varios artículos de Uhle al castellano, entre ellos el de 1913 sobre Moche, y se encargó también de los trabajos de diagramación y edición (Kaulicke, 1998b). Finalmente diagramó el libro de 2010 (Kaulicke y otros). De este modo su apoyo durante tantos años ha sido fundamental en el avance de mis estudios sobre Uhle. Los jefes del Departamento de Humanidades del turno (doctor José Agustín de la Puente, R.P. Jeffrey Klaiber, doctora Pepi Patrón, y doctor Miguel Giusti) apoyaron tanto los eventos señalados como las publicaciones posteriores; el doctor Giusti consiguió fondos para la preparación de las ilustraciones del libro, tarea de la que se encargó Hugo Ikehara. Asimismo, el Fondo Editorial de la PUCP, en particular su directora, la magíster Patricia Arévalo, y su equipo, como en muchas ocasiones anteriores, hicieron posible la publicación del presente libro. A la doctora Harman igualmente debo mi agradecimiento por su eficiente organización del evento de 2006 y muchos otros. El doctor Santiago Uceda me acogió en varias visitas al complejo de las Huacas del Sol y de la Luna y me facilitó publicaciones de su proyecto. No quiero terminar esta lista antes de agradecer de un modo muy especial a mi familia, y sobre todo a mi esposa Iris, quien siempre ha sido mi apoyo principal en todos estos años. Ella ha colaborado activamente en los eventos mencionados y todos los demás, ha hecho contactos muy importantes y ha soportado mi quizá excesiva dedicación a estos trabajos. A todos ellos y a otros más que puedo haber omitido sin intención, mis más profundos agradecimientos. Peter Kaulicke 13

1 Para las referencias citadas, véase la introducción del presente libro. 2 Véase la introducción del presente libro. 14

LAS RUINAS DE MOCHE ORIGEN, RELEVANCIA Y VIGENCIA Peter Kaulicke Hace 110 años, el Departamento de Arqueología de la Universidad de Pensilvania publicó la obra Pachacamac, Report of the William Pepper, M.D., LL.D., Peruvian Expedition of 1896 (Uhle, 1903)3. El poco ostentoso título de este libro encubre un aporte fundamental a la arqueología del Perú. En 103 páginas de texto con 122 dibujos insertados y 21 láminas con fotos del material excavado y de la arquitectura, su autor, el doctor Max Uhle (1842-1944)4 presenta la primera monografía de un sitio transcendental para la historia del enfrentamiento entre incas y europeos, y de reconocida fama como oráculo suprarregional entre los incas. También se ocupa de las observaciones de numerosos cronistas y visitantes desde el siglo XVI cuyas obras Uhle conoce bien, como demuestran su amplia bibliografía respectiva y las discusiones críticas en la parte introductoria. Pero no se detiene en estas fuentes sino se concentra en los restos físicos del complejo arqueológico que estudia en forma intensiva entre marzo y diciembre de 1896 (Liebscher, 1999, pp. 72-74) 5 . En particular, impresiona la asombrosa precisión de su plano general de Pachacamac (Uhle, 1903, Map of the Ruins of Pachacamac) 6 que permite una descripción detallada del complejo, apoyada por numerosas fotos y planos parciales (Uhle, 1903, pp. 46-103, láms. 2, 3, 9-12, 14-17, 20-21). Pero Uhle se percata de la gran importancia de las áreas funerarias y de los miles de contextos que contienen. Reclama un estudio sistemático de estos contextos que realiza en el sitio y llega a la conclusión de que «the course of development of Peruvian civilization has been a very long one, passing 15

through many different periods […] The cultural and historical character of a locality may only be determined by examination of all the cemeteries to be found there» (1903, p. 16). Asimismo determina que Pachacamac fue ocupado desde el «period of the Tiahuanaco style down to the Inca time» (1903, p. 18). Asimismo, sostiene que el sitio fue dedicado al dios creador Pachacamac y no al dios solar de los incas. Los capítulos VIII a XIV, XVII-XVIII, XX-XXI presentan en detalle los diferentes estilos reconocidos por Uhle, mucho de ello en forma de comentarios acerca de figuras y láminas (Uhle, 1903, figs. 2-57, 66-101, 104-121, láms. 4-8, 13, 18-19). Lamentablemente, no distingue asociaciones de contextos específicos como lo hace en años posteriores7. En el Congreso de Americanistas de Stuttgart, Alemania, de 1904, Uhle (1906, pp. 570-571) explica a sus colegas alemanes que la investigación prehistórica del tipo europeo debería trasladarse al suelo extraeuropeo al seguir la misma meta y el mismo método, lo cual le da frutos excepcionales, refiriéndose en particular a Pachacamac. Pachacamac, por tanto, se convierte en su modelo a seguir como se verá a continuación. Su cronología relativa es, en palabras de Rowe (1998, p. 18), «una hazaña intelectual de primer orden. La introducción de la idea del tiempo en la arqueología americana fue justo la tarea que él se había impuesto al ir a explorar la región andina». Su libro probablemente ya estaba completado en 1898 a juzgar por el prólogo fechado y firmado por Uhle, aparentemente antes de la muerte de su mecenas William Pepper (1843-1898) en junio del mismo año. Pepper le había financiado la excavación, su estadía en Filadelfia (22 de abril de 1897 a 19 de junio de 1899) y la publicación. Esta desaparición iba a significar el fin de su apoyo económico desde Filadelfia, lo cual lo dejaba en una situación económica desesperada, pero Phoebe Apperson Hearst (1842-1919), una amiga íntima de Pepper y fundadora del Lowie Museum of Anthropology de la Universidad de Berkeley, California, en 1901 — que, desde 1992, lleva su nombre—, se decide a financiarle otra expedición en el Perú bajo los auspicios de la American Exploration Society of Philadelphia que pasa a la Universidad de Berkeley en 1900 (Rowe, 1956, pp. 6-7) 8 . En julio del mismo año llega a Lima y en agosto toma el barco a Salaverry (Trujillo) con el fin de emprender su segunda 16

expedición más importante. En 1901, Uhle (1901, p. 93) presenta como motivo de su elección el sitio de Chan Chan «como ejemplo de una extensa ciudad de la costa […]. El nombre de Chan Chan se asocia automáticamente al del Gran Chimú, el más poderoso de los príncipes que encontraron los incas […]. La idea de la importancia de las ruinas alrededor de Trujillo condujo al autor de este escrito á este hermoso valle». 1. LOS TRABAJOS EN TRUJILLO (26 DE AGOSTO DE 1899 AL 15 DE MARZO DE 1900) Existen varios documentos inéditos y, en menor grado, publicados sobre sus trabajos que se presentan a continuación. 1.1. Las libretas de apuntes (NB 50, 51 y 52) Como las demás del total de 172 libretas, se trata de hojas cuadriculadas (10 x 16 cm) empastadas, en el caso de las de Trujillo en estado bastante desgastado. Las páginas están enumeradas, en NB 51 (9 de setiembre sin fecha final) desde las páginas 2 a 218; y en NB 52 (diciembre de 1899 a abril de 1900), de 213 páginas. Uhle escribió con lápiz y a veces con tinta en letras a menudo difíciles de descifrar, mayormente en el sistema Sütterlin. En la NB 50 (julio a setiembre de 1899) se leen notas variadas de interés personal como contactos de Uhle con compatriotas, excursiones a Chan Chan y Moche, y datos etnográficos y lingüísticos. En este tiempo Uhle parece haberse concentrado en trabajos en Chan Chan, y su obrero Ramírez, aparentemente traído desde Pachacamac, se dedica a excavaciones para las cuales había obtenido un permiso especial. Busca y encuentra paredes decoradas con relieves y realiza levantamientos, aparentemente con la intención de elaborar un plano general del complejo que no termina 9 . En NB 51, en la página 40, del viernes 15 de setiembre, Uhle anota que desde el lunes pasado inició sus excavaciones en las huacas de Moche, al sur de la Huaca de la Luna. Se percata de la presencia de cerámica de diferentes estilos y logra ubicar contextos funerarios intactos reconocidos como tardíos con algunos ejemplos de cerámica incaica incluida (p. 42). Siguen anotaciones de piezas encontradas de contextos enumerados y 17

croquis de puntos geográficos relacionados con levantamientos. En las páginas 83-86 reflexiona sobre el ordenamiento cronológico de los estilos encontrados y sospecha que las vasijas «hermosamente pulidas y con decoración fina» podrían ser contemporáneas con Tiahuanaco pero se inclina por una edad más antigua. En noviembre trabaja en el Cerro Blanco y se lamenta de resultados negativos (p. 123). Siguen los apuntes acerca de excavaciones en la Huaca del Sol y persisten problemas con su capataz Melchor así como largas listas de hallazgos enumerados. De los contextos al pie de la Huaca de la Luna menciona en particular el «pozo de oro» — encontrado el 1 de diciembre—, describe su construcción, los tipos de vasijas, enumera las piezas (pp. 206-229) y piensa que esta tumba es muy antigua. En la NB 52 siguen las listas; Uhle enfatiza el problema de las excavaciones causado por la arena suelta pero sigue encontrando contextos «ricos» con vasijas «bonitas». En la página 11 llega a la conclusión de que las vasijas más «arcaicas» se encuentran en la cercanía de la huaca. El 19 de diciembre recibe la noticia de que su padre ha muerto (p. 18) y despide a Melchor por borracho e indisciplinado. Todo el resto del cuaderno contiene básicamente listas de hallazgos de contextos funerarios con descripciones cortas de su carácter. En la página 76 de la última libreta ya menciona lugares de la sierra de Huamachuco. Fuera de los apuntes, a menudo muy escuetos, conviene referirse a los esbozos que los acompañan. En NB 50 aparecen 19 de ellos, en su mayoría hechos en tinta. Se trata de observaciones en Chan Chan y, casi siempre, de planos de partes de las ciudadelas. Otro grupo consiste en muros decorados del mismo sitio y las diferentes decoraciones observadas. Uhle también dibujó los surcos de las chacras incluyendo aquellos en Chan Chan. Finalmente aparece, en la página 54, un mapa de distritos en el valle de Chicama. Nada de esto ha sido incluido en su informe de 1903. El NB 51 contiene más dibujos, en total 49, hechos en tinta y en lápiz. Aparece un plano con detalles topográficos de la Huaca del Sol y mediciones de los ángulos que también aparecen en la lámina 1 del trabajo de 1903. Dibujos de algunas piezas de cerámica y datos estratigráficos del Cerro Blanco siguen, así como cortes en Chan Chan y esquemas de colocación de adobes en los muros, estratigrafías de sus excavaciones en la 18

Huaca del Sol como en el informe de 1903 y variantes de otras cartas (figs. 58-61, véase abajo). Otros tratan nuevamente de Chan Chan y dan la impresión de que Uhle pretendía elaborar un plano de Chan Chan pese a su afirmación de que no lo consideraba necesario. Además aparecen plantas de algunas de las estructuras funerarias del pie de la Huaca de la Luna con medidas que se muestran también en el informe de 1903 (figs. 81c, 83). En el último NB 52 se encuentran solo 13 dibujos con croquis del plano del área funeraria de la Huaca de la Luna y el perfil correspondiente, así como otros planos de estructuras con indicación de las piezas asociadas. En una hoja aparte Uhle dibujó otro plano general del área con indicaciones de hallazgos especiales que completa el plano conocido (véase abajo, fig. 80) y un detalle estratigráfico. 1.2. Letters of Max Uhle (Berkeley, 1900) En 1900 se publican seis cartas de Uhle (sin indicación de editor ni fecha), dirigidas a Sara Yorke Stevenson (1847-1921), la curadora de las colecciones egipcia y mediterránea, y secretaria de la Asociación Arqueológica Universitaria de Filadelfia (Erickson, 2010, p. 95)10. Se trata de informes con los catálogos de las piezas enviadas a Berkeley, obviamente basados en las extensas listas de borrador de las libretas de apuntes. Estas entradas contienen a veces información adicional así como croquis copiados de las libretas. En la primera carta menciona los preparativos necesarios para sus excavaciones en Chan Chan y distingue cuatro periodos que compara con los de Pachacamac, los cuales inician con el Periodo Epigonal (posterior a Tiahuanaco) aunque no está seguro de su existencia en Chan Chan. Luego describe sus trabajos sobre el Cerro Blanco de Moche en el que reconoce un santuario con abundantes restos de moluscos como Spondylus y Strombus que, según él, indican «important commercial relations with Centro America» (Uhle, 1900, p. 6). En las excavaciones encontró contextos funerarios y figuras de divinidades talladas en madera con incrustaciones. Esta carta está acompañada de un catálogo detallado de las piezas recuperadas con descripciones breves de aquellas. La segunda carta es la continuación del catálogo de las piezas de Cerro Blanco. Menciona en particular objetos de barro crudo, algunos de ellos en forma de animales «místicos» o híbridos interpretados como 19

amuletos contra espíritus malignos (Uhle, 1900, p. 19). En la carta del 25 de noviembre puede anunciar con orgullo el haber encontrado contextos funerarios con «old fine Huacas [huacos]» registrados de acuerdo con sus contextos respectivos (Uhle, 1900, p. 22) y describe brevemente un cementerio tardío que contiene básicamente cerámica chimú. En la página 31 presenta un croquis con la ubicación de los lugares donde excavó y describe detalladamente las evidencias encontradas. Cuando usa el término «Chimú» parece referirse a lo que llama «Early Chimu» o Moche-Mochica y deja en claro que la cerámica en Chan Chan es diferente y separada de la última por varios periodos (pp. 33-34). Asimismo, especula (pp. 34-35) que: if the civilization to which the red painted ware belongs was the oldest one in these northern parts of Peru, it should be presumed that, if there existed an old connection of the civilizations of Central and South America, traces of it should be so much more observable in the productions of this civilization […].The «Huaca del Sol» has a stronger similarity with Mexican pyramids than any other pyramidal structure of Ancient Peru. The types of clay figures, and especially the representation of the faces on them, reminds one in this period much closer of the types of figures in ancient Mexico than in any other period of ancient Peru. En su carta del 2 de diciembre anota que: I venture to say that my excavations get more and more the appearance of my work done near the temple at Pachacamac, that is broad systematical excavations in the neighborhood of important ancient historical monuments with extensive collections of objects of historical distinction and broad historical facts as results (p. 53). Asimismo, describe una cámara funeraria con asociaciones importantes y reitera su inclinación «to believe that I always am finding more reason […] that this civilization had a more northern source. Perhaps I would not object to a Central American origin». Además, es enfático en señalar que Chan Chan es de origen reciente y no tiene relación alguna con la cerámica fina (Mochica) separada de la primera por varios siglos: If my present collection is different from that formed at Pachacamac, as far as it contains less objects of wood and nearly no stuffs [probablemente se refiere a tejidos, en alemán «Stoffe»], it excels it on the other hand by many objects of very rare aspect and extraordinary value, and besides it, it is beginning to get a much finer level for the whole by the high value of each objects for the general (p. 54). 20

También piensa invitar al prefecto de Trujillo a ver la colección en su hotel, en la espera de poder despertar su interés pero desiste y en vez de ello, empacar y enviarla a Estados Unidos. En sus últimas dos cartas se expresa de una manera entusiasta de la cerámica fina y por haber determinado su desarrollo y origen: Of this fine style of pottery which is in many respects so equal to the pottery of ancient Greece. I found extremely interesting dates for the classification of different kinds of this old pottery according to age. We have there archaisms in modeling and painting, some of them very similar to those of the archaic painted vases of ancient Greece, and I have some splendid types of vessels never seen by me before and, notwithstanding, some of them are very old» (pp. 80-81). Y concluye la carta con: «(s)o I am advancing in my studies, sometimes envied by Peruvian ignorants for my results, but supported at the other hand by the benevolence of many other more intelligent people» (p. 81) 11 . En su última carta resume los datos ya presentados y termina quejándose del calor que lo motiva a abandonar Trujillo y trabajar en la sierra de Marcahuamachuco. El conjunto de las libretas y las cartas de Uhle forma la base de todo lo que escribe después de su estadía en Trujillo. En particular sus comentarios en las cartas dejan entrever los paralelos estrechos que percibe entre las ruinas de Moche y Pachacamac pese a las diferencias internas de sus secuencias. Estos resultados, ciertamente, revolucionarios para su tiempo, los publica posteriormente en varios artículos cortos (Uhle, 1900 a, b, 1901, 1902, 1903, 1904). Basta citar el trabajo de 1901, en el cual compara la arqueología del Perú con la del Viejo Mundo y enfatiza la profundidad temporal de estas últimas que contrasta con los cálculos de los cronistas coloniales. Señala que ha podido comprobar en Trujillo que los chimús históricos solo representan la parte final de la historia preeuropea, mientras que la cerámica fina, también llamada Chimú, es mucho más antigua por la existencia de otros periodos que Uhle pudo definir y que separan estos dos. De ahí resulta evidente que las Huacas del Sol y de la Luna «no tienen nada de común con el Imperio incaico» (Uhle, 1901, p. 96). No está claro para Uhle si el periodo más antiguo es contemporáneo con Tiahuanaco cuyas evidencias encontró en la Huaca del Sol o anterior, pero la 21

existencia de varios periodos entre los Chimú históricos y el de Tiahuanaco significa que Tiahuanaco también debe tener una edad remota. Sugiere unos 500 o 700 años después de Jesucristo y concluye que «ambas huacas [Huaca del Sol y Huaca de la Luna] pueden ser consideradas entre los más importantes monumentos que se han conservado, desde tiempos más remotos, hasta nuestros días» (Uhle, 1901, p. 98). Pero en otros de los trabajos citados no deja duda ya de que el «Periodo de las vasijas finas» es anterior a Tiahuanaco incluyendo el de 1900 (Uhle, 1900). 2. LA ESTADÍA EN SAN FRANCISCO (1901-1903) Y LA PREPARACIÓN DE LAS RUINAS DE MOCHE (1903) Entre lo que queda del año 1900 y fines de 1901 Uhle emprende un programa casi frenético de excursiones y excavaciones en la sierra norte (Marcahuamachuco, Viracochapampa) y, sobre todo, la costa sur (Liebscher, 1999, pp. 76-81). El 7 de noviembre de 1901 toma un barco en el Callao y llega a San Francisco el 3 de diciembre. Su viaje de retorno al Perú se inicia el 7 de noviembre de 1903 y llega al Callao acompañado por su flamante esposa Charlotte, el 10 de diciembre. En estos tres años Uhle se encarga de excavaciones en un conchal cerca de San Francisco (Emeryville) 12 , de dictar ponencias en alemán y de preparar sus informes (Rowe, 1954, p. 8). En el curso de estas preparaciones se toman cientos de fotos del material y muchos dibujos de todo lo enviado por Uhle desde el Perú. Estas fotos, cartas y catálogos se conservan en el Museo Phoebe Hearst y una selección de estas fue preparada en láminas para la publicación 13 . Además está la colección completa de las piezas excavadas por él14. Uhle prepara un total de siete informes completados el 7 de octubre de 1903 para ser publicados por la Universidad de Berkeley en la serie University of California Publications in American Archaeology and Ethnology, pero por problemas personales decide oponerse a esta intención y llevar todo este material consigo (Rowe, 1954, p. 9) 15 . Este termina en el Legado Uhle del IAI, donde figura como Explorations in Peru: Vol. I Moche; Vol.II, 1 Marca Huamachuco; Vol. II, 2 Chincha; Vol.II, 3 Ica; II, 4 Pisco; Vol.III, 1 Pisco y Vol.III, 2 Huaitará de acuerdo con el título de las tres memorias que se iban a publicar en Berkeley. 22

3. LAS RUINAS DE MOCHE (1903) Entre estos informes el de Moche es el más voluminoso y más abundante en ilustraciones. Existe en tres versiones que se encuentran en el Legado Uhle del IAI de Berlín. El original (Die Ruinen von Moche), escrito a mano por el propio Uhle, consta de 325 páginas con dibujos esquemáticos en el texto y muchas notas de pie 16 . Otra versión es la traducción al inglés de su esposa Charlotte, de 271 páginas17. Una tercera versión es la transcripción del original de Uhle escrita a máquina por Gerdt Kutscher (1913-1979)18. La traducción de la primera versión acotada con la transcripción de Kutscher y ocasionalmente la traducción al inglés forma el núcleo de este libro. Es evidente que se trata de una ampliación significativa y a la vez síntesis de todo lo anterior, aparentemente con la ayuda de la monografía sobre Pachacamac (Uhle, 1903) que Uhle cita profusamente. Además, queda claro que la estructura de esta última se parece mucho a la presente. Se inicia con una introducción agregada posteriormente por Kutscher que incluye una síntesis del esquema cronológico utilizado junto con los resultados de sus trabajos en los valles de la costa sur. Luego de una breve descripción del valle de Trujillo Uhle se dedica a Chan Chan y presenta tanto material como observaciones acerca de la cultura material del sitio así como funciones atribuidas. Es evidente, como reza también el título del trabajo, que su interés central está enfocado en la Huaca del Sol y la Huaca de la Luna en Moche, pero sus trabajos en Chan Chan son importantes también por confirmar la posición cronológica tardía del sitio. Su presentación de trabajos u observaciones anteriores realizados en los sitios del complejo moche es bastante crítica. Como en Pachacamac, Uhle se da cuenta de que las deficiencias detectadas se deben a visitas breves por lo que le parece indispensable crear una base documental más sólida en forma de planos exactos tanto de todo el complejo como de sus principales partes constituyentes y tomar las fotos pertinentes 19 . La lectura de estas descripciones minuciosas resulta difícil y requiere consultas constantes con las ilustraciones. Esta particularidad es una característica que se mantiene en toda la obra por lo que demanda mucha concentración de parte del 23

lector. Evidentemente, las descripciones se enfocan en las dos huacas principales, pero la Huaca del Sol recibe más atención que la de la Luna. El siguiente paso es la comparación entre ambas. Primero Uhle piensa que ambos complejos deben haber cumplido la función de templos por compartir características con otros cuya función de templo está comprobada por fuentes etnohistóricas (por ejemplo, Pachacamac). Por sus características arquitectónicas y el material de construcción deberían ser contemporáneos. Pero, de acuerdo con su lógica aplicada en Pachacamac, son las áreas funerarias y sus contextos los que confirman la posición cronológica precisa y son los resultados de sus excavaciones en este complejo que le guían también en Moche. Su Periodo D de Pachacamac concuerda con el de Trujillo (Chimú de Chan Chan) por la existencia de vasijas negras características y, obviamente E, el que contiene material incaico. Las «hermosas» vasijas, hoy conocidas como mochicas, están ausentes en Pachacamac, por lo que la tarea consiste en establecer una secuencia cultural completa del valle y caracterizarla, en particular en el caso de las ruinas de Moche. Uhle ya anuncia al inicio que considera cumplida esta tarea. En lo que sigue describe los resultados de sus trabajos en áreas funerarias cerca y sobre la Huaca del Sol que ocupan la mitad del informe. Esto podría sorprender, si se toma en cuenta la espectacularidad de los contextos funerarios de Huaca de la Luna, pero la lectura atenta de esta parte deja en claro que la Huaca del Sol es mucho más útil para la construcción de la secuencia completa e imprescindible para comprender la situación cronológica del área funeraria de Huaca de la Luna. Comienza con contextos funerarios posteriores y últimos de la ocupación prehispánica, de su Periodo E comprobado por la presencia de aríbalos incaicos. No se le escapa la presencia de híbridos entre la cerámica inca e chimú (Chimú-Inca). En otra excavación, ya en arquitectura que pertenece a la Huaca del Sol, encuentra tiestos del periodo que llama F, para diferenciarlo de aquellos encontrados en Pachacamac (A-E), que corresponde a lo que más tarde llama «Chimú Temprano» o «proto-Chimú» (Mochica). En una capa superior y en contextos funerarios aislados hay evidencias de otro estilo 24

que llama Periodo G (un estilo local-regional del Horizonte Medio) así como cerámica tricolor (Periodo Intermedio Tardío Temprano). En las piezas recuperadas Uhle reconoce parecidos con el Periodo C de Pachacamac. Con ello puede construir una secuencia de cuatro periodos o formas culturales o culturas —términos que usa a modo de sinónimos— que se inician con F, G (ambos locales), C (correspondiente a C de Pachacamac) y D (Chimú) a los que se agrega E (Inca). Finalmente realiza excavaciones sobre la plataforma de la Huaca del Sol para las cuales cuenta con el permiso del prefecto de Trujillo. Esta área le resulta familiar por la acumulación extremadamente densa de contextos funerarios así como de ofrendas muy parecidas a la situación encontrada en Pachacamac 20 . En esta área Uhle puede detectar la secuencia F (protoChimú/Mochica), B (Tiahuanaco [Huari] como en Pachacamac), y G que sigue directamente a ambos, mientras están ausentes los periodos D (Chimú) y E (Inca) lo cual demuestra que la Huaca del Sol no puede ser obra ni de los chimús ni de los incas. Con el fin de comprobar las evidencias estratigráficas y contextuales Uhle presenta el material más representativo del Periodo B comparado con el de Pachacamac y no se limita a la cerámica sino que incluye todo lo que materializa este estilo como, sobre todo, textiles. Luego siguen las evidencias del Periodo F que no son muy frecuentes, algunas de ellas en forma de depósitos rituales. Las más contundentes de esta área son las evidencias del estilo G, entre las que Uhle destaca los instrumentos musicales. En cuanto a la función de esta área Uhle sugiere que se trata de un área de sacrificios humanos relacionados con actividades rituales como bailes y música. La segunda parte principal del informe está dedicada a las excavaciones efectuadas al pie de la Huaca de Luna. Uhle escoge este lugar por el éxito obtenido en el Templo de Pachacamac pese a no contar con evidencias respectivas en la superficie. En el nivel del área funeraria adosada a la huaca ubica unos 40 contextos funerarios que difieren en forma marcada de todos los encontrados hasta entonces. Proporciona observaciones relativamente precisas, pero como en los casos anteriores no describe todos los contextos por separado con todos los objetos asociados sino que 25

se contenta con presentarlos a modo de ejemplos y generalizaciones de las estructuras y sus contenidos. Por lo general, estas observaciones son valiosas porque permiten contrastarlas con excavaciones recientes en el sitio (cf. abajo). Estas, además, siguen el orden correcto de comenzar con: a) las estructuras y sus componentes, luego b) los individuos, mal conservados en esta área; y c) los objetos asociados, de los que solo conservaron las piezas de arcilla, metal, piedra y concha. Reconoce también que debe tratarse de individuos de alto rango por la complejidad de las estructuras y la calidad extraordinaria de los objetos asociados. No se le escapa tampoco que restos óseos humanos sobre las cámaras podrían representar guardianes de la tumba así como vasijas usadas como marcadores. Luego presenta una lista de 36 contextos funerarios con ejemplos escogidos presentados en láminas de más de la mitad de ellos que oscilan entre uno y 14 objetos; al contexto 31 está dedicada una lámina entera (lámina 10). Siguen largas descripciones de los objetos presentadas en ocho láminas, seis de ellas dedicadas a los de arcilla; otra, a objetos de concha y piedra; una más, a objetos de metal; y la última presenta vasijas usadas como marcadores. Luego resume sus observaciones acerca de las diferentes categorías de objetos asociados al comenzar por los objetos en arcilla. Empieza con la observación de haber encontrado más de 20 «bolas» de arcilla preparada cerca de las estructuras funerarias al pie del Cerro Blanco, las describe en forma minuciosa y hasta hace analizarlas en el laboratorio químico de Berkeley. Estas bolas son ejemplos de la pasta usada en la elaboración de las vasijas. En cuanto a sus formas se refiere a la gama de piezas «que parecen nuevas» pero rechaza la idea de que se trate de cerámica exclusivamente funeraria ya que encuentra piezas idénticas a estas últimas en otros tipos de contextos, pero algunos de sus argumentos no convencen del todo 21 . Observa que algunas formas predominan en los inventarios como las botellas de diferentes tipos, algunas comparables con otros sitios como Pachacamac y sitios de la costa sur, lo que le permite reflexionar sobre su distribución espacial y su ubicación cronológica y encuentra razones prácticas para la elaboración y el uso de botellas de asa estribo. A las 26

botellas les siguen en frecuencia los cántaros entre los que hay ejemplos burdos (¿para la preparación de chicha?). Otros tipos están mencionados en forma más breve. En cuanto a las decoraciones, exalta la gran calidad de la cerámica y la atribuye al uso de moldes, una innovación también observada en otras partes del Perú, Ecuador y América Central. Reconoce como técnicas de decoración la pintura y especula sobre su posible ubicación cronológica temprana, pero observa también la presencia de incisiones, modeladomoldeado en altorrelieve y en bulto, sonajeros, silbatos y piezas repetidas (estas últimas, según Uhle, por razones estéticas). Luego enumera motivos figurativos antropomorfos y zoomorfos así como plantas que sirven para indicar paisajes y, por último, objetos. Todos ellos, de acuerdo con Uhle, deberían referirse al ámbito religioso. Particular atención le merecen algunos motivos como la cara zoomorfa, el vórtice y el meandro, así como el motivo ondular, el triángulo subdivido, el pulpo, el lagarto y otros, todos «de carácter eminentemente simbólico». Este último, sin embargo, le queda oscuro, aunque en algunos casos el autor relaciona estos motivos con las características del individuo enterrado. Este espacio importante dedicado a las vasijas no agota el tema de los objetos de arcilla sino también se mencionan vasijas en miniatura, figurinas y, sobre todo, instrumentos musicales así como las representaciones de músicos tocando estos instrumentos. Estos ya captaron su interés entre los objetos excavados en la Huaca del Sol (Periodo G, véase arriba). Uhle piensa que la música tocada sirvió para ahuyentar a los espíritus malignos al referirse a prácticas observadas por él en Bolivia. Siguen las piezas metálicas entre las que Uhle distingue herramientas (cinceles, cuchillos [«tumis»] y una porra e implementos como báculos, tubos y platos [discos]) y adornos (collares, orejeras, plumas), pero se concentra en lo que llama «moneda de los muertos». Estos lingotes y otros objetos como anillos cortados adquieren, en la opinión de Uhle, la función de moneda en un sentido más directo o más correctamente «una restricción estandarizada de formas de valor» (p. 295). Esta es una idea bastante original del autor. Luego pasa a los aspectos técnicos. Primero observa la abundancia de este material y menciona yacimientos de minerales con contenido de metal 27

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