Las ruinas de Moche

norte por una roca baja. Todos los días a las 11 de la mañana la arena eólica llega a cubrir toda la margen este del valle con una nube impenetrable de unos 300 metros de altura. El suelo suele ser duro como barro apisonado. Este es la superficie de la ocupación antigua, el lugar de las ruinas de la Huaca del Sol y Huaca de la Luna, cuya fama se extiende mucho más allá del valle 135 . Como las ruinas de Pachacamac, la ciudad se ubica en la margen del valle fértil sobre suelo seco. Ahí, como en el caso de Pachacamac, el río corre en su cercanía. El río de Moche está pasando por las ruinas a una distancia de unos 100 a 150 metros, corriendo en meandros por el terreno, separado por las ruinas por una zona baja que antes se inundaba en el verano cuando está lloviendo en la sierra. Estas ruinas han sido visitadas en varias oportunidades, pero nunca se les prestó mayor atención. Algunos viajeros con o sin interés científico fueron los visitantes y han dejado descripciones de aquellas. Pero este complejo tiene la particularidad de imponer por su tamaño y sus formas, al mismo tiempo podría infundir un cierto temor de dedicarse más detenidamente a su estudio. Hasta un plano cuya elaboración se dificulta por los muros muy afectados por la erosión apenas puede ofrecer datos acerca del tiempo y de su función. Por tanto, es imprescindible llevar a cabo excavaciones, pero la mayoría de los viajeros no se han dedicado a esta tarea. Se debe invertir tiempo para tener éxito con estas excavaciones ya que los lugares más apropiados solo se encuentran después de muchos intentos infructuosos. Este hecho ha llevado a errores históricos en cuanto a la determinación del tiempo y de la función de estos edificios pese a visitas reiteradas de viajeros excelentes, lo que vale hasta hoy en día. Solo ahora, después de varios meses de excavaciones en estos periodos, se puede dar por resuelto este problema. Los primeros datos acerca de la llamada «Huaca del Sol» de Moche se hallan en las Antigüedades Peruanas, de Rivero y Tschudi (1851), pero lamentablemente son inexactos. Algunos de aquellos fueron usados por G. Brühl en Die Kulturländer Alt-Amerikas (1875-1887, p. 158). En la década de 1860, Squier visitó las ruinas y las midió en forma superficial (Squier, 1877, pp. 125-134). Sus mediciones y apreciaciones de la construcción así como el presentado plano a escala reducida están plagados de errores por lo que no representan datos confiables que puedan 146

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