Letras que abrazan

LETRAS QUE ABRAZAN Cartas emotivas de peruanos y peruanas que marcaron nuestra historia

Letras que abrazan. Cartas emotivas de peruanos y peruanas que marcaron nuestra historia. © Autores © Biblioteca Nacional del Perú Av. De la Poesía 160, San Borja, Lima, Perú www.bnp.gob.pe Jefe Institucional de la Biblioteca Nacional del Perú Juan Yangali Quintanilla Director de la Dirección del Acceso y Promoción de la Información Leandro Villalobos Terán Coordinadora de la Unidad de Investigaciones, Ediciones y Formación Gabriela Hidalgo Moscoso Equipo editorial Edición general: Julio Vega Investigación y selección de cartas: Benjamín Blass Cuidado de edición: Gerson Rivera Ilustración y carátula: Rashida Salés Diagramación: Kelly Vásquez Chaparro Notas de edición: Julio Vega Administración: Ana Claudia Takia, Ximena Bernal Primera edición: setiembre 2025 Tiraje: 2000 ejemplares Depósito Legal N.° 2025-10311 ISBN 978-612-5205-14-8 Impreso en Línea Gráfica C & A E.I.R.L. Jr. Huaraz 1712, Breña Lima, Perú RUC: 20551006833 Ejemplar gratuito, prohibida su venta.

LETRAS QUE ABRAZAN Cartas emotivas de peruanos y peruanas que marcaron nuestra historia Biblioteca Nacional del Perú 2025

Tabla de contenido Presentación Notas de edición Micaela Bastidas a su esposo José Gabriel (1780) Miguel Grau a su esposa Dolores Cabero (1879) Clorinda Matto a su amigo Ricardo Palma (1883) Mercedes Cabello a Ricardo Palma (1893) Zoila Aurora Cáceres a José de la Riva-Agüero (1912) Abraham Valdelomar a su madre (1913) César Vallejo a su hermano Manuel Natividad (1918) José Carlos Mariátegui a Bertha Molina (1920) José María Arguedas a su hermano Arístides (1944) Martín Adán a su tía Mercedes Benavides (1945) Magda Portal a Alberto Hidalgo (1958) Eielson a Sebastián Salazar Bondy (1965) Julio Ramón Ribeyro a su hermano Juan Antonio (1968) Blanca Varela a Reynaldo Jiménez (1982) 9 13 17 25 31 39 45 51 59 65 73 81 87 95 103 111

9 Presentación Las cartas que reunimos en esta emotiva publicación fueron escritas con aquel impulso que detiene el tiempo y alcanza la eternidad. Son cartas de peruanos y peruanas ilustres —poetas, novelistas, intelectuales y activistas— cuya obra y legado han contribuido de manera fundamental a la construcción de la historia e identidad del país. En estas páginas, los lectores tendrán la oportunidad de conocer a estas figuras emblemáticas desde un ángulo distinto: sus historias íntimas, emociones y afectos. Estas cartas revelan su humanidad, acercándonos a quienes, con su palabra y pensamiento, han dejado una huella profunda en la historia y cultura del Perú. Aquí encontramos a Micaela Bastidas, heroína cusqueña en su gesta libertaria; a Miguel Grau encargando a su esposa la memoria y el legado para sus hijos. Leeremos a Clorinda Matto en carta de auxilio a don Ricardo Palma, justo al final de la Guerra del Pacífico y al inicio de la campaña de reconstrucción de nuestra saqueada Biblioteca Nacional. Leeremos también a los imprescindibles Abraham Valdelomar y César Vallejo, jovencísimos, en proceso de formación, escribiendo a casa, anhelando el calor familiar.

10 Nos emocionaremos con las letras de José Carlos Mariátegui, mucho antes de que publicara sus Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, en una misiva coqueta y juguetona dirigida a una “chiquilla limeña”. También seremos testigos de un sentido llamado de auxilio, en la carta de José María Arguedas a su hermano Arístides. Leeremos a un divertido Julio Ramón Ribeyro en una carta a su hermano Juan Antonio, en confesión de inutilidad y frenesí libertario en ausencia de la amada esposa. Y leeremos también a una de las más grandes poetas peruanas, Blanca Varela, en carta sensible hacia sus amigos. Son cartas llenas de humanidad que permiten asomarnos a la intimidad de quienes han contribuido a nuestra historia. Son letras que nos comparten confidencias en un abrazo. Son cartas que susurran confidencias, que envuelven el alma y nos abrazan en cada palabra. Queremos agradecer a las instituciones de investigación, a los fondos bibliográficos, a los investigadores e investigadoras, a las generaciones de bibliófilos que, cual celosos guardianes del patrimonio cultural, han permitido guardar de generación en generación las cartas que hoy se custodian en colecciones privadas, bibliotecas universitarias, centros de investigación y en nuestra Biblioteca Nacional del Perú. Agradecemos también a las familias de los autores y autoras quienes nos han

11 apoyado en la difusión del legado cultural a través de esta publicación. La Biblioteca Nacional expresa su compromiso de protección y promoción de la memoria nacional en cada una de sus publicaciones. Que disfruten su lectura. Juan Yangali Quintanilla Jefe institucional Biblioteca Nacional del Perú

13 Notas de edición Antes de la era del correo electrónico, la comunicación escrita se realizaba sobre papel u otros soportes físicos, utilizando tinta de origen orgánico o químico. Escribir una carta implicaba un acto íntimo y reflexivo: sentarse, muchas veces en soledad, a componer un mensaje. Durante siglos existieron personas especializadas en esta tarea: amanuenses, escribas o escribanos, quienes ofrecían no solo su caligrafía, sino también el conocimiento técnico y material necesario para transmitir adecuadamente las ideas. Las cartas, una vez escritas, se protegían en sobres y eran enviadas por diversos medios, capaces de atravesar montañas y mares. Muchas de esas cartas han sobrevivido hasta nuestros días. Algunas se conservaron por su relevancia legal o histórica; otras permanecieron resguardadas en archivos institucionales. Y están también aquellas que perduraron gracias al afecto y cuidado de sus destinatarios y descendientes. Es importante recordar que el lenguaje está vivo y en permanente evolución y cambio. Por ello, las usanzas y normas ortográficas o gramaticales de épocas pasadas no deben considerarse errores hoy, sino modos propios de la escritura de ese tiempo, reflejo de su contexto cultural y social.

14 Las cartas aquí reunidas se han respetado tal como fueron transmitidas, conservando el lenguaje y estilo de su época. Solo se han realizado mínimas adiciones en los casos en que su legibilidad se encontraba en riesgo. En tales casos se agregó la correción entre corchetes: [ ]. Para preservar la fidelidad al original, cuando se reproduce una fórmula ortográfica en desuso o se conserva un error ortográfico o tipográfico, se utiliza el adverbio latino [sic]. Esta indicación señala que se cita literalmente un término o una frase que pueden resultar extraños o sorprendentes para el lector, ya sea por su contenido o por un error formal, y cuya transcripción se mantiene tal como aparece en el original. Sic proviene de la expresión latina sic erat scriptum, que significa ‘así estaba escrito’. Por ejemplo, en la carta de Clorinda Matto de Turner a Ricardo Palma, fechada el 5 de diciembre de 1883, se conserva el uso ortográfico de la época, acompañado de esta indicación para que el lector reconozca que forma parte del texto tal como fue escrito. También deben considerarse algunas ambigüedades en relación al tiempo. Cuando la fecha de una carta no pudo ser establecida con certeza documental, se incluye el símbolo (?) junto al dato para informar al lector de esa imprecisión.

15 Para aclarar referencias o aportar contexto, se han incorporado notas al pie de página. Además, se cita cuidadosamente la fuente original donde cada carta fue publicada previamente, así como las referencias bibliográficas y documentales utilizadas para esta edición, garantizando la transparencia y rigurosidad académica. Por último, las cartas seleccionadas provienen de diversos archivos, públicos o privados, cuya custodia está debidamente señalada. Esto garantiza la conservación del patrimonio y ofrece al lector la posibilidad de consultar los documentos originales en los lugares indicados. Con estas pautas, esperamos que el lector pueda sumergirse en un diálogo íntimo con las voces del pasado, apreciando la riqueza y particularidad de cada texto en su autenticidad. Biblioteca Nacional del Perú

17 1 Tomado de Walker, C. (ed.) (2024). Tu ausencia ha sido causa para todo esto: cartas de amor y guerra / Túpac Amaru, Tomasa Tito Condemayta y Micaela Bastidas (pp. 72-73). Debate. Penguin Random House Grupo Editorial. Carta de amor y rebelión Micaela Bastidas a su esposo José Gabriel1 “Y así voy a caminar, aunque sepa perder la vida” Entre 1780 y 1781, los esposos José Gabriel Condorcanqui (Túpac Amaru II) y Micaela Bastidas se enviaron cartas de trascendental importancia. En ellas compartían detalles sobre el proceso de rebelión iniciado en Cusco contra los abusos coloniales. Son cartas de guerra que contienen estrategias para sobrevivir y atacar, pero también están presentes las palabras de amor, que en muchos casos se disfrazaron de reproche y súplica para hacer que el amado regrese a casa. En aquellas cartas, Micaela le decía a su amado: “Chepe”, “Mi Hijo Chepe” o “Hijo de mi corazón”, y él a ella: “Mica”, “mi hija” o “hija de mi corazón”. En esta carta, fechada el 6 de diciembre de 1780, se revela angustia y miedo a perder la familia; habitan corajudas letras que anhelan el reencuentro, el abrazo.

19 Micaela Bastidas a su esposo José Gabriel Tungasuca, 6 de diciembre de 1780 Chepe mío: Tú me has de acabar de pesadumbres, pues andas muy despacio paseándote en los pueblos, y más en Yauri, tardándote dos días con grande descuido, pues los soldados tienen razón de aburrirse e irse cada uno a sus pueblos. Yo ya no tengo paciencia para aguantar todo esto, pues yo misma soy capaz de entregarme a los enemigos para que me quiten la vida, porque veo el poco anhelo que ves este asunto tan grave, que corre detrimento la vida de todos y estamos en medio de los enemigos, que no tenemos hora segura de vida, y por tu causa están a pique de peligrar todos mis hijos y los demás de nuestra parte.

20 Harto te he encargado que no te demores en esos pueblos, donde no hay que hacer cosa ninguna, pero tú te ocupas en pasear sin traer a consideración que los soldados carecen de mantenimiento, aunque se les dé plata, y esta que ya se acabará al mejor tiempo; y entonces se retirarán todos, dejándonos desamparados, para que paguemos con nuestras vidas, porque ellos (como habrás reconocido) solamente van al interés y a sacarnos los ojos de la cara, y más ahora que los soldados se van retirando, con la voz que Vargas y Oré habían esparcido de que los de Lampa, unidos con otras provincias y Arequipa, te van a cercar y se han amilanado, procurando remontarse temerosos del castigo que les pudiera sobrevenir. Y se perderá toda la gente que tengo prevenida para la bajada del Cuzco [sic] y este se unirá con los soldados de Lima, que ya tiene[n] muchos días de camino. Todo esto te lo prevengo, como que me duele, pero si tú quieres nuestra ruina, puedes echarte a dormir, como tuviste el desahogo de pasearte solo por las calles del pueblo de Yauri, hasta que llegaste al extremo de subir a la torre, cuando en ti no cabía pasar a estos excesos en la estación presente, pues estas acciones no correspondían a tu honor, sino a difamarte y que hagan poco concepto de tu persona.

21 Yo creí que de día y de noche estuvieses entendiendo en disponer estos asuntos, y no tanto descuido que me quita la vida, que ni aún ya tengo carnes ni estoy en mí, y así te pido adelantes este particular. Tú me ofreciste cumplir tu palabra, pero desde ahora no he de dar crédito a tus ofrecimientos, pues me has faltado a tu palabra. Yo no siento perder mi vida, sino de esta pobre familia que necesita todo auxilio; y así, si viniesen los de Paruro, como te insinué en mi anterior, estoy pronta a caminar con la gente dejando a Fernando en un lugar destinado, pues los indios no son capaces de moverse en este tiempo de tantas amenazas. Bastantes advertencias te di para que inmediatamente fueses al Cuzco [sic] pero has dado todas a la barata, dándoles tiempo para que se prevengan, como lo han hecho, poniendo cañones en el cerro de Piccho y otras tramoyas tan peligrosas, que ya no eres sujeto de darles avance. Y a Dios que te guarde muchos años. Tungasuca, diciembre 6 de 1780

22 También te hago presente cómo los indios [sic] de Quispicanchi ya se hallan rendidos y aburridos con tanto tiempo de servir de guardias; en fin, Dios querrá que padezca por mis pecados. Es tu esposa. Después de concluida esta, he tenido propio, que me da noticia cierta que los de Paruro están en Acos; y así voy a caminar, aunque sepa perder la vida.

25 Carta del adiós Miguel Grau a su esposa Dolores Cabero2 “Nada más tengo que pedirte, sino que me cuides a mis hijos y les hables siempre de su padre” Al inicio de la campaña al frente del monitor Huáscar en la Guerra del Pacífico, Miguel Grau escribió una carta profundamente conmovedora a su esposa, Dolores Cabero, con quien compartió doce años de vida familiar en Lima y tuvo diez hijos. En estas líneas, fechadas el 8 de mayo de 1879, se revela no solo su amor incondicional, sino también su preocupación por el futuro de sus hijos y la estabilidad del hogar que dejaba atrás. Consciente del peligro que enfrentaba, le confía su última voluntad y el deseo ferviente de que su memoria permanezca viva a través del cariño y la educación de sus hijos. 2 Tomado de Cesáreo Martínez (comp.). El legado de Miguel Grau en sus cartas y otros documentos (pp. 59-60). Municipalidad de Lima Metropolitana.

27 Miguel Grau a su esposa Dolores Cabero Monitor Huáscar. Callao, mayo 8 de 1879 Muy querida Esposa: Como la vida es precaria en lo general y con mayor razón desde que va uno a exponerla a cada rato en aras de la patria en una guerra justa, pero que será sangrienta y prolongada, no quiero salir a campaña sin antes de [sic] hacerte por medio de esta carta varios encargos: principiando por el primero, que consiste en suplicarte me otorgues tu perdón si creyeras que yo te hubiera ofendido intencionalmente. El segundo, se contrae a pedirte atiendas con sumo esmero y tenaz vigilancia a la educación de nuestros hijos idolatrados, para lograr este esencial encargo debo avisarte, o mejor dicho recomendarte que todo lo que dejo de fortuna se emplee en darles toda la instrucción que sea posible; única herencia que siempre he deseado dejarles. Esto es pues, mi única y última voluntad que te ruego encarecidamente observes con religiosidad, si es que la súplica de un muerto puede merecer algún respeto.

28 Todo lo que poseo de fortuna, adquirida honradamente; está reducido a lo siguiente: Veinte y cinco y pico mil soles en Cédulas del Banco Hipotecario. Treinta y un mil tres cientos soles en cédulas de la deuda interna. Cuatro acciones de a mil soles cada una del Banco Nacional del Perú. Mil soles con sus respectivos intereses en poder de la casa de Canevaro; al mismo que le soy deudor de doscientas libras esterlinas, que le pedí para Anita Quezada, cuyo documento suscrito por mí, se cumple en diciembre de este año. La “Paternal” debe pagarse en junio de este mismo año. La Inscripción de María Luisa, que pedí oportunamente, se liquidará el presente quinquenio; para lograr lo cual, he llenado ya todos los requisitos que exigen los Estatutos. En poder de Felipe Varela, queda el documento por valor de siete mil soles que le reconoció la Testamentaria de don Enrique Meiggs a favor de doña Ana Quezada viuda de Grau, por servicios profesionales prestados por el difunto.

29 Me lisonjea la idea que al separarme de este mundo, tengan mis hijos un pan que comer; pues no dudo que la nación te otorgue por lo menos mi sueldo íntegro; si es que muero en combate. Nada más tengo que pedirte, sino que me cuides a mis hijos y les hables siempre de su padre. Con un abrazo eterno se despide tu infeliz esposo. Miguel Grau P.D. Trata siempre de conservar buena armonía con mis hermanas. El coronel Gómez tiene en su poder el documento de la señora Manizares de mil soles.

31 Carta de posguerra Clorinda Matto a su amigo Ricardo Palma3 “Ahora comprendo lo que es la suerte de una mujer en el Perú” A fines de 1883, tras la devastación de la Guerra del Pacífico, Clorinda escribe a su amigo Ricardo en busca de apoyo. Palma acaba de asumir la dirección de la Biblioteca Nacional —saqueada por las huestes invasoras— y emprende su reconstrucción, un rol histórico que le vale el apodo de el Bibliotecario Mendigo. Clorinda pasaría a la historia por su legado intelectual y literario, especialmente por Aves sin nido (1889). Esta carta, en plena posguerra, revela la íntima red de afecto y solidaridad intelectual que unía a dos pilares de la cultura peruana. 3 Tomado de Denegri, F. y Peluffo, A. (Eds.). (2020). Su afectísima discípula, Clorinda Matto de Turner: Cartas a Ricardo Palma, 1883-1897 (pp. 5762). Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

33 Clorinda Matto a su amigo Ricardo Palma Arequipa, 5 de diciembre de 1883 S. D. Ricardo Palma, Lima Muy digno y recordado amigo y maestro. Ya que por fortuna hemos llegado a los tiempos de las resurrecciones, sea también la del recuerdo de amistades respetables y queridas como es la suya para mí[,] que he sabido guardarla inalterable y fina aún en mis días de suprema desgracia. Desde su última carta que recibí en enero del 1881 estando en Tinta, no he vuelto a tener ninguna suya, debido al estado de turbulencias internas y externas de nuestra dos veces desventurada patria. En todo este tiempo, cuántas desgracias han pesado sobre mi corazón enlutecido [sic] de por vida.

34 En marzo del 1881 perdí a mi esposo, cuya muerte me dejó en brazos de la orfandad y de la pobreza. Quise sobreponerme a tamaña desgracia y continuar sus negocios hasta pagar siquiera las deudas fuertes que me dejó, y con este fin, y el de atender a mis pobres hermanos que todavía necesitan apoyo, me desterré en Tinta[,] donde logré construir un molino cuya maquinaria estaba ya en Tinta. La prolongación de la guerra y el precio exesivo [sic] que llegó a tomar la harina me hizo pensar en un negocio fuerte de trigos tomando dinero prestado con hipoteca de los fundos de Tinta. Todo se manifestaba alhagador [sic] cuando se le puso en la cabeza de mi acreedor liquidar los negocios de un día para otro. Se entorpeció el despacho de harinas, tuve que venir a esta para hacer mis arreglos personalmente, y luego cayeron los chilenos, y se tronó todo. Me encuentro sin nada y sin apoyo alguno. El señor Ibáñez, director de «La Bolsa» me dio ocupasión [sic] en su diario con un sueldo pequeño, pero, mi mala fortuna ha hecho que aquella publicación se clausure[,] así que, nuevamente me hallo sin tener de qué vivir, mientras mi hermano David termina su profesión[,] lo cual será por Julio próximo, pues en estos días rinde sus exámenes de 7° año en medicina y luego pasará a preparar los doctorales.

35 Qué hacer, amigo mío, sino tener paciencia y resignación. Yo siempre he preguntado por usted y su familia a todos los conocidos. Supe que hizo usted un viaje por Panamá. Después, nuestro amigo el Dr. Lama fue quien me dio noticias más exactas y satisfactorias respecto a usted. Me dijo que redactará usted el “Bien Público”[,] después, he visto con mucho placer en los diarios de esa, la noticia de que ha suscedido [sic] usted al Sr. Odriozola. Creo[,] pues[,] que en vez de felicitarlo a usted debo hacerlo al país[,] porque[,] en las presentes, circunstancias, usted con mayores títulos que ningún otro, podrá reconstruir el templo de las letras nacionales sobre los escombros de nuestra saqueada biblioteca. Aquí, puedo asegurarlo que todavía no existe vida literaria. Con los amigos y compañeros que estuvieron de tránsito, como el Tunante, Martínez Izquierdo, Fuentes Castro, etc.[,] quisimos impulsar algo, pero es casi imposible por cuanto los frailes dominan todo y detestan a los literatos. Para ser bien aceptado hay que comulgar el primer jueves de cada mes en la misa de nueve de la Catedral y asistir a las prosesiones [sic] con una cinta azul o carmesí al pecho. La primera es la insignia de la asociación «Hijas de María» y la segunda de «Los Sagrados

36 Corazones». Para ingresar y ser socio, creo de más indicarle que se necesita dar plata. Yo he publicado algunas tradicioncitas escritas antes de mi viudedad. Después, muy poco me he dedicado a esto. Le incluyo junto con un juguetito de periódico que los empleados y amigos de Ibáñez publicaron el 4 de Octubre, días antes de la trifulca del 25[,] cuando el Sr. Montero se fue despidiendo [d]el duelo sin etiqueta. El Tunante publicó unos apuntes biográficos míos, por Agosto, en los cuales el más alto honor que me dispensa es poniendo mi humilde nombre en parangón con el de mi maestro y amigo Palma. Siento no tener ningún número de «La Bolsa» para remitirle el recorte, pero, quizá tenga usted ya conocimiento. Pensé ir a Bolivia porque Campero me ofreció ponerme al frente de un colegio. Mas, refleccioné [sic] a tiempo, y he preferido quedarme en nuestra patria, aunque sea con pan inseguro. Dígame usted. [¿]Podría contar en esa con el apoyo de amigos como usted para conseguir una ocupasión [sic] que me asegure la subsistencia por seis meses? [¿]Podrían emplearme en algún

37 diario o algún colegio? Ahora comprendo lo que es la suerte de una mujer en el Perú. [¡]Ah, también usted lo sabe, porque, [¡]cuántas veces, al ser padre de niñas[,] habrá meditado en la posibilidad de encontrarse alguna huérfana, con la voluntad del trabajo sin poderlo conseguir! Eso es fatal[,] amigo del alma. Variemos ya de tema. Esperaré su respuesta[,] llena de esperanzas[,] confiando en que usted hará en mi favor todo lo que esté a sus alcances. Sírvase saludar a su Cristina en nombre mío y ambos acepten un recuerdo del corazón de su afma. discípula. Clorinda Matto

39 Carta de admiración y distancia Mercedes Cabello a Ricardo Palma4 “Después de su cartita de pésame que contesté a vuelta de vapor, no he recibido otra de U. y aunque disculpo su silencio, no puedo resignarme a él” A inicios de 1893, Juana Mercedes Cabello Llosa (1845-1909) le escribe una emotiva carta a Ricardo Palma, quien por entonces está en Madrid como delegado cultural. Mercedes, iniciadora de la novela realista en el Perú y precursora del feminismo, ya había publicado Blanca Sol (1889), novela que fue recibida con polémica por su crítica social. En esta carta Mercedes expresa admiración por Palma, mientras enfrenta en Lima un contexto político complejo. Años después, Palma anotó en esta misma carta: “La pobre Mercedes está en el manicomio desde 1902”, reflejando su trágico destino. Esta carta es testimonio conmovedor de una época en que dos voces fundamentales de la literatura peruana se cruzaron. 4 Tomado de Signori, G. (Comp.). (2025). Mujeres escritoras: Epístolas (pp. 57-58). Casa Editorial Bicentenario.

41 Mercedes Cabello a Ricardo Palma Lima, 28 de febrero de 1893 S. D. Ricardo Palma Madrid Mi querido amigo. Después de su cartita de pésame que contesté a vuelta de vapor, no he recibido otra de U. y aunque disculpo su silencio, no puedo resignarme a él. Anhelo darle mis parabienes, mis más entusiastas felicitaciones por el lucidísimo papel que ha desempeñado U. en la delegación que tan acertadamente confirió a U. nuestro gobierno. Cuánto lo envidio, amigo mío, al verlo en un centro intelectual, donde U. se encuentra a la altura de los más eminentes literatos de esa nación y donde se respira otro ambiente social, que no está como el nuestro, impregnado del partidismo político que hoy está en Lima en todo su fervor.

42 Ya he visto que ha visitado U. a la afamada Pardo Bazán, muchas noticias me preparo a pedirle de todos los literatos de mis simpatías. Con grande interés leemos en Lima las correspondencias de U. a la que yo no les he encontrado más que un defecto: el ser demasiado cortas. Se ha hablado en algunos diarios de una delegación ferroviaria para la Exposición de Chicago y aunque muy bondadosamente me han señalado a mí como la llamada a desempeñar esta comisión (sin duda, por los años más que por los méritos) no tengo esperanza ninguna de alcanzar ese nombramiento. Tuve el gusto de visitar a Cristina para tomar noticias detalladas de U. y pasar un rato en su amabilísima compañía y muy largamente hablamos de la felicidad que les ha acompañado en su viaje. Salude muy afectuosamente a la simpática Angélica y U. mi querido amigo no olvide a su amiga que tan de veras lo estima. Mercedes Cabello de Carbonera

45 Carta de los afectos Zoila Aurora Cáceres a José de la Riva-Agüero5 “Disculpe usted… pero las letras son mi único placer, y justo es hablar de lo que amamos” A mediados de abril, (aparentemente de 1912), desde París, Zoila escribe a su joven amigo y colega José de la Riva-Agüero, para solicitarle apoyo en un artículo sobre la literatura peruana contemporánea. Hija del expresidente Andrés A. Cáceres y autora modernista, Zoila pasaría a la historia como una de las primeras feministas peruanas, destacada por su activismo y su novela La rosa muerta (1914). El destinatario de la misiva, Riva-Agüero, de apenas 28 años, ya había publicado su influyente tesis La historia en el Perú (1910). Esta carta evidencia el diálogo intelectual entre dos figuras decisivas del pensamiento peruano, unidos por el amor a las letras y el compromiso con el país. 5 Tomado de Gutiérrez Muñoz, C. y Estenssoro Fuchs, J. C. (Eds.). (1990). Epistolario de José de la Riva Agüero y Osma: Cien cartas (p. 48). Pontificia Universidad Católica del Perú, Instituto Riva-Agüero.

47 Zoila Aurora Cáceres a José de la Riva-Agüero París, abril 15 [1912?] Muy estimado amigo: He leído con sumo placer su atenta carta en la que manifiesta U. mostrando gran juicio, su opinión favorable al desenvolvimiento social de la mujer. ¡Ojalá nuestra juventud se evidenciara de esta gran verdad relegando viejos convencionalismos! Si en estos países existe y triunfa el feminismo es porque los hombres también lo son. Mi libro ha tenido un gran éxito en Madrid, sin que yo me haya preocupado de él. Continuamente recibo juicios de la prensa de Madrid, sumamente favorables. Uno de los que me ha causado mayor placer es el de la condesa de Pardo Bazán, en una carta muy afectuosa que me ha escrito. Disculpe U. esta lata que le doy; pero las letras son mi único placer, y justo es hablar de lo que amamos.

48 Voy a pedir a U. que me ayude en una obra que sin su cooperación no podría realizar; a ello me obliga mi patriotismo y cuento anticipadamente con el de U. La revista Latina piensa consagrar un número al Perú y el director me ha pedido que le escriba un artículo sobre la literatura contemporánea del Perú. Pienso ocuparme de unos cuantos jóvenes de talento, así resultará mi trabajo más interesante y de mi gusto. Naturalmente que me ocuparé de U. pero como mi alejamiento del Perú me tiene un tanto ignorante de lo que allí pasa le agradecería que me enviase U. una relación de lo que U. haya escrito y si le fuese posible su tesis. Lo mismo desearía de Zavala (no he leído nada de él), de Óscar Miró Quesada y de un joven de Ica (no recuerdo el nombre) que ha escrito un tomo de versos deliciosos en los que figura “El algarrobo de la Sierra”, etc. A Ramuncho Morales le escribiré; de Clemente Palma tendré datos por una amiga de él y mía; si se me escapa algún nombre, que valga la pena, U. me lo indicará. Espero su contestación acompañada de alguna documentación. Un saludo muy cariñoso a su mamá y U. recíbalo muy atento de su afectísima amiga. Aurora Cáceres

51 Carta de ofrenda Abraham Valdelomar a su madre6 “Hace mucho tiempo que todo lo que escribo es por ti y para ti” En esta carta profundamente íntima, un joven Abraham Valdelomar (1888–1919) escribe desde Roma a su madre, Carolina Pinto, en vísperas de Navidad de 1913. Lejos del hogar y con escasos recursos, Valdelomar intenta completar sus estudios de Derecho mientras se abre paso en el mundo literario. En esta carta menciona el envío de un cuento a un concurso: se trata de El caballero Carmelo, que se convertiría en uno de los relatos más célebres de la literatura peruana. Esta misiva revela al Valdelomar hijo devoto, amigo leal, escritor sensible y soñador. 6 Tomado de Pérez, J. (Director). (1963, primer semestre). Boletín de la Biblioteca Nacional (Año XVI, N.° 25, pp. 8-9). Biblioteca Nacional del Perú.

53 Abraham Valdelomar a su madre Roma, 22 de diciembre de 1913 Señora Carolina de Valdelomar. Lima Mi idolatrada mamacita: No te puedes imaginar el gusto que me ha dado tu carta del 25, por ella veo que siempre me recuerdas con el mismo cariño de siempre. Solo tú eres la que nunca se olvida de mí; yo por mi parte ya sabes que donde he estado, mi única idea has sido tú. Ya voy aprendiendo con la dura experiencia lo que es la vida. Cada día que pasa es para mí una nueva lección y estas lecciones que se aprenden lejos de la tierra y de la madre son las que no se olvidan nunca. Yo no sueño sino con volverte a ver lo mismo que a mi viejo y a mis hermanos, pero te digo que cada vez que pienso en que tengo que volver al Perú, a pesar de que extraño tanto el calor de la Patria, sufro. Si no regresara con mi título no quisiera regresar. Dios me escuche y quiera que se cumplan mis deseos más que por mí los tengo por ti. Mucho me alegra que el artículo que mandé les haya gustado pues le tengo tanto miedo a las gentes de Lima que me parece que nada de lo que hago lo fueran a encontrar bien. La señora Emilia lo habrá encontrado bueno porque ella comprendo que me tiene verdadero cariño.

54 He recibido carta por primera vez de Enrique Bustamante y en ella me dice que por falta de tiempo no me ha escrito pero que ha hecho todo lo que yo le indicaba en las cartas. Cuando pienso que Enrique que ha sido mi mejor amigo me pudiera ser desleal me mortifico mucho, trata de no precipitar las cosas y no darte por entendida de nada porque nada me podría hacer más daño al espíritu que perder a ese amigo. Prefiero no saber si me es desleal que yo seguiré teniéndole el mismo cariño de siempre. Me dice que te llevó veinticinco soles por el artículo pues así lo acordaron en la redacción. De manera que creo que el Héctor habrá querido ratearse los cinco soles. Pero como la cosa es muy delicada mejor es que diga la verdad y que no vaya a provocarme un rompimiento con los del periódico por cosas tan pequeñas. Debo decirte que le mandé a Enrique Bustamante hace tiempo un artículo para el concurso literario de La Nación, pero recomendándole absoluto secreto, pues tenía vehementes deseos de ganar el concurso para demostrarles desde aquí a mis compañeros que cuando me presenté a la presidencia del centro no me creía tan imbécil. El cuento se llama El caballero Carmelo y en él hago una relación de uno

55 de los incidentes de nuestra vida en Pisco. Como verá allí hablo de Roberto y de todos. Enrique me dice que es muy posible que me lleve el premio pues los trabajos mandados son muy inferiores al mío. Ojalá que la suerte me favorezca que este pequeño triunfo es tuyo más que mío; pues hace mucho tiempo que todo lo que escribo es por ti y para ti. Conque te gusten a ti mis cosas estoy feliz. Cuánto me alegra que mi retrato te haya gustado. Me parecía que no te iba a gustar y hasta quería hacerme otros, pero ya veo que me encuentras bien. Ojalá te sigan pagando los artículos al mismo precio pues no me parece mal. Hay que conformarse. Estoy esperando de un momento a otro que me paguen el resto de mi sueldo de Génova para poner las encomiendas y comprar algo que me falta. Tengan paciencia. En este momento recibo tu segunda carta, por ella veo que no has recibido carta mía, quién sabe las recibirán juntas. Yo sigo pasando mi vida aquí tranquilamente pues recién el 29 habrá el primer baile al cual voy a asistir, espero que sea un baile grandioso pues con él se abre la sociedad en este invierno en Roma. Allí conoceré a toda la nobleza romana y al cuerpo diplomático al cual aún no

56 conozco mucho, pues no [ha] habido ocasión ni fiestas. El primero de enero te haré un cablegrama y otro al presidente. Ya comienza la vida interesante en Roma, ya se nota un gran movimiento. Yo estoy ahora, en las horas que me quedan libres de la Universidad y de mis escritos, aprendiendo esgrima y, no te vayas a reír, el tango argentino pues aquí no se puede ir a sociedad sin saber bailar especialmente el tango pues no se baila otra cosa. Dile a mi viejo que sus boquillas que me pide irán todo con las encomiendas de las muchachas. José de la Riva-Agüero debe llegar el viernes con su mamá y su tía. Me alegra mucho porque así les podré devolver todas las atenciones que me hicieron en el viaje. Además es un orgullo para nosotros poder presentar aquí en Roma a un hombre como Riva-Agüero tan culto tan inteligente y tan serio. Aquí está también Eduardo Du Bois, un joven de las mejores familias de Lima, pues es el hermano de la señorita Du Bois que se casó con el doctorcito Olaechea y que son dueños de la casa de piedra. Yo desde Lima lo conocía pues me lo presentó Willy de quien era muy amigo. Él es muy distinguido y caballero y formal y aquí casi siempre vamos juntos a los paseos y a los teatros.

57 Recibí las encomiendas; todo ha llegado bien. Ha venido lo siguiente: cuatro paquetes de chocolate; el libro de Seoane, un costalito de café y una latita de limones. No mandes dulces que se puedan deshacer pues no llegan bien. Es decir los limones los estamos comiendo con el Dr. Rada y su señora que tanto te quieren y Valdizán, otro muchacho que es muy bueno conmigo. Pero es mejor mandar otras cosas como cosas secas, aunque sean dulces. Lo que pasa con los limones es que la humedad los pone un poco mohosos. Sería bueno cuando los ponen en la caja cerrarlos herméticamente y soldar la caja. Así la humedad no les hace daño porque el aire no se renueva. El chocolate y el café lo tomaremos el día de Pascua en tu nombre y el primero de enero a las doce de la noche yo haré abrir una botella de champagne para beberla con los peruanos por la Patria, por ti y por la familia del Presidente. Recibe viejecita mía un abrazo muy fuerte de tu hijo que tanto te extraña y que solo piensa en que no te tiene a su lado. Cuídate mucho y no olvides a tu hijo.

59 Carta lluviosa César Vallejo a su hermano Manuel Natividad7 “Cuánto recuerdo y cuánta felicidad que se ha ido para siempre. ¡Oh, Manuelito de mi corazón!” Devastado por la muerte de su madre, un joven César Vallejo escribe desde la capital a la casa familiar en la sierra liberteña. El poeta, entonces con 26 años, se encontraba corrigiendo aún Los heraldos negros (1919), mientras enfrentaba el duelo, la distancia y las dificultades económicas. Esta carta —íntima, desgarradora y profundamente fraternal— revela no solo el vínculo indisoluble con su familia, sino también la intensidad emocional que caracterizaría toda la obra de nuestro poeta universal. 7 Tomado de Cabel, J. (Comp.). (2022). César Vallejo. Correspondencia completa (pp. 100-101). Universidad Ricardo Palma, Editorial Universitaria.

61 César Vallejo a su hermano Manuel Natividad Lima, 2 de diciembre de 1918 Mi querido hermanito Manuel: Santiago de Chuco He tenido al fin la alegría de recibir cartita tuya, después de las numerosas cartas que yo te he escrito desde [marzo] de 1917 en que me alejé de ustedes. He gozado y he llorado al leer tus tiernas, conmovedoras y tristes letras. He gozado dolorosamente, horriblemente. Cuánto recuerdo y cuánta felicidad que se ha ido para siempre. ¡Oh, Manuelito de mi corazón! ¡A qué me sabía un destino tan negro; lejos por siempre de nuestra madrecita del alma! Oh, queridísimo hermanito ¡Qué horror! Han pasado 114 días desde el inolvidable 8 de [agosto]; y para siempre vivo en la fe de Dios y estoy seguro de que mamacha está viva, allá en nuestra casita, y que mañana o algún día que yo llegue,

62 me esperará con los brazos abiertos, llorando mares. Sí… Yo no puedo aceptar que la haya llevado Dios tan temprano para el amor y la esperanza de sus hijos que han luchado para conquistarse un porvenir que había de ponerse a los pies de nuestra santísima madrecita Santitos! ¡Oh, Manuelito mío, hermano queridísimo! Así, con el corazón hecho pedazos te escribo ahora. Espero que Néstor vendrá a fines de este mes y entonces veremos y acordaremos todos nuestros asuntos de un modo definitivo. Nosotros te avisaremos inmediatamente. Y entre tanto, no te desesperes y te ruego en nombre de nuestro amor fraternal que tengas paciencia unos meses más. Paciencia, un poquito de paciencia. ¡Oh, hermanito mío! Cuánto he luchado yo, y cómo he aprendido a no desesperarme jamás. Y cómo he aprendido a creer en que hay siempre delante un [porvenir] que no es todo oscuro. Ya te avisaremos. La cuestión está en que no te pierdas en silencio, y que nos pongamos al tanto continuamente, para ver qué partido se toma. A papacito le escribí en uno de los pavores [sic] pasados. A mi hermano Víctor que tenga ésta por suya, y que le escribiré por vapor próximo.

63 Mis caricias para Augustito. ¿Cómo está? ¿Y dónde está? Dame razón de él que por su silencio parece para mí sepultado. En este mes hace un año que estoy en Lima. Cuiden muchísimo a papacito. Yo no tengo nada que advertirles sobre este único tesoro que nos queda en el mundo. Allá el cariño y la ternura de ustedes que viven amparados por su tierna compañía. No te pierdas en silencio. Y con mis cariños para Juanita y para ti, se despide tu hermano que te ama y te extraña muchísimo. César

65 Carta juguetona José Carlos Mariátegui a Bertha Molina⁸ “He tenido la sensación de que tú me visitabas. De que a mi cuarto entraba la risa de una muchacha muy inquieta y muy limeña…” A fines de 1920, José Carlos Mariátegui escribe desde Roma a Bertha Molina, a quien se dirige con el seudónimo afectuoso de “Ruth”. En ese momento, Mariátegui se encuentra en Europa como parte de una “misión de investigación” orquestada y financiada por el gobierno de Leguía para alejarlo del Perú, viaje que transformaría profundamente su pensamiento. Ruth es una joven limeña, vinculada al círculo modernista e intelectual de la época. Esta carta revela un tono entrañable y lúdico, que mezcla confidencias personales, juegos retóricos y una complicidad afectiva sostenida por la distancia, de quien fuera uno de los pensadores más influyentes del Perú del siglo XX, recordado autor de Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928). 8 Tomado de Mariátegui, J. C. (1994). Mariátegui Total (tomo I, p. 1634). Empresa Editora Amauta.

67 José Carlos Mariátegui a Bertha Molina Roma, 16 de octubre de 1920 Ruth: Acabo de regresar de mis andanzas por el norte de Italia. Roma me esperaba, amable y buena, con una carta tuya en la mano. Una carta que yo he leído antes de desembarazarme del sobretodo y del sombrero, sentado al pie de la cama en mi chambre de hotel, mientras el criado instalaba en un rincón mis fatigadas maletas. Y he tenido la sensación de que tú me visitabas. De que a mi cuarto entraba la risa de una muchacha muy inquieta y muy limeña, que todo lo movía, que todo lo revolvía, que todo lo tocaba y que me hacía tantas preguntas que yo no podía contestárselas. Algo así como si un rayo de luz limeña llegase furtivamente a mi estancia.

68 Tus cartas me hacen casi siempre este efecto. Por esto te las agradezco mucho. Y te ruego que no me prives de ellas ni aún si te parece que las mías son demasiado desabridas, demasiado pobres de interés. Piensa que yo no soy capaz de producirte el placer que tú puedes producirme. Que lo que yo puedo escribirte no es posible que sea como lo que tú puedes escribirme. Yo me he vuelto un poco grave. En cambio tú eres una chiquilla. No eres una chiquilla frívola y egoísta; pero eres de todas maneras una chiquilla. Una chiquilla buena e inteligente (No te agrego que bonita porque si te dedico tres adjetivos vas a poner en duda la sinceridad de alguno de ellos. Y luego porque eso de bonita lo dejo para que te lo digan otros). Mis cartas no son propiamente respuesta a las tuyas. No lo son sino en este sentido. En que una carta mía sigue a la recepción de una carta tuya. Pero por lo demás no. Yo no te hablo casi de las cosas de que tú me hablas. ¡Y es que estamos tan distantes el uno del otro! Tu voz emplea dos meses en llegar hasta mí. Y la mía, que es menos joven, emplea, sin duda, mucho más. O, por lo menos, llega muy apagada, muy vaga, casi imperceptible ¡Este coloquio nuestro lucha con todas las dificultades físicas del tiempo y la distancia!

69 Pero esta vez voy a referirme a uno de tus párrafos. Aquel en que me dices que tienes mucha confianza en mí; pero que... me ocultas algo. Y que no me lo contarás, eso que no. Probablemente a consecuencia de que tienes mucha confianza en mí ¿No es cierto? Si no fueses ilógica no serías mujer. Vamos. No me pongas curioso. Pruébame que te inspiro toda la confianza que me aseguras. Es necesario que la intimidad con que nos tratamos sea verdadera. No verdadera a medias sino verdadera absolutamente, totalmente, completamente. ¿Quieres hacer una cosa buena y razonable? Mándame tu retrato. Lo pondré sobre mi escritorio, absolutamente solo, para tener cuando te escribo la ilusión de que converso contigo. Tú me debes tu retrato desde hace mucho tiempo. Y no sé cómo te has dado maña para no satisfacer hasta la fecha tu deuda. Ustedes las mujeres son muy tramposas. He visto que han exhumado en El Tiempo, al pie de artículos que yo enviaba con un seudónimo nuevo, mi infantil y olvidado seudónimo de Juan Croniqueur, al cual renuncié formalmente en la revista Nuestra Época arrepintiéndome de todos los pecados que con él había cometido. Quiero dejar constancia ante ti de que soy completamente ajeno a la resurrección de dicho seudónimo y de que lo lamento desde lo más profundo de mi alma.

70 Escríbeme pronto. Mira que cada vez que recibo correspondencia lo primero que hago es ver ansiosamente si alguno de los sobres es el tuyo. Mira que siento predilección por tus cartas, y que mi predilección por tus cartas es también predilección por ti. Tuyo affmo. José Carlos

73 Carta de auxilio José María Arguedas a su hermano Arístides⁹ “Tengo un tumulto de quejas, una gran soledad; y a nadie puedo decirle [cuánto] me viene el atroz dolor a la base de la cabeza, parece que todo lo tengo perdido” En esta carta manuscrita, llena de tachaduras y correcciones, el autor de Yawar Fiesta (1941), Los ríos profundos (1958), Todas las sangres (1964), entre otros libros, pide ayuda a su hermano Arístides. Tiene entonces 33 años y atraviesa una profunda crisis emocional. La carta revela el lado más humano y vulnerable del escritor andahuaylino, aún en plena formación literaria, y deja entrever la dificultad de vivir entre mundos culturales distintos: el andino de su infancia y el costeño de su adultez. 9 Tomado de Pinilla, C. M. (Ed.). (1999). Arguedas en familia: Cartas de José María Arguedas a Arístides y Nelly Arguedas, a Rosa Pozo Navarro y Yolanda López Pozo (pp. 172-174). Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

75 José María Arguedas a su hermano Arístides Lima, 31 de enero de 1944 Querido hermano: Al fin, después de muchas noches de incertidumbre y de duda, me decido a escribirte sobre un asunto íntimo y grave. ¿Te acuerdas que de niño me daban unos horribles espantos nocturnos? Nuestro padre tenía que levantarse y sacarme al corredor; miraba el cielo, respiraba el aire frío, y me calmaba. Después, ya en el Colegio, padecí de algunas crisis: era una especie de repentino temor a la muerte: una vez me fui hasta donde nuestro viejo, otra donde nuestro tío Pepe. Cuando murió nuestro padre estaba felizmente muy bien del ánimo y aquello lo soportamos con el valor necesario. Pero algunos años después, cuando ya estabas en Caraz, me vino una crisis dura, no dormía, tenía un espanto continuo y parecía que todo iba a terminar; le pasé un telegrama a Carlos, a nuestro hermanito que

76 estaba en Cerro de Pasco; al día siguiente llegó. Su compañía fue como un milagroso remedio; estuvo seis días y se fue dejándome completamente tranquilo. Pero ahora, hace 13 meses que sufro la más grande crisis. Las primeras noches, cuando sentía a la muerte en la garganta, soñaba con nuestro padre y contigo. Hay días en que me siento desolado, con una tristeza sin consuelo. Mi mujer es maravillosamente inteligente, pero pertenece a un medio social infinitamente distinto al nuestro, y en el fondo, en la última esencia del alma no me comprende; y a veces procede en forma cruel y terrible. Esta mañana desperté a las 5 con una angustia muy grande; lloré un rato, y decidí escribirte. Tengo un tumulto de quejas, una gran soledad; y a nadie puedo decirle [cuánto] me viene el atroz dolor a la base de la cabeza, parece que todo lo tengo perdido. ¡Y cuánto me falta hacer y escribir! Hoy, hermano, miro el mundo y a nuestro país con una claridad extraordinaria. Acabo de escribir un ensayo sobre la inversa evolución social y estética seguida por México y Perú. Porque el fuego que tiene el hombre llamado por el arte no se apaga ni en la agonía. Pero te necesito por unos días; hace mucho tiempo que no puedo comunicarle a nadie mis penas íntimas, y acaso esta carga pesada es la que no me deja reponerme definitivamente. No quise llamarte porque me parecía un abuso hacerlo.

77 Cuando hablamos por teléfono creí poder animarte para que vinieras; pero me faltó el valor; no podía obligarte a dejar tu casa, tu mujer delicada, porque vinieras a ayudarme. Pero ha pasado enero y creo, a veces, que estoy peor. En el fondo soy un hombre de poca valentía; puedo enfrentarme serenamente a otras luchas; pero mi alma es infantil, y en mis horas peores he llamado a nuestro padre y te he llamado, porque tú eres lo único que me queda de la carne de mi carne. Y ni siquiera he podido pronunciar el nombre de nuestro padre, no el tuyo, porque Celia me hubiera aplastado con sus celos. Todo lo hice para dentro y por eso mi alma está congestionada y abrumada. Quisiera que vengas tan solo por unos cinco días. Pero que no sepa Celia que te he llamado; debe creer que vienes por tu propia iniciativa, a curarte, o a verme. Pero todo faltarás solo siete días a tu casa. Y si me anuncias tu llegada hazlo por carta dirigida a la Estafeta de Correos, o por un telegrama escueto. Te alojarías en un hotelito, acaso en el «Comercio». Lima está muy cambiada, paseando contigo, hablándote, quizá mi espíritu se despeje y sane. Descargaré todas mis quejas íntimas; porque, en verdad, soy un campesino habitando en un medio extraño y [¿vidrioso?]; y estoy cansado de luchar en luchas menudas, interminables y de todos los días.

78 Sé que no debo pedirte esto, pero es mi último recurso. Si estuvieras muy lejos no te llamaría, pero cuando pienso que puedes llegar en un día, no me puedo contener. Te abraza tu hermano: José María Si llegas a un Hotel, no vengas de inmediato a la casa, llámame por teléfono e iré a encontrarte. El teléf. es 38472. Pero si por algún motivo poderoso no puedes viajar, no vengas de ninguna manera, porque sería mucho peor para mí; solo debes venir en caso de poder hacerlo más o menos normalmente.

81 Carta de angustias Martín Adán a su tía Mercedes Benavides10 “Pues necesito aquí algo de dinero. Como te dije en mi comunicación anterior, debo algo; y metido en cama, he de procurar distraerme fumando un poco” A inicios de 1945, Rafael de la Fuente Benavides, reconocido como Martín Adán (1908-1985), uno de los escritores más influyentes de la literatura peruana y autor de La casa de cartón (1928), escribe a su tía Mercedes Benavides. En la carta, expresa preocupación por la salud de su madre, alojada en un lugar llamado “Monasterio”, probablemente un sanatorio o internado, y le pide que gestione su traslado debido a la angustia que le causa su permanencia allí. Además, solicita apoyo económico y discreción para que su madre no se entere de su enfermedad. Esta misiva revela la vulnerabilidad de Martín Adán en una etapa difícil de su vida, marcada por problemas de salud y angustias familiares. 10 Tomado de Oquendo, A. y Lauer, M. (Directores). (2014, diciembre). Hueso Húmero (N.° 34, pp. 206-207). Francisco Campodónico F. editor y Mosca Azul Editores.

83 Martín Adán a su tía Mercedes Benavides Lima, 15 de enero de 1945 Querida tía Mercedes: Me tienes achacoso todavía, pero de buen ánimo. Sigo en cama y algo adolorido, pero voy mejorando. Espero que ya hayas arreglado con el doctor Solf lo del traslado de mamá allá. Esto es importantísimo sobre todo para mí en lo tocante a visitarla. Hazme el favor de mandarme buenas11 noticias con Ricardo, que mucho las necesito. Te agradezco y felicito infinito por el buen éxito en lo de la ropa. Era necesaria en absoluto. Pero bien puede ser modesta, lo más modesta posible, de suerte que se gaste poco. Yo haría el seco con una sola manga. 11 En la presente transcripción conservamos los subrayados enfáticos del poeta.

84 Pues necesito aquí algo de dinero. Como te dije en mi comunicación anterior, debo algo; y metido en cama, he de procurar distraerme fumando un poco. Además, he de encargar aquí se me laven algunas piezas de ropa blanca. Lo que buenamente sea posible, hazme el favor de mandármelo, cuanto antes mejor, pues me tienes..., pues como supondrás. Ricardo conversará contigo sobre esto, según se lo ruego. Aquí te repito lo del traslado de mamá. Su permanencia en el Monasterio me tiene angustiadísimo. Que éste sea, en todo caso, el último mes que pase allí. Procura, por favor, hacer correr por Lima, con alguna precaución para que no llegue a mamá, que estoy enfermo, imposibilitado de levantarme, pero de la piel, pues puede interpretarse mi ausencia de Lima como lo que sabemos. Agrega que la enfermedad es algo contagiosa, a fin de que no vengan a visitarme. Abraza de mi parte a tía Fortunata, tranquiliza y traslada a mamá y tú recibe otro abrazo de Rafael

87 Carta comprometida Magda Portal a Alberto Hidalgo12 “Creo que toda obra de arte es creación. Si no, es lo que tú dices, fotografía y de mal gusto” En mayo de 1958, Magda Portal (1900–1989), poeta, feminista y activista peruana, residía en México tras su exilio debido a la persecución política en el país. Fue militante destacada del Partido Aprista Peruano (APRA) en las décadas de 1920 y 1930, desempeñando un papel crucial en la defensa de los derechos sociales y en la promoción del feminismo. Sin embargo, su relación con el partido se fracturó en los años 1940, cuando se distanció debido a desacuerdos políticos y a la creciente represión, lo que la llevó al exilio. A los 58 años, Portal mantenía una intensa actividad literaria y política desde México. En esta carta a Alberto Hidalgo (1897–1967), poeta y narrador peruano, le expresa su admiración por su obra, reflexiona sobre el arte como creación y mensaje, y denuncia la apatía política y la corrupción en Perú. También revela su lucha diaria contra la pobreza, subrayando su compromiso social. 12 Tomado de Libros & artes : revista de cultura de la Biblioteca Nacional del Perú. Año 9, número 93-94 (abril 2020) (p. 4). Biblioteca Nacional del Perú.

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