Letras que abrazan

69 Pero esta vez voy a referirme a uno de tus párrafos. Aquel en que me dices que tienes mucha confianza en mí; pero que... me ocultas algo. Y que no me lo contarás, eso que no. Probablemente a consecuencia de que tienes mucha confianza en mí ¿No es cierto? Si no fueses ilógica no serías mujer. Vamos. No me pongas curioso. Pruébame que te inspiro toda la confianza que me aseguras. Es necesario que la intimidad con que nos tratamos sea verdadera. No verdadera a medias sino verdadera absolutamente, totalmente, completamente. ¿Quieres hacer una cosa buena y razonable? Mándame tu retrato. Lo pondré sobre mi escritorio, absolutamente solo, para tener cuando te escribo la ilusión de que converso contigo. Tú me debes tu retrato desde hace mucho tiempo. Y no sé cómo te has dado maña para no satisfacer hasta la fecha tu deuda. Ustedes las mujeres son muy tramposas. He visto que han exhumado en El Tiempo, al pie de artículos que yo enviaba con un seudónimo nuevo, mi infantil y olvidado seudónimo de Juan Croniqueur, al cual renuncié formalmente en la revista Nuestra Época arrepintiéndome de todos los pecados que con él había cometido. Quiero dejar constancia ante ti de que soy completamente ajeno a la resurrección de dicho seudónimo y de que lo lamento desde lo más profundo de mi alma.

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