Letras que abrazan

97 Eielson a Sebastián Salazar Bondy Roma, febrero de 1965 Querido Sebastián, No sabes la enorme importancia que tu visita a Roma ha tenido para mí. Es increíble cómo el tiempo, la distancia, la divergencia de las ideas, incluso la fuerza terrible de las peripecias humanas, no logran disolver vínculos que, a su tiempo, fueron construidos con materiales purísimos, como lo son la poesía, las nobles aspiraciones juveniles, la secreta esperanza de poder hacer algo un día por mejorar la vida humana, Proposiciones enormes que cada uno entiende a su manera, pero que, en sustancia, son la plataforma que aún ahora seguimos sosteniendo. En tu pasaje por Roma, en tu brillante conversación, en tu manera de juzgar situaciones y personas, he encontrado todo eso todavía, y ello me regocija inmensamente, Hay como una llama viva en ti, corno un germen aún fresco e incontaminado, que seguramente es el resultado de muchas podas, pero que en lo íntimo de su naturaleza es siempre el mismo querido Sebastián de siempre, siempre dispuesto a podar ramas secas o podridas, a enderezar entuertos, a combatir con el gigante y a transformar simultáneamente, como los alquimistas

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