108 No veo las horas en que venga Alida para que ponga un poco de disciplina en mi vida de celibatario forzoso. Desacostumbrado a la soledad, no sé verdaderamente qué hacer con ella. Me descarrío, me pierdo. Me emborracho sin motivo, me lanzo a la calle en busca de aventuras, como poco y mal y postergo las cosas que tengo que escribir o corregir. Naturalmente que si mi soledad durara más, trataría por fuerza de encontrar statu quo, como el de mi época de soltero en la que alternaba, cual lobo estepario, las épocas de recogimiento y de trabajo con las de disipación. Pero esta soledad de tres o cuatro semanas es demasiado corta y no me permite readaptarme a mi nuevo estatuto. Solo ahora, faltando pocos días para que llegue Alida, me estoy centrando un poco, pero, como es evidente, demasiado tarde. Cariños a Lucy y a los bebés, recuerdos a todos y un abrazo de Julio
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