34 En marzo del 1881 perdí a mi esposo, cuya muerte me dejó en brazos de la orfandad y de la pobreza. Quise sobreponerme a tamaña desgracia y continuar sus negocios hasta pagar siquiera las deudas fuertes que me dejó, y con este fin, y el de atender a mis pobres hermanos que todavía necesitan apoyo, me desterré en Tinta[,] donde logré construir un molino cuya maquinaria estaba ya en Tinta. La prolongación de la guerra y el precio exesivo [sic] que llegó a tomar la harina me hizo pensar en un negocio fuerte de trigos tomando dinero prestado con hipoteca de los fundos de Tinta. Todo se manifestaba alhagador [sic] cuando se le puso en la cabeza de mi acreedor liquidar los negocios de un día para otro. Se entorpeció el despacho de harinas, tuve que venir a esta para hacer mis arreglos personalmente, y luego cayeron los chilenos, y se tronó todo. Me encuentro sin nada y sin apoyo alguno. El señor Ibáñez, director de «La Bolsa» me dio ocupasión [sic] en su diario con un sueldo pequeño, pero, mi mala fortuna ha hecho que aquella publicación se clausure[,] así que, nuevamente me hallo sin tener de qué vivir, mientras mi hermano David termina su profesión[,] lo cual será por Julio próximo, pues en estos días rinde sus exámenes de 7° año en medicina y luego pasará a preparar los doctorales.
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