75 José María Arguedas a su hermano Arístides Lima, 31 de enero de 1944 Querido hermano: Al fin, después de muchas noches de incertidumbre y de duda, me decido a escribirte sobre un asunto íntimo y grave. ¿Te acuerdas que de niño me daban unos horribles espantos nocturnos? Nuestro padre tenía que levantarse y sacarme al corredor; miraba el cielo, respiraba el aire frío, y me calmaba. Después, ya en el Colegio, padecí de algunas crisis: era una especie de repentino temor a la muerte: una vez me fui hasta donde nuestro viejo, otra donde nuestro tío Pepe. Cuando murió nuestro padre estaba felizmente muy bien del ánimo y aquello lo soportamos con el valor necesario. Pero algunos años después, cuando ya estabas en Caraz, me vino una crisis dura, no dormía, tenía un espanto continuo y parecía que todo iba a terminar; le pasé un telegrama a Carlos, a nuestro hermanito que
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