

LIBROS & ARTES
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rialista” y utiliza en todas sus
potencialidades la metodo-
logía que construyó en su
carrera como historiador y
ensayista. De este modo, no
sólo examina los hechos po-
líticos y sociales, sino que
recoge los más variados tes-
timonios (como los bárbaros
discursos de Goebbels y del
propio Hitler) y para recrear
la atmósfera y el espíritu
reinante recibe sugestiones
del cine expresionista ale-
mán, en especial de Fritz
Lang, de las caricaturas de
Goerge Grosz, del teatro de
Brecht, pero también de
aquellos intelectuales y ar-
tistas que apostaron por el
Führer (“Figuras eminentes
–escribe Basadre- como el
músico Richard Strauss, el
anciano dramaturgo Gerhart
Hauptmann y el genial filó-
sofo Martín Heidegger hi-
cieron gala de servilismo”).
El ensayo-memoria conclu-
ye con una inquietante pre-
gunta sobre la superviven-
cia del universo concentra-
cionario, espantoso símbolo
del siglo XX.
En su libro
Perú: pro-
blema y posibilidad
, Jorge
Basadre escribió la dedica-
toria siguiente: “A las nue-
vas generaciones peruanas,
este libro escrito sin el as-
cetismo, la inspiración ni el
apasionamiento del apóstol,
pero anhelando la serenidad
del hombre justo”. Sedien-
to de respuestas indudables
y definitivas sobre la cues-
tión nacional y sobre la vida
misma, recuerdo que en mi
juventud al leer por prime-
ra vez esta dedicatoria me
sentí desilusionado, casi
irritado. Porque, ¿qué es ser
un hombre justo? ¿signifi-
caba estar por encima o al
margen de las contiendas
sociales, políticas e ideoló-
gicas? Para entonces ya ha-
cía varios años que Basadre
había marcado distancia
con el socialismo de
Mariátegui (lo cual no le
impidió seguir colaborando
con
Amauta)
y despreciaba
la retórica y el caudillismo
de Haya de la Torre. El suyo
era, como se ha afirmado,
un socialismo moderado, de
raigambre social demócra-
ta, pero sin el populismo y
los rituales fascistoides del
APRA. En términos políti-
cos significaba la adopción
de una posición centrista
equidistante de las posicio-
nes de derecha e izquierda.
Pero en verdad el anhelo de
alcanzar la serenidad del
hombre justo, significaba
conquistar una perspectiva
ética y epistemológica, ins-
pirada (según recuerda Da-
vid Sobrevilla) en el pensa-
miento de Max Weber y de
Karl Mannheim, según el
cual el intelectual es la “in-
teligencia libremente mó-
vil”, un estrato relativamen-
te “desclasado”, cuya posi-
ción le posibilita lograr una
perspectiva total sobre los
procesos sociales. Las pági-
nas que le dedica a Mariá-
tegui y a Riva Agüero –los
dos convictos y confesos de
sus respectivas ideologías y
praxis política– demuestran
que esta perspectiva es po-
sible si al saber se suma la
honradez intelectual. Lo in-
dudable es que Jorge Ba-
sadre que apostó, como es-
cribió Flores Galindo, terca-
mente por el sí, que
abominó el inmovilismo y
la complacencia en la de-
rrota y el nihilismo auto-
destructivo, pudo construir
con su
Historia de la Re-
pública
la obra más vasta
de la historiografía perua-
na (y acaso latinoamerica-
na) y continuó y desarrolló
la tradición del género
ensayístico en Perú que
contó con libros notables
como
Tempestad en los An-
des
de Luis E. Valcárcel,
El
nuevo indio
de Uriel García
o los textos de Hildebrando
Castro Pozo sobre las comu-
nidades andinas.
Después de Basadre
(después del trabajo de los
intelectuales de la
Genera-
ción del Centenario)
el en-
sayo como forma en el Perú
entró en decadencia o sim-
plemente fue abandonado,
salvo algunos textos más
bien ocasionales de los re-
presentantes de la
Genera-
ción del 50,
como los de
Sebastián Salazar Bondy en
Lima, la horrible
o los be-
llos ensayos en la línea de
Borges de Luis Loayza, par-
cialmente reunidos en
El Sol
de Lima
(para mi gusto la
obra ensayística de Loayza
supera –por lo menos hasta
el momento– su narrativa,
que aunque interesante está
por debajo de su exquisito
talento). ¿Cuáles fueron las
causas de este declive? Pue-
do señalar por lo menos dos
causas. La más importante
proviene de la creciente es-
pecialización de las cien-
cias, en particular de las
ciencias humanas, que de-
rivó en un cientificismo que
menospreció el ensayo por
su supuesta falta de rigor y
en el que los autores caían
en el impresionismo ego-
céntrico. El resultado fue la
producción de centenares
de estudios e investigacio-
nes áridos e ilegibles, salvo
para insignificantes grupos
de lectores que comparten
el fetichismo cientificista y
la enemistad con el lengua-
je. La segunda razón, con-
secuencia de la anterior, es
la decadencia de los estu-
dios humanísticos que im-
pide esa mirada total y
pluri-dimensional frente a
cualquier fenómeno a estu-
diar y una relación placen-
tera, hedonística, con el len-
guaje. Sin embargo, en los
últimos años se percibe un
renacimiento del ensayo a
través de los textos de
Mario Vargas Llosa en el
campo de la literatura y de
Alberto Flores Galindo (por
desgracia muerto prematu-
ramente), los últimos traba-
jos de Gonzalo Portocarrero
o los perspicaces textos del
cineasta José Carlos Huay-
huaca. De modo que para
las nuevas generaciones, la
obra ensayística de Jorge
Basadre es un modelo a se-
guir por la profundidad de
sus textos, por la sobria be-
lleza de su escritura y por
la generosa humanidad que
irradian, sin contar que
Basadre logró escribir con
Perú: problema y posibili-
dad
un ensayo clásico en
la literatura y el pensamien-
to latinoamericanos, como
lo son, por ejemplo,
Radio-
grafía de la pampa
de Eze-
quiel Martínez Estrada o
El
laberinto de la soledad
de
Octavio Paz.
“Jorge Basadre que apostó, como escribió Flores Galindo,
tercamente por el sí, que abominó el inmovilismo y la complacencia
en la derrota y el nihilismo autodestructivo, pudo construir con su
Historia de la República
la obra más vasta de la
historiografía peruana”.