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LIBROS & ARTES

Página 10

denado al purgatorio por

dos siglos, hace apenas po-

cos lustros que su figura, has-

ta entonces recluída en mo-

destos párrafos en los tex-

tos escolares, se elevó final-

mente a las alturas del sím-

bolo. Pero en su caso se die-

ron la mano diversos facto-

res. Por un lado, las investi-

gaciones de algunos estudio-

sos como las del tenaz Car-

los Daniel Valcárcel o las de

Boleslao Lewin, Jorge Cor-

nejo Bouroncle o John

Howland Rowe, que abrían

camino con hallazgos docu-

mentales e iniciaban una se-

ria revisión de las causas y

consecuencias de la gran re-

volución abortada. Por otro

lado, como trama de fondo,

la coyuntura nacional, la in-

quietud campesina, las refor-

mas de Velasco. Y, a pesar

de algún sesgo manipu-

latorio, tras 200 años de exi-

lio la adhesión tupacamarista

ganó un aura popular que

despertó simpatías más allá

de nuestras fronteras.

Es posible que a esta rei-

vindicación tardía, por la cual

Túpac Amaru “se retrató en

el dinero”, la favorecieran

también esos contornos de

ocasión perdida y tragedia

de la gran gesta libertaria de

1780 y del suplicio del cau-

dillo indio inmolado por

sembrar la semilla de la liber-

tad en el Perú.

HUAMÁN POMA:

ENIGMAS

BIOGRÁFICOS

Con Huamán Poma,

gran inconformista, las aguas

han corrido por otros cau-

ces. No parecen fáciles de

asir su vida y su obra escrita.

No tiene la primera esos ras-

gos de santidad o heroísmo

que de inmediato crean en-

tusiasmos. Y su crónica co-

lonial, quizá el más valiente

alegato contra la injusticia

que se haya escrito en el Perú,

carece de aquella prosa ame-

na y florida que ha hecho la

fortuna de los

Comentarios rea-

les de los incas

de Garcilaso de

la Vega.

Son rarísimos los docu-

mentos de la época que lo

mencionan –y no le hacen

favor, algunos. Para contar–

nos sus andanzas y penurias,

sus anhelos y frustraciones,

para mostrarnos un Huamán

Poma de carne y hueso sus

biógrafos –incluídos los me-

jores, Raúl Porras ayer, hoy

Rolena Adorno– han debi-

do apoyarse en los datos que

dispersó en las 1,179 pági-

nas de su crónica y suplir los

tremendos vacíos de la in-

formación mediante conje-

turas sobre amplios períodos

de su vida que aún siguen en

la bruma.

Ni siquiera se sabe dón-

de nació (¿en San Cristóbal

de Sondondo?, ¿en Concep-

ción?, ¿en Huánuco el Vie-

jo?) ni cuándo (Posnansky

supuso que en 1526, Porras

que en 1534 o 35, Lobsiger

que en 1545). Se ignora, tam-

bién, dónde y cuándo falle-

ció (¿en Lima, poco antes

de 1620?). En un tiempo se

creía que viajó por todo el

territorio andino compo-

niendo su crónica a lo largo

de varias décadas. Se discute

un presunto linaje aristocrá-

tico que lo vincula con los

antiguos señores de Huánu-

co, los

curacas

yarohuilcas y

por la vía materna con el

propio Túpac Yupanqui. Se

piensa que aprendió castella-

no y a leer y escribir bajo la

tutela de un hermano mayor,

sacerdote mestizo (y “sir-

viendo a los doctores”,

como declara él mismo).

Se supone que sirvió

como intérprete, que acom-

paño a funcionarios colonia-

les, que guió a extirpadores

de los cultos nativos, que

tuvo cargos de autoridad

entre indios. Todo es posi-

ble en la vida de este cronis-

ta andariego que, según nos

cuenta, “se hizo pobre y des-

nudo sólo para alcanzar y ver

el mundo” y decidió «meter-

se con los pobres treinta

años».

Apenas un poco más es

lo que conocemos sobre sus

últimos años, cuando ya an-

ciano, desilusionado y pobre,

desde su rincón familiar en

la provincia de Lucanas em-

prendió viaje a pie, rumbo a

Lima, llevando su manuscri-

to para enviarlo al rey. Pero

aquí, una vez más, se desva-

nece su huella.

Son, pues, tantos los

enigmas que plantea la tra-

yectoria vital del cronista que

Rolena Adorno afirma que,

por ahora, su reconstrucción

«es tarea imposible».

LA

NUEVA CRÓNICA

:

¿LECTURA DIFÍCIL?

Si es incierta su huella

biográfica, tampoco su mo-

numental crónica luce crista-

lina a la primera ojeada. Cier-

to es que sus casi 400 dibu-

jos, por su diestra combina-

ción de espontaneidad artís-

tica y agudeza, de sencillez y

detallismo, hablan al ojo sin

intermediarios ni explicacio-

nes. Pero las casi 800 pági-

nas del texto manuscrito han

ganado fama de áridas y de

lectura difícil. Como tantas

verdades a medias, que im-

presionan y convencen cuan-

do son muy repetidas, no es

tan sencillo desmontar esta.

Pero vale la pena intentarlo.

En el pasado todos nos hi-

cimos cruces ante su prosa

enrevesada, su ortografía y

sintaxis caprichosa, su turbia

gramática de indio que no ha

terminado de aprender el

castellano. Se llegó a decir

que es necesario interpretar

o descifrar (incluso ‘traducir’)

el texto manuscrito. Se le ha-

lló contradicciones y ambi-

güedades, deslices históricos,

errores geográficos, se su-

brayó exageraciones y fanta-

sías. Por todo lo cual sigue

flotando por allí una ingrata

y deslucida imagen de

Huamán Poma como escri-

tor embrollado, un poco

tremendista y un poco inse-

guro, que hay que traducir

para entender y al que, en fin

de cuentas, no debe tomar-

se muy en serio.

Hay mucho que respon-

der si se toma al pie de la

letra esas críticas que, a la luz

de estudios recientes, pare-

cen más apresuradas que jus-

tas. Pero, antes que nada,

debe quedar en claro que a

todos los cronistas colonia-

les se les podrían hacer car-

gos parecidos y aún más gra-

ves en asunto de contradic-

ciones y errores. Como tam-

bién en eso de fantasías (de

las involuntarias y de las

otras) y, peor aún, en el ma-

nejo sesgado de la informa-

ción. Por último, si se hubie-

sen conservado sus manus-

critos originales, como ocu-

rre en el caso de Huamán

Poma, sospechamos que al

leer las crónicas escritas por

españoles de otra época su

puntuación y su ortografía y

su concordancia –y otros

dengues– dejarían pasmado

al lector común.

También nuestro escritor

indio es de otra época. Al

menos en cuestión de fechas.

Pero a cuatro siglos de dis-

tancia todavía su idioma, su

castellano híbrido, se parece

mucho al que hoy hablan y

escriben tantos peruanos bi-

lingües nacidos a la lengua

quechua. Las ‘incorrecciones’

de ese castellano hallan su

razón de ser en las diferen-

cias que existen entre ambas

lenguas.

En primer lugar, las que

hay entre las estructuras gra-

maticales, cada una con sus

propias reglas de construc-

ción y de concordancia. For-

mas peculiares en Huamán

“La historia oficial desconfía de los inconformes y de su voz crítica,

porque ve en ellos amenazas contra el orden establecido. De ahí su empeño por

opacar o disminuir esas presencias incómodas como quien cubre la vista con

las manos frente a una luz fuerte que hiere los ojos”.

Los reservistas en el día del indio, 1974.