

LIBROS & ARTES
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denado al purgatorio por
dos siglos, hace apenas po-
cos lustros que su figura, has-
ta entonces recluída en mo-
destos párrafos en los tex-
tos escolares, se elevó final-
mente a las alturas del sím-
bolo. Pero en su caso se die-
ron la mano diversos facto-
res. Por un lado, las investi-
gaciones de algunos estudio-
sos como las del tenaz Car-
los Daniel Valcárcel o las de
Boleslao Lewin, Jorge Cor-
nejo Bouroncle o John
Howland Rowe, que abrían
camino con hallazgos docu-
mentales e iniciaban una se-
ria revisión de las causas y
consecuencias de la gran re-
volución abortada. Por otro
lado, como trama de fondo,
la coyuntura nacional, la in-
quietud campesina, las refor-
mas de Velasco. Y, a pesar
de algún sesgo manipu-
latorio, tras 200 años de exi-
lio la adhesión tupacamarista
ganó un aura popular que
despertó simpatías más allá
de nuestras fronteras.
Es posible que a esta rei-
vindicación tardía, por la cual
Túpac Amaru “se retrató en
el dinero”, la favorecieran
también esos contornos de
ocasión perdida y tragedia
de la gran gesta libertaria de
1780 y del suplicio del cau-
dillo indio inmolado por
sembrar la semilla de la liber-
tad en el Perú.
HUAMÁN POMA:
ENIGMAS
BIOGRÁFICOS
Con Huamán Poma,
gran inconformista, las aguas
han corrido por otros cau-
ces. No parecen fáciles de
asir su vida y su obra escrita.
No tiene la primera esos ras-
gos de santidad o heroísmo
que de inmediato crean en-
tusiasmos. Y su crónica co-
lonial, quizá el más valiente
alegato contra la injusticia
que se haya escrito en el Perú,
carece de aquella prosa ame-
na y florida que ha hecho la
fortuna de los
Comentarios rea-
les de los incas
de Garcilaso de
la Vega.
Son rarísimos los docu-
mentos de la época que lo
mencionan –y no le hacen
favor, algunos. Para contar–
nos sus andanzas y penurias,
sus anhelos y frustraciones,
para mostrarnos un Huamán
Poma de carne y hueso sus
biógrafos –incluídos los me-
jores, Raúl Porras ayer, hoy
Rolena Adorno– han debi-
do apoyarse en los datos que
dispersó en las 1,179 pági-
nas de su crónica y suplir los
tremendos vacíos de la in-
formación mediante conje-
turas sobre amplios períodos
de su vida que aún siguen en
la bruma.
Ni siquiera se sabe dón-
de nació (¿en San Cristóbal
de Sondondo?, ¿en Concep-
ción?, ¿en Huánuco el Vie-
jo?) ni cuándo (Posnansky
supuso que en 1526, Porras
que en 1534 o 35, Lobsiger
que en 1545). Se ignora, tam-
bién, dónde y cuándo falle-
ció (¿en Lima, poco antes
de 1620?). En un tiempo se
creía que viajó por todo el
territorio andino compo-
niendo su crónica a lo largo
de varias décadas. Se discute
un presunto linaje aristocrá-
tico que lo vincula con los
antiguos señores de Huánu-
co, los
curacas
yarohuilcas y
por la vía materna con el
propio Túpac Yupanqui. Se
piensa que aprendió castella-
no y a leer y escribir bajo la
tutela de un hermano mayor,
sacerdote mestizo (y “sir-
viendo a los doctores”,
como declara él mismo).
Se supone que sirvió
como intérprete, que acom-
paño a funcionarios colonia-
les, que guió a extirpadores
de los cultos nativos, que
tuvo cargos de autoridad
entre indios. Todo es posi-
ble en la vida de este cronis-
ta andariego que, según nos
cuenta, “se hizo pobre y des-
nudo sólo para alcanzar y ver
el mundo” y decidió «meter-
se con los pobres treinta
años».
Apenas un poco más es
lo que conocemos sobre sus
últimos años, cuando ya an-
ciano, desilusionado y pobre,
desde su rincón familiar en
la provincia de Lucanas em-
prendió viaje a pie, rumbo a
Lima, llevando su manuscri-
to para enviarlo al rey. Pero
aquí, una vez más, se desva-
nece su huella.
Son, pues, tantos los
enigmas que plantea la tra-
yectoria vital del cronista que
Rolena Adorno afirma que,
por ahora, su reconstrucción
«es tarea imposible».
LA
NUEVA CRÓNICA
:
¿LECTURA DIFÍCIL?
Si es incierta su huella
biográfica, tampoco su mo-
numental crónica luce crista-
lina a la primera ojeada. Cier-
to es que sus casi 400 dibu-
jos, por su diestra combina-
ción de espontaneidad artís-
tica y agudeza, de sencillez y
detallismo, hablan al ojo sin
intermediarios ni explicacio-
nes. Pero las casi 800 pági-
nas del texto manuscrito han
ganado fama de áridas y de
lectura difícil. Como tantas
verdades a medias, que im-
presionan y convencen cuan-
do son muy repetidas, no es
tan sencillo desmontar esta.
Pero vale la pena intentarlo.
En el pasado todos nos hi-
cimos cruces ante su prosa
enrevesada, su ortografía y
sintaxis caprichosa, su turbia
gramática de indio que no ha
terminado de aprender el
castellano. Se llegó a decir
que es necesario interpretar
o descifrar (incluso ‘traducir’)
el texto manuscrito. Se le ha-
lló contradicciones y ambi-
güedades, deslices históricos,
errores geográficos, se su-
brayó exageraciones y fanta-
sías. Por todo lo cual sigue
flotando por allí una ingrata
y deslucida imagen de
Huamán Poma como escri-
tor embrollado, un poco
tremendista y un poco inse-
guro, que hay que traducir
para entender y al que, en fin
de cuentas, no debe tomar-
se muy en serio.
Hay mucho que respon-
der si se toma al pie de la
letra esas críticas que, a la luz
de estudios recientes, pare-
cen más apresuradas que jus-
tas. Pero, antes que nada,
debe quedar en claro que a
todos los cronistas colonia-
les se les podrían hacer car-
gos parecidos y aún más gra-
ves en asunto de contradic-
ciones y errores. Como tam-
bién en eso de fantasías (de
las involuntarias y de las
otras) y, peor aún, en el ma-
nejo sesgado de la informa-
ción. Por último, si se hubie-
sen conservado sus manus-
critos originales, como ocu-
rre en el caso de Huamán
Poma, sospechamos que al
leer las crónicas escritas por
españoles de otra época su
puntuación y su ortografía y
su concordancia –y otros
dengues– dejarían pasmado
al lector común.
También nuestro escritor
indio es de otra época. Al
menos en cuestión de fechas.
Pero a cuatro siglos de dis-
tancia todavía su idioma, su
castellano híbrido, se parece
mucho al que hoy hablan y
escriben tantos peruanos bi-
lingües nacidos a la lengua
quechua. Las ‘incorrecciones’
de ese castellano hallan su
razón de ser en las diferen-
cias que existen entre ambas
lenguas.
En primer lugar, las que
hay entre las estructuras gra-
maticales, cada una con sus
propias reglas de construc-
ción y de concordancia. For-
mas peculiares en Huamán
“La historia oficial desconfía de los inconformes y de su voz crítica,
porque ve en ellos amenazas contra el orden establecido. De ahí su empeño por
opacar o disminuir esas presencias incómodas como quien cubre la vista con
las manos frente a una luz fuerte que hiere los ojos”.
Los reservistas en el día del indio, 1974.