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LIBROS & ARTES

Página 15

LOS MIL ROSTROS DEL

ROSTRO PERUANO

Pablo Macera

l mundo es chico y el Perú es un pañuelo y ningún

fantasma está definitivamente muerto en nuestro

país. Lo digo porque ha resultado un impacto descubrir

que el primer elemento común que tendría con el Chino

Domínguez es el de haber sido ambos amigos de Juan

Mac Lean, un aprista puro y joven asesinado en las cár-

celes del Callao por orden de la dictadura de Odría.

Domínguez y yo pertenecemos a las gentes que nacie-

ron entre los pañales de la crisis de 1929. De algún modo,

cada uno en diferentes sectores, todos aquellos que co-

menzamos las décadas grises de 1930-1950 aparecemos

marcados por una cierta perspectiva cáustica de la reali-

dad nuestra. Las fotografías del Chino Domínguez con-

tienen calidades dispares que confluyen en una imagen

crítica, dura, burlona, austera, hecha con amor a la gente

pequeña y humilde y sin reverencia para el grande.

Obrero a los 12 años de edad en la fábrica de cristales

Ferrand, Domínguez, a los 14 años, ganó su primer con-

curso artístico con un afiche que le pidieron sus compa-

ñeros de trabajo para un certamen deportivo. Quizás en

ese reconocimiento público encontró el Chino la moti-

vación externa para dejar el trabajo de la fábrica e iniciar

su aprendizaje en un taller de fotografía profesional. El

Chino recuerda con agradecimiento y cariño a Antonio

Noguchi, un serio y callado fotógrafo japonés, especia-

lista en retoques, quien con enorme paciencia y despren-

dimiento le enseñó los primeros pasos en la técnica fo-

tográfica. Corría entonces el peligro de quedar varado

indefinidamente en la práctica cotidiana. Lo advierte

decidiendo salir del Perú. No importa muy bien dónde.

Su primer puerto es Argentina. Allí aprendió en el Insti-

tuto de fotografía Sandy. Obtiene una beca y como re-

sultado de un segundo premio ingresa por primera vez

como reportero de la revista

El gráfico

al lado de Félix

Frascara. Viaja después a Chile y toma contacto con los

desterrados apristas. Regresa al país e inicia su carrera

como fotógrafo periodista en

Impacto

,

Presente

y

La Tri-

buna

. No es un fotógrafo de partido. Domínguez ha de-

fendido siempre su independencia como una

precondición para tener abiertos los ojos de su cámara.

Colabora en

El Comercio

,

Caretas

,

Oiga

,

La Prensa

. A partir

de 1965, en los siguientes 25 años quizás no hay revista

o periódico peruano que no haya publicado alguna foto-

grafía del Chino Domínguez.

Hay en todas las actividades el equivalente a los hori-

zontes culturales (Chavín, Wari, Inca). Personas y obras

que marcan época y estilo. Courret en el siglo pasado, la

Escuela Cuzqueña (Chambi, Guillén). La fotografía ar-

queología (Rojas), etc. Domínguez debe ser mencionado

entre estos pilares en el desarrollo de la fotografía-arte y

testimonio.

La autoselección que presenta Domínguez contiene

los registros más variados: huelgas, grandes personajes

ridículos, pequeños dramas cotidianos, enfrentamientos

y movimientos de masas, testimonios, imágenes de ter-

nura, ídolos deportivos, la bohemia, los mil rostros del

rostro peruano.

Al final, después de mirar estas fotografías uno se pre-

gunta con cierto asombro: ¿esto somos?

Es una pregunta que gracias al Chino Domínguez la

podemos hacer con humildad y orgullo al reconocernos

en todas las calidades y miserias que él retrata. Al com-

prender que somos un país maravilloso y maltratado don-

de el futuro pugna.

E