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LIBROS & ARTES

Página 5

sar su mundo interior, y así

como Guamán Poma apela

en su dicción castellana a

vocablos quechuas, Vallejo

recurre a arcaísmos, neolo-

gismos, a una sintaxis entre-

cortada que expresa un mun-

do caótico interior. Y si la

Coronica

de Guamán Poma

describe las exacciones que

sufrían los indios,

Trilce

evi-

dencia el exacerbado sufri-

miento personal. Vallejo,

como Arguedas, tiene algo

de Garcilaso, sobre todo en

su obra posterior. Expresa el

sufrimiento de un pueblo. Es

un gran poeta no solamente

porque tiene un estupendo

dominio formal, sino tam-

bién porque personas dise-

minadas en todo el planeta

que toman contacto con sus

poemas quedan conmovi-

das, trasfiguradas. Y esto

ocurre porque Vallejo sigue

siendo un poeta del presen-

te. Nadie como él represen-

ta la voz de los que no pue-

den expresarse, de los desa-

rrapados, de los migrantes,

de los que no tienen trabajo

ni qué comer en tierra ex-

tranjera o que son extranje-

ros en la suya. Así se puede

leer en su poema

«La rueda

del hambriento»:

Un pedazo de pan ¿tampoco ha-

brá ahora para mí?

Ya no más he de ser lo que siem-

pre he de ser,

pero dadme,

por favor, un pedazo de pan en

qué sentarme,

pero dadme

en español,

algo, en fin, de beber, de comer, de

vivir, de reposarse,

y después me iré…

Hallo una extraña forma, está

muy rota

y sucia mi camisa

y yo no tengo nada, esto es ho-

rrendo.

¿Cómo llamar, cómo cla-

sificar a Arguedas y Vallejo

en el contexto de la literatu-

ra peruana de hoy? Ya en

1918, un escritor muy joven

nacido en Puno, Ernesto

More, planteó que era nece-

saria una literatura, que llamó

Andinista, que plasmara

literariamente el diálogo del

hombre y la naturaleza y que

no se perdiera en el polvo,

las costumbres y la gloria del

imperio incaico.

A fines de los años vein-

te, un grupo también pu-

neño, Orkopata, sentó las

bases de esa posibilidad

andinista que sigue viva en-

tre nosotros. En el grupo

Orkopata destaca Gamaliel

Churata, verdadero gonfalo-

nero entre los años 1926 y

1931. Dueño de un prosa

proteica y mestizamente ba-

rroca es al mismo tiempo un

poeta vigoroso, un rotundo

y enérgico vate andinista del

Perú. Poeta mayor y magní-

fico, Churata merece salir,

como está saliendo ya, de los

cenáculos de los escogidos

que han venido compartien-

do en secreto la calidad de su

obra para incorporarse en un

lugar destacado dentro de la

tradición de una litertura que

poco a poco va mereciendo

el nombre de nacional.

En las últimas décadas

dos son los poetas andinistas

que mejor se han mezclado

con los gentiles, conservan-

do su condición peculiar:

Mario Florián y Efraín Mi-

randa. Florián ganó el Pre-

mio Nacional de Poesía en

1944 y ha amplificado la

potencia de su voz gracias a

la recepción enorme que tie-

nen sus poemas entre los

maestros. Efraín Miranda,

como Garcilaso otrora, se ha

apoderado tempranamente

de la lengua castellana y es-

cribe en 1954 un poemario

de tono rilkeano, pero en

1978, habiendo regresado a

la comunidad puneña de

Jacha Juinchoca para laborar

como maestro, sorprendió

con un poemario,

Choza

*,

que revoluciona no solamen-

te las nociones del indige-

nismo, sino la poesía del

Perú, a pesar de que ha sido

relativamente silenciado. El

poeta habla y escribe como

un comunero indio que ma-

neja bien el castellano, en ese

sentido más cerca de

Garcilaso que de Guamán

Poma. Elimina cuidadosa-

mente toda referencia que

pueda parecer rebuscada o

tópica; no usa vocablos

quechuas o aimaras, pero su

sintaxis está influida por el

sustrato aborigen: no habla

con cólera del misti o del

burgués, pero está enfrentan-

do constantemente al cam-

pesino y sus valores cultura-

les con el hombre de la ciu-

dad que lo sojuzga y

malinterpreta. Poesía llena de

tensiones la suya, expresa las

contradicciones vitales y lite-

rarias que se viven con inten-

sidad en la cultura peruana

de hoy:

La gramática española cuelga des-

de Europa

sobre mis Andes,

interceptando su sincretismo

idiomático.

Sus grafías y fonemas atacan con

los caballos

y las espadas de Pizarro.

Mi lenguaje resiste, se refugia, lo

persiguen,

lo desmembran.

En tantos siglos de guer ra

intercultural

todas las batallas hemos perdido.

Ellos tienen todos los elementos a

su alcance:

Su estrado mayor en la Real Aca-

demia

y sus soldados intelectuales;

los nuestros, nada, un agrupamien-

to pasivo al modo Tupaca-

maru segundo.

En mi choza ha caído la mano

perdida del Manco de

Lepanto

con vidrios, ácidos, alfileres

que contorsionan mi lengua

y sangran mi boca.

Incluisive la más distraí-

da lectura del poema de Mi-

randa nos muestra que para

expresar el sufrimiento del

campesino, el poeta escoge

el castellano, la lengua franca

del país. De otro lado, es

cierto que hay tendencias cen-

trífugas en nuestro castella-

no regional. Inclusive hay al-

gunos que piensan que esta-

mos en la víspera de la fun-

dación de un nuevo lengua-

je, el “peruano”. La respuesta

demorará decenios o siglos,

pero la tendencia centrípeta

es muy poderosa y nos ha-

bla de algo que creemos y

defendemos: la unidad y la

diversidad de la lengua cas-

tellana.

En 1996, en un progra-

ma de la televisión francesa

se entrevistó al mismo tiem-

po a Umberto Eco, Salman

Rushdie y Mario Vargas

Llosa. Eco se refirió a la cul-

tura europea desde los grie-

gos hasta nosotros, Rushdie

contó las complejas relacio-

nes en la India y Pakistán,

entre tradiciones diversas, y

Mario Vargas Llosa, a me-

nudo presentado como un

escritor antitético a José Ma-

ría Arguedas, reclamó para

sí y para todos los escritores

nacidos en el Perú el carác-

ter de andinos. Y tenía ra-

zón. Es cierto que un escri-

tor de su potencia creativa

puede escribir ficciones que

se desarrollen en cualquier

parte del mundo, pero no es

azar que casi todas ocurran

en el Perú, con dos excep-

ciones, una en Brasil y otra

en República Dominicana.

En su escritura palpita la len-

gua de Rodrigo Díaz de Vi-

var y San Juan de la Cruz,

pero también el depurado

español de Garcilaso el Inca

y la jerigonza de Guamán

Poma.

El escritor peruano

Rodolfo Hinostroza ha es-

crito un libro de ficción que

titula

Cuentos de extremo occiden-

te.

Y este es el resumen de lo

dicho: la literatura peruana es

al mismo tiempo occidental

y andina.

* Efraín Miranda.

Choza

. Lima,

1978.

La huaconada de Junín, 1960.