

LIBROS & ARTES
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ada uno de ellos supo
bien lo que decían o
dejaban de decir y decían a
medias. En sus respectivas
obras siempre estuvieron
como entre burlas y veras
desafiándonos a que sepa-
mos cuánto hay de segunda
verdad en lo que dicen. Así
podemos comprender la
exasperación criolla de
Manuel Gonzáles de La
Rosa a fines del XIX cuando
acusó de plagiario al Inca.
Cincuenta años despues Raúl
Porras explicó que Gonzáles
de La Rosa proyectaba
sobre la relación Garcilaso/
Blas Valera las propias
experiencias de Gonzales de
La Rosa con un americanista
que lo despojó de sus inves-
tigaciones sobre Colón.
Quizás hubo algo más: la
incredulidad exasperada de
Gonzáles de La Rosa quien,
a pesar de su tomismo
aristotélico era hombre
simple para quien el día era
día y la noche, noche y
hubiera muerto por un
ataque de incomprensión si
hubiera ojeado alguna
página de la
Nueva corónica
.
Todo esto viene a propósito
de un “plagio” (que no lo es)
de Garcilaso y que Gonzales
de La Rosa felizmente no
detectó porque no era
amigo de poemas. Fue un
semiplagio entre burlas y
veras cometido por el Inca
en agravio de su lejano
pariente el Marqués de
Santillana. Santillana era un
mujeriego notorio, muy
aficionado a las jóvenes
campesinas que le inspiraron
muchas de sus
Serranillas
.
Una de ellas, la IX, escrita
hacia 1430, dice: “Dixo:
‘
Cavallero, / tiratvos á fuera:
dexat la vaquera / passar al
otero; ca dos labradores /
me piden de Frama, /
entrambos pastores
’
”.
Sin duda ese poema fue
leído por el Inca Garcilaso
pues calladamente lo inter-
cala y hace suyo en prosa
para ubicarlo en el Perú y no
en España en el segundo
libro de los
Comentarios Reales
(cap. 26) dedicado a la
geometría, geografía, aritmé-
tica y la música:*
“Un español topó una
noche a deshora en el Cuzco
una india que él conocía, y
queriendo volverla a su
posada, le dijo la india:
–Señor, déjame ir donde
EL INCA
GARCILASO Y EL
MARQUÉS DE
SANTILLANA
Pablo Macera
Garcilaso es un enigma, diferente al
enigma Guamán Poma pero igualmente complicado. De ambos
podría decirse lo que el propio autor de la
Nueva corónica
dijo del Perú como
territorio: además de sus aparentes medidas lineales el Perú es multiplicado
en cinco y diez veces por «lo doblado de la tierra».
* Varias veces en el curso de su obra
Garcilaso disfrutó al exhibir sus
conocimientos de música. En el capítulo
que comentamos, al hablar de música
de los Collas dice que sus instrumentos
era a modo de órganos porque cada
cañuto tenía un punto más alto que el
otro, con las cuatro voces naturales. De
modo que un indio respondía al otro en
consonancia de quinta u otra cualquiera
subiendo los puntos altos o bajando los
bajos siempre en compás. “No supieron
echar glosa con puntos disminuidos pues
todos sus puntos eran enteros y sus
flautas hasta de cinco puntos”.
** En el propio Santillana hay dos
vertientes. En una el gran señor y la
campesina tienen acuerdo de amores.
Lo contrario ocurre en otras Serranillas
(2, 4, 5, 6). Incluso al propio marqués
lo amenaza una montañesa con su dardo
pedrero. Garcilaso obviamente prefiere
este segundo ejemplo pues, como en otra
oportunidad dice, no era amigo de “entre
meses deshonestos viles y bajos” sino
de “cosas graves y honestas con senten-
cias y donaires permitidos”.
C
Tacora Mater, 1968.
voy; sábete que aquella flauta
que oyes en aquel otero me
llama con mucha pasión y
ternura, de manera que me
fuerza a ir allá. Déjame, por
tu vida, que no puedo dejar
de ir allá, que el amor me
lleva arrastrando para que yo
sea su mujer y él mi marido”.
¿Cómo explicar esta
similitud entre las
Serranillas
y los Comentarios
? Similitud
tan obvia que bien podía ser
advertida por cualquiera de
los eruditos amigos que en
Córdoba hacían tertulia con
Garcilaso. Se trata más bien
de una broma secreta desti-
nada a los entendidos. Pero
una broma con algo de sal y
pimienta a favor tanto de la
campesina peruana como
de los españoles del Perú
pues la serranilla espa-ñola
acepta los requiebros del
Marqués (“... y fueron las
flores ... los encubridores”)
mientras que la moza
cusqueña rechaza los reque-
rimientos del soldado es-
pañol, que no insiste.** Hay
en todo esto un buen
ejemplo de esa mentalidad
de contrapunto que caracte-
riza a Garcilaso y sirve tan
bien a la gente vencida para
subir más alto del sitio al que
cayeron en su derrota.
Lima, diciembre 2005