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LIBROS & ARTES

Página 11

Poma como ‘las paredes es-

taba guarnecida de oro’, ‘los

cristianos conquistó la tierra’,

‘estos dichos cárceles había’

o ‘cada cosa estaba señala-

do’ revelan, por debajo de

la expresión española, una

estructura gramatical que-

chua en que no hay termina-

ciones que indiquen género

masculino o femenino y en

la que no es imperioso con-

cordar el número del sujeto

singular o plural con el nú-

mero del predicado.

Frases como ‘sus hacien-

das de los pobres indios lo

acecha’, ‘de las Indias la pla-

ta alli para’, ‘del traidor con-

tra la corona real fue esta

batalla’ y tantas que es posi-

ble traer a cuento reflejan, por

su lado, la construcción

quechua con el verbo detrás

del complemento. Es obvio

que estas ‘anomalías’ en el

castellano del cronista remi-

ten a normas lingüísticas per-

fectamente válidas en su len-

gua materna.

En segundo lugar, dife-

rencias fonológicas. Más cla-

ro: modos de pronunciar y

de oír un idioma. El siste-

ma español de cinco voca-

les, frente a las tres fonémicas

del quechua -[a] [i] [u]-, sin

remedio plantea al quechua-

hablante que escribe o habla

en castellano las dudas

vocálicas e/i, o/u. Como es

lógico, el manuscrito de la

Nueva crónica

está tupido de

ellas: entencion, tuvu,

pistelencia, idulatra, curiusi-

dad, requiesas, murir, tinir,

hichecero, serimonia, ubiden-

cia, proeba, prencipal, ve-

sitar, ideficar, envincion,

cochillo, sais, gintil, ezquierdo,

pulicia, filusufia, niglegencia,

cudicia … Etcétera.

Todo esto no debería

preocuparnos mucho si no

fuera porque a veces se ha

cargado la mano sobre esos

rasgos idiomáticos del cro-

nista, como si fuesen agra-

vios contra la lengua españo-

la. Quizá para probar con

ello el caos lingüístico del

autor y convencernos de

cuán difícil es leerlo. Pero no

hay tal cosa. La

Nueva crónica

no exige claves para ser des-

cifrada ni su castellano está a

la espera de traducciones ca-

ritativas. Su comprensión no

es mucho más dificil que la

de tantos autores de los si-

glos 16 y 17. El trato que le

conviene es el mismo que se

sigue para editar una cual-

quiera de las crónicas de la

época, esto es, modernizar

ortografía, concordancia y

puntuación y redistribuir los

párrafos muy extensos res-

petando la integridad del tex-

to.

Otro es el caso de las edi-

ciones llamadas críticas, pre-

paradas por expertos, con

notas, índices, aclaraciones,

bibliografía.Como una exce-

lente que publicaron en 1980

John Victor Murra y Rolena

Adorno y que, además de sus

propios estudios, incluye tra-

ducciones de Jorge L.

Urioste de las frases que-

chuas contenidas en el origi-

nal. Trabajos tan arduos

como este son propios de

especialistas y tenemos con-

ciencia de nuestra escasa ca-

lificación para una edición de

ese nivel. Sin embargo, tam-

poco en ella se ha moder-

nizado la ortografía y, una

vez más, Huamán Poma

sólo puede ser leído por

una elite más o menos aca-

démica. Por el contrario,

nuestro deseo es producir

una edición popular que

ayude a conocer un poco

más la obra de Huamán

Poma y permita leerla sin

mayores tropiezos.

“PARA TODO

EL MUNDO”

La

Nueva crónica

, repeti-

mos, no está a la espera de

traducciones caritativas. Pero

no fue escrita, qué duda

cabe, para quedar entre las

manos de unos pocos elegi-

dos. Por eso nos alegra ver

cómo, conscientes de ello, los

huamanólogos se afanan

por estudiarla y difundirla

cada vez más. Ojalá que gra-

cias a estas devociones ten-

gamos pronto una edición

peruana, modernizada y

completa, que pueda ser leí-

da y disfrutada por muchos.

Así se cumpliría uno de los

anhelos que acarició el autor:

“Esta crónica es para todo

el mundo”, dicen las líneas fi-

nales de este libro extraordi-

nario y recio, escrito hace cua-

trocientos años por un hom-

bre de los Andes del Perú.

UNA VISIÓN INDIA.

EL ORDEN Y EL CAOS

Aún con ser tan valiosa

para nuestro conocimiento

del pasado remoto no es

mera diversidad o riqueza

temática lo que da carácter

único a la

Nueva crónica

. Mu-

chos cronistas se esmeraron

por alcanzar variación y ame-

nidad y algunos, como el

mestizo cuzqueño Garcilaso

de la Vega, lo consiguieron.

También hubo entre los pro-

pios españoles unos pocos

que levantaron la voz para

censurar con valentía la ex-

plotación colonial y los vicios

de un sistema impuesto por

la fuerza. En nombre de ellos

evoquemos al apóstol fray

Bartolomé de Las Casas, el

batallador cruzado de la de-

fensa de los indios, cuya lim-

pia figura no empañan los

siglos.

Pero hay algo que hace

diferente a Huamán Poma.

Es el haber mirado las cosas

desde adentro, con ojos de

indio -y no desde afuera, con

ojos de español. No es un

escritor neutral con una pe-

nosa lista de agravios sino

una voz nativa que respon-

de, con denuncias concretas

y acusaciones, a la domina-

ción colonial. “No hay justi-

cia para el indio”, dice a cada

paso.

A sus ojos el español es

un advenedizo que aspira a

ser un amo absoluto, que

burla sus propias leyes y tras-

grede las enseñanzas de la

moral cristiana. Desde las

entrañas de una sociedad

oprimida el cronista ve como

improvisados déspotas,

como señores absolutos, a

cuantos medran y sacan par-

tido del nuevo orden social,

sean corregidores, encomen-

deros, jueces, escribanos,

parientes y paniaguados,

mayordomos, mestizos, ca-

ciques venales y cómplices,

padres de doctrina y “hasta

sus fiscales y sacristanes”.

Antes hubo un Inca, dice.

Pero ahora, “¡cómo los po-

bres indios tienen tantos re-

yes Incas!”

Para el cronista todo evi-

dencia un profundo desor-

den moral y social provoca-

do por la invasión europea.

La conquista ha desquiciado

a la sociedad andina. Se

afllojan o disuelven los vín-

culos de la tierra, del paren-

tesco, de la comunidad, tan

caros al poblador de los

Andes. A las viejas formas

Los que pueden estudiar, 1974.