

LIBROS & ARTES
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Fuga de la muerte/ Paul Celan
Negra noche del alba la bebemos de tarde
la bebemos a mediodía de mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos
cavamos una fosa en los aires no se yace allí estrecho
Vive un hombre en la casa que juega con la serpiente que escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu pelo de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus
mastines
silba a sus judíos hace cavar una fosa en la tierra
nos ordena tocad a danzar
Negra noche del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana a mediodía te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
Vive un hombre en la casa que juega con las serpientes que escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu pelo de oro Margarete
Tu pelo de ceniza Sulamit cavamos una fosa en los aires no se yace allí estrecho
Grita hincad los unos más hondo en la tierra los otros cantad y tocad
agarra el hierro del cinto lo blande son sus ojos azules
hincad los unos más hondo las palas los otros seguid tocando a danzar
Negra noche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía de mañana te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
vive un hombre en la casa tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamit juega con las serpientes
Grita que suene más dulce la muerte la muerte es un Maestro Alemán
grita más oscuro el tañido de los violines así subiréis como humo en el aire
así tendréis una fosa en las nubes no se yace allí estrecho
Negra noche del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía la muerte es un Maestro Alemán
te bebemos de tarde y mañana bebemos y bebemos
la muerte es un Maestro alemán su ojo es azul
él te alcanza con bala de plomo su blanco eres tú
vive un hombre en la casa tu pelo de oro Margarete
azuza sus mastines a nosotros nos regala una fosa en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un Maestro Alemán
tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamit
(Traducción de José Luis Reina Palazón).
aficionada a la lectura y con-
tribuyó a que esta afición se
desarrollase en sus hijos.
La familia era judía alema-
na y no fue raro por eso que
el futuro poeta estudiase en
el kindergarten alemán, en
un colegio alemán, en una
escuela hebrea y, finalmen-
te, en un instituto estatal,
donde recibió clases de
rumano. La lengua mater-
na de Celan fue el alemán y
en ella se expresó
literariamente toda su vida.
Steiner, con cuya inteligen-
cia prodigiosa es muy difí-
cil disentir, después de elo-
giar la condición de políglo-
ta de Celan, puesto que tra-
ducía en seis o siete lenguas,
y de llamarlo el más inno-
vador y el más grande de
los poetas alemanes des-
pués de Hölderlin, sostiene
que vivió su propia atadura
a la lengua alemana como
algo casi insoportable. Dice
textualmente: «¿Pudo, de-
bió escribir en rumano, en
francés, o, lo que sería ideal,
en hebreo?» Argumenta
que el alemán era la lengua
de los sanguinarios que ex-
terminaron tanto a sus pa-
dres como a ese mundo pró-
digamente humano en el
que creció. ¿Era el alemán
una falsa lengua materna
para Celan? Todo indica
que no. Era la lengua de sus
preferencias literarias. La
que escogió para sus versos,
para su correspondencia,
para sus afectos. Emparen-
tado, por sus calidades lite-
rarias, con Hölderlin, como
quiere justamente Steiner, lo
está en una lengua común,
que es, sobre todo, la de
Goethe, la de Mann, la de
Brecht y no la de Hitler y sus
secuaces, diabólicamente
simple, con su propia sintaxis
y su propia semántica. La
mayor intensidad lírica de la
lengua alemana en el siglo
XX está ligada a la escritura
de Celan.
La vida trágica de Ce-
lan en Czernowitz ha sido
contada muchas veces. Bas-
te recordar que la ciudad
sufrió iniquidades bajo el
dominio de rusos y de ale-
manes. En un clima poco
propicio, Celan hizo de todo,
desde picapedrero, hasta
profesor. Sus padres, que
trabajaban en trabajos de
reparación de carreteras
murieron, como tantos
otros, asesinados, cuando
desfallecían en las labores.
Cuando finalizó la guerra,
Celan encontró trabajo en
Bucarest como traductor
del ruso. Entonces tradujo
Un héroe de nuestro tiem-
po
de Lermontov, excelen-
te relato que llamó podero-
samente su atención. En
esta época dedica todos sus
poemas a Ruth Lackner,
con quien tuvo lo que pue-
de llamarse una confusión
de sentimientos que acabó
definiéndose como una
hermandad. De Bucarest
pasó Celan a Viena y lue-
go Muhlau, para visitar la
tumba de Trakl, y, final-
mente París, donde estudió
literatura germánica.
Se casó en 1952 con
Gisele de Lestrange, con la
que tuvo dos hijos, Fran-
çois, que murió, y Eric, na-
cido en 1955. Desde enton-
ces, hasta 1970, trabaja en
la edición de sus libros y
recibe los más importantes
premios literarios alemanes
y el testimonio de admira-
ción de Heidegger.
Cuando Celan murió
Henri Michaux escribió:
«Paul Celan se encontró en
el camino de la vida con
grandes obstáculos, muy
grandes obstáculos, algunos
casi insuperables, y uno, el
último, insuperable de ver-
dad. Fue en aquel penoso
periodo donde tuvo lugar
nuestro encuentro, donde
nos conocimos…sin cono-
cernos. Hablamos mucho
con el fin de no tener que
hablar. En él, lo que era gra-
ve era demasiado grave. No
hubiera consentido que al-
guien se entrometiera. Para
detenerte, utilizaba con fre-
cuencia una sonrisa, una
sonrisa que había pasado
por mil naufragios. […] La
cura que la escritura le pro-
porcionaba no era suficente,
no ha sido suficiente. Sal-
tos en balde. Siempre en la
sala de los gritos, apretujado
en los instrumentos de tor-
tura. Cada vez, un cielo de
tinta. Cada día trae final-
mente su golpe.
Se nos ha ido. Claro que
no podía escoger. El fin no
*** Paul Celan.
Obras
completas.
Traducción de José
Luis Reina Palazón. Madrid. Edi-
torial Trotta. 2002. 526 pp.
será tan largo. A flor de
agua, el cadáver tranquilo.»
CELAN EN ESPAÑOL
La poesía de Paul Ce-
lan empezó a conocerse en
español en los años setenta,
con las traducciones de
Francisco Elvira-Hernández,
de Ángel Valente y de Jai-
me Siles y, en los años
ochenta, de Jesús Munárriz.
Casi al fin del segundo
milenio, en 1999, con ree-
diciones el 2000 y el 2002,
por primera vez se vierte al
español la obra completa de
Paul Celan, en ajustadas
versiones de José Luis Rei-
na Palazón, traductor tam-
bién de Rilke, Goethe y
Trakl. Por este trabajo Rei-
na Palazón mereció el Pre-
mio Nacional de Literatura
de España en el área traduc-
ción.*** Es cierto que no es
lo mismo paladear a un poe-
ta en su lengua original que
en versiones traducidas,
pero, por eso mismo, apre-
ciamos el esfuerzo del in-
termediario, que aparte de
filólogo, es también poeta.
Sabido es cómo lucha un
buen poeta con el lenguaje,
cómo llega a los bordes de
la significación y se precipi-
ta en lo desconocido. Un
poema de Celan, como otro
de Vallejo en «Trilce», no
dice lo que todos saben, no
usa el lenguaje de todos los
días para expresar fáciles
significados, remonta las
aguas del idioma para llegar
a los orígenes. En cierto sen-
tido nos lleva al futuro, pues
dice cosas nunca dichas,
pero también a la chispa que
llamamos creación y que es
el origen del mundo. Mallar-
mé, hablando de la Santa que
dondonea un instrumento
que es un ala, la llamó
tañedora de silencio. La poe-
sía de Celan viene del silen-
cio también, pero más toda-
vía, del pánico de la soledad
del universo, del sufrimien-
to radical del individuo arro-
jado entre las cosas, entre las
bestias que aparentemente
son sus semejantes. Nunca la
lenga alemana ha sonado tan
lúgubre y tan nítida como en
el poema “Todes-fuge”
(“Fuga de la muerte”)