Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Jimmy Martínez 93 aborrecerían a quantos intentassen desegañarlos y apartarlos de su mala creencia y peores oficios todos fundados en ella. Con todo hizieron nuestros missioneros el suyo tan escogidamente que allanando todas las dificultades vencieron su rebeldía y en treinta y quatro pueblos que anduvieron visitaron cinco mil seiscientos y noventa personas, y a hallaron seiscientos y setenta y nueve hechizeros, seiscientas y una guacas públicas comunes que derrivaron, tres mil y quatrocientos y veinte y ocho conopas que son ídolos particulares y caseros, seiscientos y quarenta y cinco malquis que son cuerpos de indios secos y destos los quatrocientos y setenta como hurtados de las iglesias para llevar a sus huacas, setenta y tres brujos maléficos que con pacto espreso con el demonio acian grandes daños en sus pueblos, y de los reducidos icieron dos mil y quatrocientas confesiones generales y con estos y otros gloriosos frutos volvieron acabada su missión goçosos a su colegio (como dize David de los segadores que primero sembraron con trabajo y dolor) para repararse en el espíritu y cobrar aliento para volver a continuar en otras partes diferentes missión de tanta importancia y gloria de nuestro señor. [p.52] Después destas missiones se siguió la de la probincia de Conchucos que dista de la ciudad de los Reyes ochenta leguas a la parte del norte y es el último término deste arçobispado hacia el de Truxillo, toda de gente tosca y mal cultivada hasi por saber poco de la lengua general como por no aber quién sepa la suya materna. Y no es menos estorbo el aver en ella muchos obraxes en que se texen lanas y por la continuación y tareas de sus labores están muy impedidos para todo lo que toca a sus almas assi de doctrina como de sacramentos por donde ellos mesmos confiessan que están poco menos que en su antigua gentilidad, ni jamás avia entrado nuestra compañía a estas provincias ni tenían más noticias della que aver passado algunos de los nuestros por allí viniendo de Chachapoyas o de Quito entre los quales fue uno el padre Juan Beltran Dábila que murió allí y fue enterrado en el pueblo de la Pallasca cabeza de la provincia. Aquí pues començaron los padres su missión, entablando los ministerios hordinarios a que acudían todos con gusto, pero començando el negocio de inquirir si avia idiolatría hallaron grande rebeldía en los indios porque negavan pertinacissimamente tener cosa de aquel género alegando para esto raçones al parecer probables: 1ª que fueron allí un tiempo curas los religiossimos padres de San Agustín y que estos avian quitado y quemado quantos ídolos avia, 2ª el mucho aparato y adorno que tenía sus iglesias que todo era argumento de fe verdadera y conciencia limpia deste género de maldad, 3ª que avia pocos meses antes hecho nueva inquisición su cura propietario sin allar nada, 4ª ser los caciques muy ladinos y hechos al trato de los españoles y por el tanto aborrecían como ellos todas estas inmundicias. Casi creyeron los padres todo esto y estuvieron en puntos de dexarlos y lo cierto es que a quedar aquel pueblo sin visita siguieran los demás su exemplo negando como ellos y el cáncer quedara encubiertos, y en toda su fuerça no lo permitió el señor y assi inspiró al visitador que prendiese al curaca principal y este viéndose en la cárcel con las visitas y persuasiones de los padres vino a declarar quanto se desseaba saber de huacas y hechiceros. Con esto, sabidos los lugares fueron antes todas cosas nuestros obreros a sacar las huacas de los adoratorios y poner cruzes, estavan muy lexos en

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