Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Jimmy Martínez 91 ídolos que decían ser comunes a todos, un indio que avia estado ausente preguntó a otro buen christiano y enseñado en las cosas de la fee qué haría del ídolo particular que tenía en su cassa porque no sabía él del trato y concierto común de los demás y con solo este primer indicio que fue como hilo para sacar el ovillo avisó el indio fiel a los padres que avia sin duda en cada cassa su particular idiolatría y con esto apretando a los otros y con la fuerça de los tormentos iban manifestando las que tenían encubiertas, y para dar razón de por qué adoraban començaron unas historias tan fabulosas como las que los antiguos romanos y griegos tenían y davan a los dioses. Algunas destas quedan referidas arriba y por esto no se ponen aquí las que son semejantes, solo se dirá una por la especial que contiene porque preguntándoles cómo adoravan aquellas piedras que no tenían vida ni entendimiento respondían que le avian tenido antes por quanto en tiempo muy antiguo antes de los Incas todas las guacas eran hombres y mujeres, pero que salió de la laguna de Chucuyto un gran gigante Dios de aquella tierra llamado Chari Viracocha que tenía barbas, y que por tenerlas también los españoles y parecer en esto a su Dios los llamaron Viracochas, dezian pues que este gigantón por donde quiera que pasaba conbertía a los hombre y mujeres en piedras. Supieron esto los indios de aquella provincia y aliándose con los de Conchucos trataron entre sí de hazer una cassa grande con cierta hoya o trampa en que cogiesen al Guari, que asi le llamavan para que muriese en ella. Convidaronle para el efecto a que se fuese a holgar a aquella cassa de recreación, pero el que era muy sabio entendió luego la maraña y disimulando antes de entrar a la cassa hizo juntar toda la jente a las puertas della y allí los combirtió todos en piedras de varias figuras de leones, osos y otros animales, y que desde entonces quedó en gran veneración aquella cassa que llamavan de las guacas, y está en los Conchucos y en ella davan respuestas a sus hijos los hombres y cabezas de los linajes que ay en aquella tierra. Y que esto duró asta que los españoles llegaron a Cajamarca y entonces tuvieron su consejo las guacas y determinaron para su conservazión que les conbenía no dar respuestas públicas a los indios sino quedarse escondidas y solo darlas a los sazerdotes que solo avian de tener noticia dellas y asi lo cumplieron, y quedaron con esto cubiertas debajo de tierra en algunas concavidades donde eran consultadas y davan repuestas a los hechizeros. A estas fábulas añadían otra no menos redicula y era a decir que solamente el Sol tenía y comía aquellas yervas tan estimada de los indios que llaman coca y que las huacas tuvieron dello grande enbidia y trataron de hurtar al Sol la semilla de aquellas ermosas matas ( como si fuera su ambresia tanto puede una ciega aficción) dicen pues que para esto aguardaron ocasión en que el Sol estubiese bien bebido ( triste del carre y de los caballos que le llevan a estar de aquella suerte, el dueño dellos no hiço faetón tanto daño como se siguiera deste achaque) más ellos por abonar su hecho [p.51] y ennoblecer sus embriagues las aplican al Sol como antiguamente según Tertuliano y otros atribuían los antiguos lascibos amores a los dioses para santificar los suyos. Embiaron dicen, un recaudo con un famoso indio llamado Urau a la Luna mujer del Sol que en su nombre le pedían la bolsa o chuspa en que guardaba aquellas ojas y semilla, y que reusó la Luna el darla por dos vezes hasta que la tercera con cierta seña

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