Yuyarccuni Año II N° 2 Jimmy Martínez 63 declarasen y amenazando con severo castigo a los que no lo hiziesen, con esto començaron muchos no solo [p.31] los de su doctrina sino también de otros pueblos de la vicaría a denunciarse trayendo sus ídolos y diciendo lo que passava en otros pueblos. Començose con esto a alborotar la tierra manifestándose unos y temiendo otros y estando todos a la mira para ver en qué parava aquel negocio. Escogió entonces el doctor Francisco de Ávila algunos indios buenos christianos temerosos de Dios y con ellos andava por los pueblos inquiriendo descubriendo y desbaratando huacas y adoratorios, más con la mesma experiencia quedó enseñado que para tan ardua empressa no bastava él solo y que era menester pedir él ayuda de nuestros sacerdotes para que como cossa tan propia de nuestro instituto acudiésemos a ella en su compañía, escribió sobre esto al padre provincial Estevan Páez y al padre retor de Lima, encargándoles en esta parte la conciencia porque avia entendido de los indios que avia examinado que desde el pueblo de Lati y Hanac pueblos junto a Lima todos los indios de la provincia adoravan a Pariacaca y a Chaupimanomoc, ídolos famosos y bien conocidos en esta tierra, y otra india dixo que se desengañassen que todos los indios fuera de los niños de la cuna eran idólatras. Con esto se movieron luego los superiores a començar por aquí, lo que después tan de propósito y tan de veras se fue continuando de hazer guerra al demonio en desarraigar esta mala semilla de la idolatría, ciçaña sembrada por él para hechar a perder estas pobres almas, que tenía ya el señor de los miesses en su iglesia para que con la cultura de la fee viniessen a dar el fruto siquiera trigésimo que della se podía esperar. Los primeros padres que para el efecto dicho se embiaron a estos pueblos fueron el padre Pedro del Castillo professo de 4 votos hombre docto y antiguo en nuestra compañía y que sabía bien la lengua, y en su compañía el padre Gaspar de Montalvo muy siervo de Dios y grande obrero, cura que avia sido del Cercado. Estos dos padres començaron su missión con grande zelo de la honra del señor y no menos lástima de ver tan engañada aquella pobre gente, de aquel nació no perdonar a desvelo e trabaxo suyo y desta el proceder con grande blandura y agasajo con los indios, dándoles a entender que no venían a ellos como visitadores en spíritu de arder y de juizio, sino padres de sus almas en spíritu de amor y misericordia y que antes ellos avian de templar al visitador quando con enojo, aunque justamente concebido si se mostravan rebeldes intentasse castigarlos con severidad. Con esto fueron bien reçebidos y començaron a predicar contra la idolatría y juntamente a deshacer y desbaratar las huacas y adoratorios que se ivan descubriendo, trabaxaron también y no poco en convencer algunos indios tan viejos en la edad como envegecidos en este vicio y assi eran ocasión a los demás de caer en él. Estos indios reducidos a la verdad confesaron públicamente sus hierros y que los que hasta entonces adoraron por dioses no eran más que piedras. A este modo fueron procediendo en compañía del mesmo dotor Ávila por los demás pueblos, haziendo él por su parte las diligencias jurídicas y los padres por la suya las religiosas: él fulminava processos y admitía declaraciones, y los padres hazian sermones, predicavan exemplos, admitían a disciplinas los varones y confesaban días enteros hombres y mugeres. Con esto se fue haziendo grande obra porque se
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