Yuyarccuni Año II N° 2 Katty Bravo 45 Al igual que Magdalena Sacha Carva, negó ser hechicera, y que “le habían levantado testimonio” (f. 6). Cuando lo negó por segunda vez, enseguida le recordaron que había jurado por el “bien de su alma”, por lo cual aceptó decir la verdad sobre sus pecados y señaló “que es verdad, que ha curado algunos enfermos como son mujeres de parto, iéndoles a partear para lo qual la han mingado, con sebo de llama y mais blanco sobándolas, con lo referido, y que después de haberlas sobado, a las dichas preñadas, lo echaba a las corrientes de los arroyos” (f. 8). Declaró que aprendió este oficio de su difunto padre, Bartolomé Caja, y que por la salud de los enfermos realizaba sacrificios, desde su casa o de las parturientas, al cerro Sunivilca, que se encuentra “encima deste dicho pueblo” (f. 8), dijo que “le ofrecía sango de mais blanco, y sangre de ovejas; por la salud de los dichos enfermos” (ibídem). Y, le decía “íala, camagní y, samagnipai, iana palla guay, que quiere desir Señor criador, que me das vida auidame, y resibe esto, caita ofresi qui”.16 Señaló que estos sacrificios al cerro Sunivilca, los hacía hace diez años para que “le diera de comer”, que no creía que el cerro fuera poderoso, sino que sólo lo hacía para “que le diese de comer”. Y, para finalizar su declaración señaló “que la carne y sango que había los dichos sacrificios, la comía y daba comer a los enfermos como cosa bendita” (f. 8v). Los sacrificios a los cerros o apus para que no falten alimentos o al menos para que tengan algo que comer es algo repetitivo entre los diferentes grupos o individuos que fueron acusados y juzgados por idólatras y/o hechiceros desde el siglo XVI, como se puede observar en la oración que Duviols transcribe: […] o viracocha ticsi viracochaya hualparillac camacchurac caihurin pachapimi chuchun upiachun nispa churascay quicta camascay quicta micuymi yachachun pazara imay mara micun cancachun discayque tacamachic micachic mana muchun campac mana muchuspacanta iñuycampac amaca cachuncho amachupi casilla huacay chamuy […] En la traducción dice: ¡Oh, Hacedor! Señor de los fines del mundo, misericordioso que das ser a las cosas, y en este mundo hiciste los hombres (para) que comiesen y bebiesen, acrecéntales las comidas y frutos de la tierra; y las papas y todas las demás comidas que criaste, multiplícalas, para que no padezcan hambre ni trabajo, para que todos se crien, no hiele ni granice; guárdalos en paz y en salvo. 17 16 Archivo Arzobispal de Lima. Visitas de hechicerías e idolatrías. Leg. III. 13. 1661, p. 8. 17 Pierre Duviols, 2003, p. 41.
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