Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Katty Bravo 41 Albornoz. A esta fase, Duviols la llama la Nueva Extirpación. Esta renovada institución se asemejó a la Inquisición, pero con un radio de acción muy limitado, ya que sólo funcionó de manera más activa y permanente en el espacio de gobierno que correspondía al Arzobispado de Lima (ver Figura 6). No sólo tomó como referencia los métodos y prácticas inquisitoriales, sino impuso la ortodoxia por medio del terror institucionalizado. Por ello, Duviols (1977) la llama “la hija bastarda de la inquisición”. De esa manera, la sombra de la Inquisición se proyectaba sobre el universo mental indígena. Las “visitas” serán poco a poco el pretexto para que la idea se desarrolle en los medios eclesiásticos (Urbano, 1999, p. 37). Pedro de Villagómez reanudó la política de los “arzobispos extirpadores” y en sus últimas campañas contó con el apoyo del cura Sarmiento de Vivero, quien asumió el cargo de visitador, juez eclesiástico y de la idolatría. Sarmiento de Vivero llega al Corregimiento de Yauyos en 1660, después de varios días de viaje en burro, en algunos trechos, y a pie, en otros. Este espacio geográfico estaba conformado por nevados, quebradas, lagunas y verdes montañas, cuyas faldas habían sido convertidas en áreas de cultivo gracias a la destreza de sus habitantes, quienes construyeron increíbles represas para irrigarlas aprovechando el agua de los deshielos. Al respecto, Dávila Briceño señala: En lo alto de las haldas de estos dichos ríos se siembran y cojen la semilla de las papas, que quieren tierra fría, ques uno de los mayores bastimientos que los indios tienen en esta dicha provincia, que son turmas de tierra; y si en nuestra España las cultivasen á la manera de acá, seria gran remedio para los años de hambre: porque la semilla la misma es; la oja [occa], también se da con estas papas ó do se siembran, (el caui), ques (así) otras raíces muy buenas y de mucha sustancia” (p. 63). Los productos agrícolas y ganaderos les permitían ser autosuficientes o podían complementar su canasta dietética con productos de las zonas bajas o yungas, de donde obtenían, principalmente, productos marinos, agua ardiente y algunas frutas. Los españoles invadieron dicho territorio en 1534 y repartido por Francisco Pizarro. Fue el primer arzobispo de Lima, Fray Gerónimo de Loayza, quien ordenó la construcción de la primera Iglesia en Santo Domingo de Yauyos, ubicándola en la antigua fortaleza de Ñaupahuasi. Muerto el arzobispo, el repartimiento quedó encomendado al Rey de España. En 1556, el virrey Andrés Hurtado de Mendoza, II virrey de Cañete, mandó a dividir el territorio en cinco repartimientos con 39 pueblos, que estuvieron distribuidos de la siguiente manera: Repartimiento de Manco-Laraos, Repartimiento de Hatun Yauyos que estaba comprendido por los pueblos de San Cristobal de Huañeque, San Gerónimo de Omas, San Felipe de

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