Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Katty Bravo 40 Persecución y represión de hechiceras en el corregimiento de Yauyos. San Gerónimo de Tupe, 1661 La relativa tolerancia de las primeras décadas hacia las costumbres de los indios tuvo su final cuando acabaron las guerras civiles y la celebración del I Concilio Limense en 1551. Duviols (1977) señala que el concilio modificó la Instrucción de 1545, dejando atrás el optimismo evangelizador, centrándose en la discusión sobre el rechazo a la persistencia de la idolatría como producto de la ignorancia, sino más bien, era debido a la resistencia de los indios a las campañas evangelizadoras. Además, después del movimiento nativista anticolonial, Taki Onqoy5, que se llevó a cabo entre 1564-1565, en un momento de crisis generalizada en el espacio andino (Varón, 1990, p. 332), se desencadenaron los procesos contra la idolatría conducidos por Cristóbal de Albornoz, precursor de la Extirpación de Idolatrías. Se identificaban en las mentes de las autoridades civiles y eclesiásticas a los practicantes de los ritos religiosos nativos como idólatras y apostatas. Francisco de Toledo, virrey del Perú (1569-1581), impuso mecanismos de control social en los Andes. Planteó que la conversión de los indios y la liquidación de sus creencias era un asunto de Estado. Estableció un nuevo orden para lograr el adoctrinamiento religioso con la creación de las “reducciones” y con la imposición de la “República de indios” separada de la “República de españoles”.6 Con apoyo de la Compañía de Jesús, organizaron las Visitas de Idolatrías, que 40 años más tarde establecieron una política implacable contra las creencias y prácticas religiosas de los naturales, al menos en los arzobispados de Lima, Arequipa y Cusco, donde los poderes civiles y eclesiásticos hicieron una persecución conjunta a los llamados hechiceros o ministros de idolatrías. Este combate contra el demonio se hizo más feroz en el siglo XVII, cuando los sacerdotes jesuitas denunciaron que los indígenas seguían hablando con él a través de sus huacas; la Iglesia, por intermedio de sus arzobispos, organizó campañas de lucha contra su enemigo, reactivando el sistema de represión comenzado por 5 “El estudio moderno del Taki Onkoy proviene de Luis Millones, quien en 1964 inició su secuencia de artículos al respecto. El primero (1964) describía, con entusiasmo, algunas características del Taki Onqoy y anunciaba el hallazgo de nuevas fuentes: Las Informaciones de Albornoz, el artículo estaba conformado de sugerentes hipótesis que en adelante serían consideradas como marco referencial para muchas y variadas opiniones que se han emitido en relación al Taki Onqoy. Un segundo artículo (1969) amplió la información relacionada a los posibles líderes del movimiento y su represión, basándose siempre en las mismas fuentes” (Varón 1990, p. 338). 6 Según Selles (2011), la llegada de Toledo al Virreinato peruano fue parte de la estrategia política de la corona española (p. 15). El plan de gobierno ejecutado por Toledo tenía como objetivo la instauración de un sistema político que asegurase la gobernabilidad del virreinato peruano en beneficio de la autoridad del Estado colonial.

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