Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Katty Bravo 37 Albornoz, el primer extirpador del Perú, reforzó la identificación del especialista religioso con el hechicero. Atribuía la responsabilidad de la conservación y difusión de la religión nativa a los epónimos camayos o hechiceros, aquellos individuos encargados por sus comunidades del mantenimiento de las huacas. Estos hechiceros eran caracterizados tanto como servidores del diablo, a quien invocaban en sus supersticiones, como mentirosos que engañaban a los indios con sus falsas predicas. Igualmente, los diferentes tipos de médicos que cuidaban de las necesidades sanitarias de los indígenas eran considerados todos como hechiceros, que suplicaban la ayuda del Diablo antes de ejercer su oficio (Griffiths, 1998, p. 113). Aunque las denuncias por hechicería o idolatría se hacían de modo separado, lo más común era la acusación conjunta de hechicero-idólatra. Las prácticas rituales de los pueblos indígenas que estaban relacionadas con el culto a los elementos de la naturaleza, como seres dadores de alimentos, salud, bienestar y de la vida misma, fueron interpretadas por la mentalidad de los europeos como costumbres relacionadas con el culto al demonio. En su Historia del Nuevo Mundo, Bernabé Cobo describe: […] de los hechiceros médicos y las supersticiones que usaban en curar. Muchos eran los indios, así hombres como mujeres, que curaban enfermedades; dado caso que algunos sabían algo y tenían conocimientos de yerbas salutíferas, con que a veces sanaban, con todo esto, todos en general curaban con palabras y acciones supersticiosas, y ninguna cura hacían a que no precediese sacrificio y suertes. Llámense estos médicos camasca y soncoyoc […] (Cobo. Citado por Schaedel, 2000, p. 448). La relación de las prácticas de adivinación o curación estaban relacionadas, según Polo Ondegardo, con el Demonio, quien habla al oído a los “hechiceros”; por ello: Los hechizeros responden sí, ó no auiendo hablado con el demonio en lugar obscuro, de manera que se oye su voz más no se vé con quién hablan ni lo que dizen, y hacen mil ceremonias y sacrificios para este efecto, allende que inuocan para esto al demonio, y emborráchanse (como está dicho) y para este oficio particular vsan de vna llerua llamada Villca, echando el cumo della en la chicha, ó tomándola por otra vía […] piden para esto que les traygan coca, cuy, pelos, ó cabellos, sebo, ó ropa, ó otras cosas y no quieren ser vistos en la obra […] (Ondegardo, 1917, p. 30). Sobre los elementos que se emplean, se puede encontrar el uso de animales vivos o muertos, como cuyes, sapos, grasa de llama, entre otros. Al respecto, Ondegardo agrega que “comvn cosa es acudir á los hechizeros, para que les curen en

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