Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Maria Valdivia 343 sobre esclavas en Río de Janeiro, especialmente la voz de las mujeres. Hace muy poco salió el libro de Lilia Moritz sobre Lima Barreto, el escritor afrodescendiente, hijo de una liberta. Él rompió con varias ideas que teníamos sobre estos temas, oscilante, se apropió de la escritura y reinventó para mantener vigencia en medio de una demanda de circulación de ideas, cada vez más amplia. Por mi interés en el siglo XX, he leído más sobre este período. En esta región los trabajos sobre memoria, dictadura y una visión bastante interesante en torno al género biográfico, destacan ante mis ojos. No voy a detallar uno por uno, me gustó el trabajo de Bisso Smicht sobre la “Biografía” del militante comunista y homosexual Flávio Kouzii, o las investigaciones de Carla Rodeghero, referentes a la memoria sobre la dictadura, la Guerra Fría percibida desde la óptica del ala conservadora (desde los que difundían el miedo al comunismo). Sin duda, una de las cuestiones que más me ha marcado es el desarrollo del movimiento LGBTI y el feminismo, que también se articula con las investigaciones historiográficas. Libros hermosos, como, por ejemplo, Couro Imperial de Anne Mcclintock, son bastante utilizados porque te permiten utilizar diversas fuentes para un mismo fin, rescatar la voz de los sin voz. Existen investigaciones sobre la “Mujer Monumento” como en el caso de la vida de la anciana y dulcera de Goiás, Cora Coralina o Leila Diniz. Todo es muy sugerente, prevalece la Historia Cultural o en todo caso el postestructuralismo. Analizando el proceso histórico del feminismo en el siglo XX y el actual, ¿cómo describiría su inserción en la sociedad peruana? Su inserción como discurso histórico es muy lento, muy situado en el siglo XIX y parte del treinta, se desconoce bastante sobre lo que ocurrió hasta la década del 60, cuando emergen las primeras dirigentes de organizaciones sociales o incluso comunales. El tono del feminismo es aún muy reivindicativo, esto es necesario, pero al igual que lo ocurrido con su símil, el movimiento de los afro descendientes, historizar las experiencias no siempre implica hallar coherencias. Tenemos que hacer Historia, no hagiografía. Para eso es necesario reeditar algunas obras importantes de mujeres o fuentes en donde ellas aparezcan y nos ofrezcan indicios sobre su presencia, explicándonos las razones de la ausencia más allá de la denuncia. Aún estamos a tiempo de hacer historia oral sobre el pasado migrante y el trabajo infantil que fue por miles, militantes partidarias, sindicales o campesinas, por ejemplo, desde la experiencia de las muje-

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