Yuyarccuni Año II N° 2 Maria Valdivia 338 jóvenes historiadores como Augusto Ruiz, Carlos Flores y Nicolás Díaz, hicieron las aulas más comprensivas, patios y pasillos eran un lugar habitual donde podías conversar con ellos. Presumo que comprendían las dificultades por las que pasábamos como estudiantes, también eran egresados de la Villarreal. Con todo lo dicho, fue con el profesor Peralta que comencé a tener inquietudes hacia la investigación. ¿Cuáles eran las corrientes historiográficas y ejes temáticos que formaban parte del debate académico en la Villarreal? Digamos que lo que más se leyó por esos años fue la historiografía francesa, los libros de Bloch, Febvre, Duby y Le Goff. Más al filo Vilar (que varios califican como ajeno o en la periferia de la tradición de Annales) y algo de las ciencias políticas expresado en la corriente italiana, no propiamente histórica, como en el caso de Norberto Bobbio. También se leía a Michels, Maurice Duverger, sobre los Partidos Políticos. Augusto Ruiz nos brindó lecturas sobre Foucault, Touraine y Theda Skocpol. También hubo autores como Adam Schaff y Luckacs que requerían un gran esfuerzo de concentración. Se leyó bastante a Fontana y Hobsbawm. Sobre la historiografía francesa, el historiador Germán Peralta era el que mejor la conocía y leía, nos trajo novedades e inquietudes, era retador pretender sostener un diálogo con él, te sentías muy ignorante por no dominar nada, lo único que te quedaba era leer y leer para balbucear algo y no sentir vergüenza ajena. En torno a los autores nacionales, Alberto Flores Galindo, por supuesto, Bonilla, Spalding, O’Phelan, Burga y Quiroz, son los autores que más recuerdo. La famosa Casa Sur editaba muy buenas cosas, las revistas Allpanchis y Socialismo y Participación, también los trabajos de Rodrigo Montoya y Tom Zuidema. Se leía a Maria Rostworowski (pero para criticarla injustamente), Waldemar Espinoza y Emilio Choy. Es fácil percibir que las lecturas eran variadas. Siguiendo las inclinaciones y gustos de los docentes. Casi en el último año el profesor Peralta organizó un taller muy simpático y distendido. La verdad es que siento que aprendí más en ese lugar que durante todos mis años en la universidad. En este espacio se aplicaba el método socrático; nos reuníamos cada domingo, alumnos y ex alumnos, para discutir un libro o dialogar con algún historiador o profesional afín. Escuchamos a Heraclio Bonilla, Luis Miguel Glave, Manuel Burga, Bernard Lavallé, Fernando Rosas, Luis Tejada y otros que venían del extranjero, invitados por el IFEA o la PUCP, pero por su amistad con él se daban una vuelta por nuestro
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