Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Maria Valdivia 337 aspectos formativos y la investigación. En el año 1992 ingresaron los tanques, estuve ahí. Las cosas mejoraron en apariencia, pero tenías el Sistema de Inteligencia metido en el aula y por ahí un docente que provenía del ambiente militar. Pescaron algunos alumnos senderistas, conocí a dos. Recuerdo una marcha de protesta por el carnet universitario, las cámaras del canal 4 nos filmaban desde los balcones universitarios. Diré en favor del Fujimorismo que, en desmedro de los derechos de la comunidad universitaria, se contrataron algunos muy buenos profesores, como Fernando Silva Santisteban, Luis Miguel Glave, Marina Zuloaga o Jesús Cosamalón, no los pude disfrutar porque había egresado, tampoco hice como la mayoría de mis compañeros, convalidar y trasladarme a las carreras de Arqueología o Antropología. En suma, tener una existencia precaria, estudiar Historia y carecer de un norte seguro, me confrontó con la idea de seguir o apartarme de la profesión. En aquella época como ahora, acudíamos por iniciativa propia a la Universidad Católica para escuchar conferencias o seminarios de acceso libre. El Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú era un buen refugio para estudiar, al igual que la Biblioteca de la Municipalidad de Lima y la Nacional; verdaderos remansos de paz en medio de una ciudad tan desintegrada y agresiva. Mi encuentro con la Historia se inició a partir del tercer año de vida universitaria. Se requería de modelos exitosos en el ámbito de la investigación que además contaran con reconocimiento. Algunos publicaban, pero la cantidad no es sinónimo de calidad profesional, esto debe ir acompañado de la crítica realizada por tus pares en el ámbito de la comunidad académica, mejor si es externa. Desde mi perspectiva, Germán Peralta, Sócrates del Villar, Cristóbal Campana, Hugo Ludeña y Humberto Rodríguez Pastor, constituyeron algunos buenos modelos de investigador, al menos son los que mejor recuerdo. Del historiador Peralta aprendí muchísimo, no sólo Historia, porque realizó una crítica abierta y valiente al régimen fujimorista cuando la universidad fue intervenida e impuso a Santiago Agurto Calvo como presidente de la Comisión Interventora. Raras veces se conjuga tanto en una sola persona. Cristóbal Campana era simpatiquísimo, nos transmitió filigrana pura en torno al mundo prehispánico, su especialidad era la cultura Moche. La sencillez de estos profesores junto a su coherencia intelectual y política, revirtieron mis sentimientos hacia la Villarreal, pues le tenía cierta aversión a mi universidad porque todo era tan precario y deslucido, desde las bibliotecas hasta las aulas. Las bibliotecas de Sociales y Humanidades mejoraron bastante, la primera tenía un altillo simpático donde se podía leer y hasta dormir. Recuerdo que tres

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