Yuyarccuni Año II N° 2 Estefany Ramos 322 patrimonio simbólico y moral, representado por el conjunto de honores que ostentaba la familia (Imízcoz, 2009). El Antiguo Régimen marcó de esta manera una concepción y rol importante del hogar que adoptaron otros imperios hegemónicos, que fue incluso el modelo político y económico satisfactorio en tal época. Durante el siglo XVI, el continente americano estuvo bajo la dominación de España y Portugal, y luego en los siglos XIX y XX, por otros imperios hegemónicos: Inglaterra y Estados Unidos. El proceso de colonización en América perduró por más de tres siglos, instaurando sus modelos políticos, económicos, y particularmente, sociales. En la historiografía peruana se detalla que, durante los primeros años del siglo XIX, el Estado y la prensa tuvieron una gran influencia. Según las apreciaciones de la historiadora Claudia Rosas, el discurso ilustrado fue elaborado de acuerdo a los objetivos de las Reformas Borbónicas, contuvo noticias y artículos cuyo objetivo fue moldear a la sociedad limeña. Durante los siglos anteriores, tal discurso manifestaba en sus contenidos el significado de “ser mujer”. Eran vistas como objeto del pecado, lujuriosas, tentaciones del sexo y constituían una amenaza para el varón (Rosas, 1999). La mujer de los ilustrados peruanos no es un abstracto, adquiere una forma particular, pues se concreta en el estereotipo de la mujer de élite, de la criolla limeña. En este sentido, su discurso expresa el proceso de construcción de una identidad propia manifestada en un nacionalismo criollo consolidado en las postrimerías del periodo colonial. El (discurso) trataba entonces de una representación criolla de la mujer (Rosas, 1999, p. 1). Los ilustrados poseían la tarea de difundir la importancia del honor y del recato en las mujeres, controlar su sexualidad, su forma de vestir y marcar su destino en la sociedad. Se afirma que “el rol que delimitaban para la mujer permitiría la construcción de una nueva sociedad. Este discurso se nutría de supuestos tradicionales sobre la inferioridad de las mujeres y la necesidad de controlarlas y subordinarlas, que se mezclaban con las nuevas ideas y el avance científico de la época” (Rosas, 1999, p.2). Complementando con la presente cita, el pensamiento de los filósofos presocráticos se manifiesta mediante lo planteado por: El positivismo de Augusto Comte (1798-1857), [que] presentaba a la mujer como un ser efectivo cuya misión sagrada era la de ser madre y centro de su hogar. Mantenía la “discriminación sexista” al fomentar su educación como complemento del orden varonil, es decir, educándola para que mejor cumpla
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