Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Emanuel Rivera 311 cuerpos de cuando estuvieron vivos. Es importante tener en consideración que a nadie le estaba permitido levantar los ojos para mirar al Inca vivo, tocarlo o comer de las vasijas que él había usado, noción de salvaguardar su sagrada persona. Los diarios contactos entre vivos y muertos en Haucaypata, no solo fueron por motivos ceremoniales, sino también por interacción política. Estas momias retenían en perpetuidad sus palacios, rebaños de llamas, tierras, textiles y ornamentos. Conservaban un poder político considerable, que era ejercido a través de su parentela. Las celebraciones subrayaban la continuidad política y ritual del Tahuantinsuyo a través del tiempo, activando la memoria mítica e histórica en el contexto del presente. Los españoles en el Cusco pudieron observar una de estas celebraciones en 1534, en diciembre, Manco Inca había sido elegido Inca por los conquistadores. Luego de haber hecho retroceder a Quizquiz, el nuevo gobernante organizó una celebración en donde sus antepasados salieron en procesión junto con él, aunque a su lado iba la momia de Huayna Cápac, su padre, en otra litera. La celebración plasmaba recitaciones cantadas, recitando las conquistas efectuadas por cada uno de los difuntos. Sin embargo, en la medida que más españoles llegaban al Cusco, la autoridad estaba bajo la mayoría invasora, desintegrando las ceremonias incaicas. Muchas interpretaciones han sido basadas por una visión occidentalizada, como por ejemplo las “reliquias pésimas”, sugiere que las reliquias cristianas, muchas de las cuelas eran cuerpos de santos difuntos, de algún modo se asemejaban a estos “bultos” incaicos, y que estos últimos eran momias. Aun así, queda lugar para la ambigüedad respecto de la identidad de los bultos en el Inti Raimi de 1535. Por lo tanto, los muertos estaban de este modo presentes y activos entre los vivos no solo como momias, sino también como figuras. Los españoles nunca llegaron a comprender el significado religioso y político de las representaciones de los señores incas muertos y sus consortes. La importancia de dicho culto giraba en torno a la sucesión inca. Betanzos pensaba que la legitimación de un Inca provenía de un espectro muy fluido de consideraciones en el que la religión y la política estaban íntimamente entrelazadas, como parte de un proceso prolongado de formación de relaciones político sociales. Durante las fiestas, los habitantes del Cusco y de todas las otras ciudades y pueblos se agrupaban de acuerdo con las parcialidades correspondientes, anan y urin. Dentro de cada parcialidad, los individuos estaban ordenados por linaje, y cada linaje estaba representado por sus respectivas momias. La fiesta del Purucaya, “llamado a los muertos”, se celebraba en honor de Pachacutec, luego de las disposiciones en torno a la

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