Yuyarccuni Año II N° 2 Emanuel Rivera 310 La nobleza inca preservó los restos corpóreos de sus antepasados para convertirlos en ancestros sagrados y vivientes, conocidos como illapa o mallqui, es un hecho histórico comprobado, inclusive, durante los primeros años post invasión española. En 1533, cuando dos de los primeros españoles en llegar a Cusco hallaron los cuerpos de Huayna Capac y Cusirimay, los describieron embalsamados. Estos señalaron que el cadáver se encontraba embalsamado, una distinción que reconocía la medicina inca otorgándole el nombre del bálsamo europeo que hoy en día se conoce como “bálsamo del Perú” y que a su vez limitaba la especulación de que la forma en que dichos cuerpos preservados de los Andes guardaban similitud con los cuerpos santificados que existían en Europa. Garcilaso y Acosta hacen referencia del estado de conservación de los cuerpos, debido -según los cronistas- al uso de una cierta resina o “betún”, un término que emana vínculos con los muertos egipcios. Sin embargo, la conservación de los cuerpos debemos entenderla, como plantea el Inca mestizo, debido a la combinación del betún y el ambiente seco de los Andes - clima y altitud- lo que había permitido a los incas fabricarlos. El traductor de Garcilaso al inglés en 1688, sostuvo que estos cuerpos se encontraban más enteros que las momias, es decir, que los cadáveres egipcios, mientras que 1749, el naturalista francés Juan Marie Daubenton incluyó a los incas muertos como momias, junto con las de los egipcios. Para el autor, estos casos explican el establecimiento de la “momificación” de los Incas difuntos. Finalmente, MacCormack (2016) señala que, junto al sol, en el Coricancha, se encontraban los cuerpos momificados de los gobernantes incas muertos, en el centro de la vida religiosa y ritual del Cusco. Estos difuntos estaban embalsamados y vestidos con muchos atuendos, unos sobre otros, con diademas en sus cabezas, ubicados en Haucaypata. Aunque, como anotó Ruiz de Arce, las momias eran guardadas una parte del año en el Coricancha. Los ritos de ofrecimiento de alimentos y sacrificios a los muertos eran semejantes a los del sol. Después de ser vertida en el birque, la chicha que iba a ser consumida por las momias se arrojaba al ushnu (canal subterráneo) de Haucaypata junto con las cenizas de sus alimentos. Haciendo un contacto constante entre el mundo de arriba y el subterráneo, por medio del culto a estas momias. La presencia de los Incas fallecidos en el Cusco era la secuela de prolongados preparativos, cada una de las momias tenían a su lado una pequeña caja, como una suerte de relicario cristiano, conteniendo recortes de uñas, mechones de cabello, dientes y otras piezas similares provenientes de sus
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