Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Emanuel Rivera 307 de una batalla; 4. Llanto comunal del público; 5. Batalla ritual entre el Hanan Cusco y el Rurin Cusco, ganando el primero; 6. Otro grupo baila con los señores de la mano; 7. Presentación de mujeres vestidas de hombres; 8. Todos se lavan y visten sus trajes usuales, luego queman los otros en fogata pública; 9. Sacrificios de camélidos que son incinerados (1000), otros distribuidos entre los habitantes del Cusco (1000) y otros sacrificados en los lugares donde frecuentaba el muerto; 10. Capacocha. Las mujeres están presentes en momentos cruciales de la vida del Inca —en su muerte, madre, esposa, suegra y corte más íntimo—, transfiriéndoles energía vital por medio de la muerte de niños y niñas. Mientras la primera parte es transicional, memoria retrospectiva, transferencia de poder al nuevo Inca, instalación del muerto en su nueva esfera social con sirvientes “viejos” y “nuevos”, extendiéndose al espacio exterior (fuera del Cusco) con duelos y sacrificios. Por otro lado, la segunda es la reintroducción del diálogo con los ancestros nuevos mediante representaciones de orden, poder y su restablecimiento, incrementando la cantidad de recursos y público para los sacrificios. Entonces se infiere que, durante su duración, el muerto adquiere el estatus de “ancestro nuevo”, como la conversión en una deidad por medio del elemento illa “cuerpo”, o yllapa “trueno o relámpago”, mientras illa es una especie de luz, illapa es el cuerpo venerado de los ancestros, así como el dios relámpago. Es por eso que el illa es recibido por el muerto a partir del Purucaya como energía cósmica en relación con su cercanía al sol. Hernández (2012) enfatiza la significación del cuerpo muerto incaico para sus descendientes en la época inca y pre-inca. Si bien esta costumbre de realizar la conservación y culto a sus muertos no es propia de los señores del Cusco, la importancia que tenía se ve reflejada en el caso de Atahualpa, porque no fue bautizado por una conversión repentina al cristianismo, sino para salvaguardar su cuerpo de la hoguera. Sin embargo, el cuerpo fue quemado y posteriormente enviado en andas hacia Quito. En la conciencia de todo Inca estaba presente el conservar su cuerpo después de muerto; porque solo así podría conservar su poder político en la mente y costumbres de todos los miembros de las distintas etnias conquistadas por el soberano reinante, y así también, por sus anteriores. No solo era una costumbre funeraria del culto mágico-religioso heredada por sus antepasados, sino, prevalecían por su evidente protagonismo de ser el aval del poder en el Tahuantinsuyo. Otra evidencia de su importancia es la destrucción de estos por parte de los invasores hispanos, como por ejemplo la quema del cuerpo momificado de Huiracocha y la posterior posesión de toda su innumerable riqueza

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