Yuyarccuni Año II N° 2 Emanuel Rivera 305 montañas que van del norte del Perú a Quito. El mallqui inca tenía importancia para el soberano de turno, ante la posibilidad de continuar gobernando aún después de haber fallecido y poseer más privilegios que tiene en vida. Momificar el cadáver de sus gobernantes es un ejercicio que fue parte de varias civilizaciones. Para los europeos constituyó un sacrilegio que solo se explicaba por la presencia del demonio. Más allá de la continuidad del culto durante la llegada y posterior asentamiento de los españoles, también resalta la diferenciación jerárquica sobre los demás bultos u objetos materiales que representaban una divinidad para el mundo incaico, sosteniendo el poder político que estas momias poseían durante el Tahuantinsuyo. La momia embalsamada tenía tres meses de homenajes y lamentos oficiales, y luego se le enterraba; destacando el término de yllapa, los Incas, vivos o muertos gozaban de condición divina; a las demás personas les llamaba aya, dando a entender que habían cumplido su ciclo vital. Eso no hacía desaparecer el respeto debido a la condición del fallecido. Incluso, en las épocas coloniales, muchos se disgustaron porque la población andina adoraba las sepulturas de sus antepasados inclinando la cabeza, alzando las manos, hablándole al dios trueno o illapa. La relación entre la divinidad con el Inca, representaba la principal causante del uso representativo del soberano fallecido como sustento del poder aún durante la transición andina-colonial. Por medio de la lingüística, se entiende que el templo del Coricancha no era el “recinto de oro”, sino al aposento del dios illapa, siendo el principal oráculo de las momias (Cerrón-Palomino, p. 2014). En suma, el culto a los muertos estaba ligado con el mundo religioso incaico y andino. Kaulicke (2011) sostiene que, si bien se suele asumir que los incas momificados no fueron enterrados, es algo que el autor no está de acuerdo, justamente por la evidencia monumental. La ancestralidad de los soberanos incas, cumple el rol de mecanismo y aspecto relevante para la sociedad y su cosmología; explicado mediante un “corte”, mediante el microcosmos, que es el Cusco. Mientras que, por otro lado, el trasfondo social es ritualizado en fiestas patrocinadas por el Inca, para él mismo, o sus ancestros. Esto es entendido desde la función de los quipos-memoria con fines de recordar una hazaña; mientras que el Inca era el actor principal de rituales que generaban una directa relación con el pasado en el centro ritual más importante, el Coricancha. La función de la memoria en el culto a los incas muertos está amparada en figuraciones como el “bulto”, que Betanzos lo define como piedras inimaginadas, imágenes antropomorfas de oro, figuras pequeñas enterradas, los cuerpos momificados e imágenes de tela, uñas y cabello. Estos
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