Yuyarccuni Año II N° 2 Emanuel Rivera 304 Ramos (2010) aborda la relación de la sociedad colonial temprana a partir de la muerte andina como aparato regulador mediante la muerte de Atahualpa, por ejemplo, donde pone a prueba las nociones de violencia y justicia, las creencias sobre la muerte y el más allá, así como la manera en que estas nociones se comunican a través del cuerpo del Inca. Luego de ser bautizado, le fue conmutada la pena de la hoguera por el garrote, siendo velado públicamente para luego ser quemados sus restos, —es posible que sus restos hayan sido enterrados y extraídos de su tumba para luego ser llevados hacia Tumipampa— entendiéndose como la única forma de preservar su cuerpo, garantizando la continuidad de los suyos. Para la autora, la conversión es vista como un vaciamiento de su identidad donde su muerte constituyó el primer caso de un mártir cristiano indígena. Atahualpa era Francisco, quien se convirtió en un objeto de veneración, pasajeramente. Al respecto, Pease (1995, p. 368) sostiene que mientras las versiones españolas de la conquista afirman que el inca murió en el garrote (estrangulado), las fuentes andinas aseguran que fue degollado (decapitado), sin embargo, “no se descartaría la posibilidad de la filiación exclusivamente andina de la degollación, ya que era una pena honorable para los hombres de alto rango en Europa, a pesar de ser una práctica común en la guerra y los rituales religiosos andinos, de igual forma” (Ramos 2010, p. 38). Se trató de un sacrificio, de un martirio, siendo una tolerancia pasiva al dolor, para así incluir la historia andina en la historia de la cristiandad. Entonces, el cuerpo, la muerte y el más allá entran en conflicto al momento de la conquista, lo efímero de la conversión del inca, la disputa por el poder entre sus sucesores y la memoria que quedó de estos acontecimientos fueron aspectos relevantes post ejecución. El proceso de cristianización de la muerte y memoria histórica de la nobleza inca se vio plasmado en las constantes solicitudes de enterrarse junto a su antepasado, de sus descendientes. Millones (2010) refiere sobre el culto a la muerte por medio de los Incas momificados mediante un estudio retrospectivo entre la actualidad andina y sus costumbres religiosas antepasadas. Las comunidades de origen indígena han reorganizado su sistema religioso para incorporar la prédica cristiana y construir lo que se conoce como religión popular. En sus inicios, el rechazo a la propuesta católica fue total, el desentierro de los cadáveres de los cementerios vecinos o al interior de las iglesias fue una actividad que se repitió hasta hacerse incontrolable, empezando con el cuerpo del propio Atahualpa, que fue extraído de su tumba por uno de sus hermanos, y no sería raro que su momia aún esté esperando el homenaje de sus súbditos, en alguna de las
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