Yuyarccuni Año II N° 2 Emanuel Rivera 303 posición fetal, sentado y con los codos entre las rodillas y las manos sujetando el mentón (León, 2007, p. 229). Se volvían a depositar en sus cuevas de reposo, mientras se concebía la creencia que su camaquem o camasca iba a descansar en lugares floridos o nevados de difícil acceso. Paralelo a esta costumbre, para los Incas le quitaban los intestinos y embalsamaban todo su cuerpo con un bálsamo de Tolú junto a otros insumos, gracias a ellos se conversaba su cuerpo aproximadamente por cuatrocientos años. Mientras que la costa, los muertos eran enterrados bajo tierra en posición de cúbito dorsal o fetal, sin dañar el cuerpo. La población aymara construía chullpas o pucullos alrededor de sus muertos, comiéndose su carne, proseguían a meter sus restos óseos en uitica, cavidad en árboles. Bajo estas prácticas, se implantó la necesidad de recordar constantemente a los muertos, donde los curacas locales cumplían la función de sermonear a los parientes del difunto la fidelidad a la autoridad inca. Cieza plantea la noción de inmortalidad del alma por parte de la población andina, es por eso que tenían la necesidad de servicio después de la muerte, a pesar de ser interpretada por una influencia demoníaca4. Los rituales conformaron el sustento del culto a la muerte, por eso la Qhapaq Ucha constituyó el sacrificio de niños dedicados al sol, para el bienestar del Inca y ascendencia. Mientras que, ante la muerte del soberano, celebración de victorias militares o durante un contexto caótico, cambiando su nombre y denominándose Itu. Según Bartolomé Álvarez, los indígenas no adoraban a sus muertos como dioses, pero si tenían noción que éstos podían tomar decisiones sobre ellos, rindiéndoles culto porque podrían aparecerse y hacerles daño, incluso matarlos. El autor concluye que existió una escatología imprecisa incaica, si bien hubo una interacción entre vivos y muertos, teniendo capacidad de acción sobre los vivos, manteniendo así el culto. Esto se argumenta bajo la relación del culto con el ciclo cosmológico y solar, junto a los sacrificios para el proceso de divinización, teniendo una importancia la forma de morir de sus soberanos, para tener una vida post mortem. En comparación con los mayas y aztecas, estos combinaban la inhumación, para las clases inferiores, y la cremación para las superiores. No tenían interés por conservar los cuerpos para el más allá, como sí hubo entre los incas, resaltando las prácticas de momificación. 4 Además, León menciona que los huaoqui fueron representaciones del Inca, estatuas de oro que bastaban mencionar su nombre para que escuchara (León, 2007, p. 230).
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