Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Emanuel Rivera 300 según la autora. Las panacas tuvieron una relación directa con el cuidado del bulto mediante el sistema de parentesco. Dentro de las familias de la élite, Alonso plantea tres categorías de personas que desarrollaban el servicio al bulto: a) capitán, b) una pareja heterogénea y c) mujeres encargadas de la conservación. Siendo el primero el privilegiado de estar a cargo de todo el personal de cuidado del bulto y/o momia, juntamente con las mujeres, se dedicaban a la protección del cuerpo; se percibe una jerarquía en cuanto a la aproximación del cuerpo del difunto, siendo una potestad única para ellos, junto con el Inca de turno. La pareja de indios se encargaba de ser las voces del malqui junto a la limpieza del mismo a cargo de las mujeres; siendo un proceso de hidratación o nutrición de la momia con aceites o betunes, equivalente al natrón egipcio mediante el proceso de momificación, soslayando un cuidado especial al rostro. Lo interesante de las reflexiones de Alonso está en las celebraciones con los cuerpos de los Incas que se realizarían todos los días por la mañana en el sector de Huacaypata y tras desplazarse todo el cortejo desde el Coricancha hasta esta zona a través de la calle del sol o Inti K’ijllu. El cortejo estaba conformado por el bulto del sol y porteadores; sacerdote principal y guardadores del sol; bultos de los Incas y Coyas más sus porteadores y miembros de las panacas encargadas junto al capitán; siendo fácilmente la reunión del Inca vivo a dicho cortejo. Existía en dicha celebración la importancia del uso del fuego, como consumidor de los alimentos “ingeridos” por la momia, y la chicha como líquido ceremonial de intercambio entre los vivos y muertos, e incluso, entre muertos, aunque esta chicha era vertida en una piedra para luego ser canalizada por unos caños subterráneos “ushnu”. Por otro lado, la Capacocha era el matrimonio de un niño con una niña para luego ser enterrados en los lugares donde el Inca difunto pasó, siendo la voluntad de rendirle culto porque “te damos muchos porque te pedimos mucho”, siendo el equilibrio entre el mundo natural y sobrenatural. Siendo también un oráculo, porque cumplió la función de mediador entre lo humano y lo divino. En el aspecto socio-económico, Alonso sostiene que la vertiente mágico-religiosa estaba relacionada con el intercambio económico, satisfaciendo la necesidad de un desarrollo económico generando suficientes excedentes, ante el rol de mantener una compleja organización estatal y religiosa; por eso las panacas continuaron firmes en la cohesión de la figura del Inca fallecido para la estabilidad económica de la posesión de tierras. Finalmente, la autora es enfática en la idea que el sistema de trabajo y las retribuciones que desarrollaba entre el Inca y su panaca lo podemos

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