Yuyarccuni Año II N° 2 Emanuel Rivera 298 llevado a Quito, donde Rumiñahui lo embalsamó y luego enterró, como el estudio de Estupiñán (2011) así lo intenta demostrar. Guillén (1983) infiere que Pachacutec instituyó los ritos funerarios para el cuidado y veneración de los incas pasados, ordenando traer al Cusco el cuerpo de su padre, Huiracocha, basado en la afirmación de testigos indígenas de 1587 a 1589 sobre la posesión de tierras de estos muertos. Según lo dicho por Sarmiento (1965, cap. XXXI, p. 236), Pachacutec desenterró a los cuerpos de los 7 incas pasados para enviarlos al Coricancha. El autor ratifica la continuación del culto a los incas muertos por medio de cronistas como Mena, Estete, Sancho de la Hoz y Pizarro, sobresaliendo el relato que Manco Inca en 1533, al vencer a Quizquiz, realizó fiestas multitudinarias con presencia del cuerpo de su padre y sus demás ancestros a la plaza central del Cusco (Estete, 1968, p. 400); de la mano con Cristóbal de Molina (1968, p. 82) que mencionó la presunta última fiesta con presencia de los Incas muertos, en 1535. Rota la alianza con los españoles, luego de su apresamiento, se interrumpió violentamente el ritmo de las grandes festividades siendo las momias llevadas a la fortaleza de Tambo, cuartel general del Inca, en 1535. Guilén sostiene que según Titu usi Yupanki, luego de la derrota de Manco Inca en Lima y Cusco (1537), se retiró a Vilcabamba con las momias de Huiracocha, Pachacutec y Huayna Capac, pero luego el mariscal Rodrigo de Orgoñez asaltó Vitcos, donde estaban las momias, llevándolas de regreso al Cusco (Titu Cusi Yupanqui, 1916, p. 80). Rostworowski (1988) esbozó la relación de la funcionalidad de las panacas en relación al culto. El mantenimiento de la tradición estuvo garantizado mediante la conservación del cuerpo junto al recuerdo de sus hazañas a través de cantares, quipu y pinturas, transmitidas de generación en generación. El Inca difunto continuaba como en vida y formaba parte de la actividad política bajo la forma de oráculo, poseía todos sus bienes y constituyó una genealogía viviente que era admirada en la gran plaza de Aucaypata mediante una ceremonia multitudinaria, existiendo una gran cantidad de indígenas que se dedicaban únicamente a estas momias. Junto a las panacas, los antepasados formaban parte de la corte que aconsejaba al Inca, siendo estos intermediados por sus descendientes. Por otro lado, la pugna por la mascapaycha estuvo relacionada mediante la muerte del inca en función y el proceso sucesorio. En ese sentido, la etnohistoriadora señala que la organización política funcionó por medio de la ancestralidad, ligada a redes complejas de memoria, corporalidad y paisaje, que forman círculos alrededor del centro. El Inca formó parte de esta red social, política y cosmológica, para posterior-
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