Yuyarccuni Año II N° 2 Emanuel Rivera 296 que luego lo introducen por la garganta del cuerpo para que no sea corrompido. Este interés por saber el hilo conductor del destino de los cuerpos sumado a su preocupación por comprender la intangibilidad y conservación corpórea, se vio plasmado en su interés por hallarlos en el Real Hospital de San Andrés, ubicado en Lima, señalando que encontró 1000 huesos humanos entre algunas de las paredes del nosocomio colonial, sin dar mayor detalle al respecto. Años más tarde, gracias al interés de la Beneficiencia Pública de Lima, fue secundado por Riva Agüero quien en 1937 excavó en la cripta del templo erróneamente, publicando más adelante algunas reflexiones sobre el tema3. Como vemos, desde fines del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX, se desarrolló una coyuntura de interés por realizar el descubrimientos y estudios que repotencien la cultura andina peruana, habiéndose conocido, desde los hallazgos arqueológicos de Julio C. Tello (1919, 1925) y el primer estudio de Machu Picchu por Bingham (1912), la trascendencia prehispánica de nuestro pasado. El repotenciamiento de las Ciencias Sociales en el Perú se fue produciendo, entre otros aspectos, gracias al desarrollo de la Etnohistoria Andina como disciplina cuyo enfoque principal es la interdisciplinarierdad. Si bien, es dable sostener que dicho logro fue sistematizado luego del trabajo de John Murra (1956), fue Luis E. Valcárcel quien inició las investigaciones en nuestro país desde este enfoque. Justamente, Valcárcel (1946) infiere que el culto a las momias incas fue instituido por Pachacutec, cuya importancia giraba en torno a la necesidad de los curacas que, al llegar al Cusco, debían rendir culto al sol, a las momias y al Inca. Un aspecto importante es la selección de yanaconas y mamaconas dedicadas a su servicio mediante el cuidado del cuerpo. También se ejercían los cantos loor (poemas biográficos) por cada Inca, rememorando sus hazañas como crónicas orales del pasado de cada uno. Resalta la continuación de sus potestades en base a lo narrado por cronistas como Ondegardo y Pedro Sancho, quienes antes de hablar con Manco Inca, tenían que ir a reverenciar a los difuntos. 3 Ver Riva-Agüero (1966). “Sobre las momias de los Incas.” En Obras completas de José de la RivaAgüero. Además, se han realizado posteriormente muchos esfuerzos por secundar estos primeros trabajos, siendo uno de los más conocidos, el proyecto de National Geographic Society coordinado por Teodoro Hampe (2001) que culminó con la apertura de bóvedas y conductos subterráneos con vestigios del siglo XVI. Años má tarde, Bauer y Coello (2005), realizaron el levantamiento de restos arqueológicos coloniales y la ubicación de una cripta de aquella época, sin hallar las ansiadas momias.
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx