Yuyarccuni Año II N° 2 Maria Valdivia 269 extenuante, a las 3 de la madrugada iniciaban los rezos, a las cinco nuevamente más rezos, a las 6 el desayuno compuesto de agua y pan, las 7 el aseo, las 9 lavado de ropa, las 10 rezo, las 11 almuerzo (sopa y papas, arroz y frejoles), l2 lavado general, limpieza de los patios, a la 1 silencio, a las 2 rezo […], finalmente, nuevamente el amor lésbico aparece en los recientos, cuando Mariel es acechada por una mujer que se ofrece a lavarle la ropa y le escribe “acaso no se pueden querer dos mujeres…suya…Inés” (Portal, 1982, p.75). Conclusiones El recinto carcelario se constituyó en un microcosmos que nos permite explicar la forma en que el Estado concibió la necesidad de normalizar el comportamiento de los individuos que se organizaron políticamente para transgredir el status quo. La alianza pluriclasista planteada desde el aprismo, expuso en la práctica serias contradicciones durante la experiencia carcelaria, de acuerdo a los orígenes sociales de cada grupo. Para los presos hombres y mujeres de clase media, la cárcel significó no sólo la pérdida de su libertad, también implicó la convivencia no deseada con marginales: asesinos, violadores, ladrones y homosexuales. La obligatoriedad de la convivencia y la precariedad de las condiciones de vida carcelaria, visibilizó por primera vez a estos nuevos actores que no encajaban en el ideario marxista ni socialdemócrata del aprismo. Los presos comunes, no eran obreros o campesinos comprometidos con los proyectos políticos, tampoco proyectaban sus vidas más allá de su existencia marginal. Olvidados por el sistema, resignados o violentos contra él, vivían y morían de forma anónima, en ellos la prédica política tenía poco efecto, es posible considerar que el mayor impacto ocurrió entre los presos políticos, el marginal fue un descubrimiento que no encajaba y cuestionaba el programa político y sus esquemas de vida. Las novelas testimoniales sobre la experiencia carcelaria de Seoane y Portal no fueron las únicas obras que nos permiten acercarnos a este otro mundo en donde Ideología y realidad se suceden como términos totalmente antagónicos. Ocurrieron también en El Sexto de José María Arguedas (1961), El Frontón de Julio Garrido Malaver (1966), las Memorias de la Cárcel de Graciliano Ramos (1953) e innumerables autores latinoamericanos de esa misma época que nos pueden brindar elementos de análisis para comprender mejor la forma en que funcionaron los mecanismos de represión instaurados por las dictaduras de turno, sutiles, enfermizas y siempre dispuestas a la eliminación del oponente, pero especialmente dirigidos al exterminio de la
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