Yuyarccuni Año II N° 2 Maria Valdivia 268 presidente había desatado una verdadera razzia contra los unionistas, presuntos culpables del magnicidio” (Portal, 1982, p. 45). Forzada a huir, debe esconderse en diversos lugares, entre ellos, un potrero en las afueras de la ciudad, donde es atacada por los perros que cuidaban los sembrios, afirmando que ella “no lloraba, no tenía miedo. Era algo diferente. Algo como una especie de estupor, de abandono, como si éste fuera el anuncio de que se le cerraban todas las puertas y la dejaban a la intemperie, como si estuviera desnuda” (Portal, 1982, pp.49-50). Finalmente, es atrapada por la policia y llevada a la carceleta, junto con las “borrachitas, mujeres de mal vivir y vagas”. Como Juan Seoane, en la novela anterior, Portal, se considera a si misma superior a las presas comunes cuando afirma que: Las detenidas la miran intrigada: ésta no es de las nuestras, parecen decirse, su vestido correcto, su aspecto decente, las hace sospechar. Ah, ésta es una “política”. I sueltan una risa burlona. La guardiana asoma por la ventanilla y profiere un grosero ¡Silencio!... recibe un escupitajo y un insulto (Portal, 1982, p.54). Cuando les explica sobre el partido, los desacuerdos aparecen inmediatamente, Mariel señala que desea redimirlas, que ellas tienen derechos, que ellas son así porque son pobres, las respuestas de su audencia son puras carcajadas, finalmente la guardiana las calla ¡silencio perrras! y las amenaza a todas con enviarlas a la “aislada” una celda donde reciben mangerazos de agua helada u otra donde sólo se puede estar de pie. A diferencia de las prisiones masculinas donde los sonidos y los gritos se expanden por todo el lugar, los recintos femeninos estan exentos de ruido, impera el “silencio y la obediencia” y eran custodiados por guardianas que habían sido presas redimidas. En los recintos para mujeres, sólo vivían tres tipos de ellas: las monjas encargadas de la dirección y evangelización, las custodias (generalmente ex detenidas comunes) y las presas, compuestas por mujeres como Mariel (políticas), caídas (prostitutas), locas y vagas. Se aplicaba la violencia física de manera cotidiana, especialmente los latigazos y los insultos. Además de estas situaciones, resalta el control del comportamiento sexual, especialmente el afecto entre lesbianas, duramente castigado con ocho días de encierro en las “celdas especiales”, que no era otra cosa que un rincon en una roca donde sólo cabía estar de rodillas, a pan y agua. Las mujeres “locas” tambien eran terriblemente violentadas y en diversas ocasiones sólo cumplían la pena, muertas y en dirección a la fosa común. La disciplina en el “cuartel” era
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