Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Maria Valdivia 264 y sus señalamientos como normalidad/anormalidad será un proceso de pugna entre ambos grupos, a veces juntos y en otros casos separados. La necesidad de “vigorizar” el cuerpo masculino mediante ejercicios, lecturas o discursos morales implica la construcción de la superioridad heteronormativa y la desligitimación del otro, entendido como el homosexual o invertido. Pero ¿qué sucede cuando la homosexualidad ocurre como resultado de una práctica de violencia? Es posible adelantar, que el cuidado que se coloca en la prosa política sobre la materialidad del sexo y en especial sobre las acciones recurrentes en torno a él: masturbación, violación sexual, homosexualidad masculina y femenina logran “materializar la diferencia sexual en aras de consolidar el imperativo heterosexual” (Butler, 2002, p. 18). También constituyen un pasaje oscuro sobre la violencia en las cárceles, casi siempre reprimido en la narrativa sobre el tema, al menos en el Perú. Por ello debemos prestar atención a su aparición excepcional en el discurso político. La homosexualidad se convierte en un aspecto privilegiado para entender cómo el encarcelamiento puede ser concebido como una tortura que intenta "feminizar" o disminuir el valor del sujeto prisionero. El homosexualismo fue una práctica común en las prisiones, en grupo o de forma individual. Las presiones ejercidas sobre los presos más jóvenes implicaron actos de violencia sexual permitidos por las autoridades. En la cárcel el proxenetismo de los homosexuales con más experiencia implicó para los presos sometidos a ellos, alguna posibilidad de acceso a medicinas y alimentos, pero también el contagio de enfermedades venéreas debido a la elevada promiscuidad sexual. Seoane se expresa de este modo cuando afirma que: Dos hombres rompen mi abstracción, van por la tercera uno tras otro. El cholito delgado da largos pasos con la cara alta, en la que la boca apretada marca la cólera. Picando menudo, avanza tras él Montiel, el invertido. Tiene la cara vieja de vicios y surcada de hondas zanjas que la lujuria le cavara […] Desde atrás de mi reja los miro al sesgo. Ahí avanzan sus raquíticas fachas de desnutridos. Montiel coge de un brazo al otro y su mano tendida le señala en la mesa el desayuno que le ha hecho. Vuelve el muchacho su par de ojos fríos y malos. Ve la mueca anhelante con que la cara ojada se levanta hacia él. El muchacho se eriza y a mano abierta abofetea al maricón (Seoane, 1937, p. 264). Magda Portal: La Trampa (1957) Antes de iniciar al análisis del corpus de la novela-testimonial de Magda Portal, es necesario precisar su trayectoria política. En 1926 se produjo la pri-

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