Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Maria Valdivia 263 cuyo deseo es incontenible y la mujer como el otro que debía dominarse a sí misma. En la cárcel, los hombres son entendidos como seres que obedecen a sus instintos y las mujeres como caidas, pero reivindicadas por la maternidad real o simbólica. El discurso republicano, desarrollado desde el siglo XIX habíase visto influenciado por la moral sexual victoriana: el deseo y la contención del mismo, eso hacía de un hombre un buen ciudadano, una persona que canalizaba su sexualidad a travéz del matrimonio. En la novela testimonial, la prisión se revela como una práctica de la sexualidad constituída en torno a una forma de afirmación de lo que no se es, o denuncia sobre la degradación de hombres y mujeres. El onanismo aparece en el relato de manera constante en la narrativa masculina, es una repetición que afianza una concepción sobre el sexo y sus roles. El preso común convierte el tocamiento individual en una forma de escape y fantasía que le recuerda que aún es un ser humano, pero también que es un hombre. En el caso del preso político, esta situación es vista de manera compleja, ideológicamente es percibida como un signo de debilidad mental y degradación. Las expresiones vertidas por Haya de la Torre, como parte del mensaje político para los prisioneros apristas, no sólo estan inundadas de expresiones mesiánicas y religiosas como calvario, sudar sangre, nuestro Gólgota, fe y culto, también contuvieron un mensaje de salvación espiritual y ascetismo corporal” (Haya de la Torre, 1933). De esa manera, la contención sexual aparece en el campo de creencias éticas relacionadas con la forma de concebir la política, la misma que distancia al hombre de su cuerpo, lo disciplina. Las diferencias sociales entre los presos políticos, generalmente letrados, hacen que estos observen con desprecio las prácticas sexuales de los presos comunes. Sin embargo, esta práctica del control corporal en la cárcel, también expone la necesidad de comprender desde nuestra perspectiva cómo el cuerpo se constituye en el espacio simbólico donde entran en disputa distintos discursos normativos que aprueban o desaprueban determinados actos y expresan diferentes concepciones sobre el poder, nos interrogamos “¿Cómo tales restricciones producen, no sólo el terreno de los cuerpos inteligibles, sino también un dominio de los cuerpos impensables, abyectos, invivibles?” (Butler, 2002, p. 14). El espacio punitivo, resulta de este modo la constitución material y simbólica de lo marginal y excluido, del otro que debe cambiar. El preso político es el que está en ese lugar por subvertir el orden político establecido, el preso común se encuentra allí por atentar contra el orden social. La sexualidad

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