Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Katty Bravo 28 por Santo Domingo de Guzmán, los Dominicos (Gonzales, 2005, p. 8). Gregorio IX instituyó la Inquisición en 1231 y nombró como inquisidor de Alemania a Conrado de Marburgo y en Aragón se estableció el nuevo tribunal bajo la administración de San Raimundo de Peñafort y de Jaime I, el conquistador. Raimundo redactó un manual práctico de inquisidores, en el que se expone con minuciosidad cómo debían actuar los tribunales. Las penas contra los herejes se incrementaron con el tiempo; en 1252, el Papa Inocencio IV comenzó a aplicar la tortura, método cruel que se sumaba a otras penas como: la cárcel perpetua o temporal, la confiscación de bienes y la muerte en la hoguera. Poco a poco la Inquisición fue adquiriendo un matiz político. Cuando se instituyó en España con los Reyes católicos, en 1480, merced al oficio del papa Sixto IV, los frailes Tomás de Torquemada y Diego de Deza, infundieron temor en sus opositores a través de esta institución eclesiástica. Según Ceballos (1995), entre 1370 y 1387, las leyes de Castilla decretaban que el sortilegio era un delito herético y que los culpables deberían ser juzgados por el Estado si eran laicos y por la Iglesia si eran clérigos. La magia y la brujería no se consideraron como un problema hasta finales del siglo XV, cuando Inocencio VIII, en medio de la convulsión social y política, expide, en 1484, la Bula Summis Desiderantes contra la brujería. En la segunda mitad del siglo XV, Europa vivía una crisis política y económica, en la que las revueltas populares, las epidemias, las guerras, las hambrunas, entre otros males, afectaban a la sociedad feudal. En este contexto se llevaron a cabo los primeros juicios a muchas mujeres acusadas de brujería, especialmente en Francia Meridional, Alemania, Suiza e Italia. Según Monter (1976), aparecieron las primeras descripciones de los “aquelarres” y surgió una doctrina sobre “la brujería”, ya que entre 1435 y 1487 se escribieron veintiocho tratados sobre el tema, el último fue el Malleus Maleficarum o martillo de los brujos que tenía como base de sus planteamientos, la Bula papal emitida por Inocencio VIII, donde se señalaba que la Iglesia consideraba a la brujería como una nueva amenaza. La Inquisición hizo creer al pueblo que su progresiva pauperización era responsabilidad de hechizos y embrujos, y no de la política mal llevada por los reyes y papas. Estos hechizos, llamados Meleficia y sus ejecutantes, malefici o maleficae, estaban relacionados con los estratos más pobres de la sociedad europea. Las mujeres que conformaban estos estratos eran mucho más numerosas que los varones (Levack, 1995, p. 29), convirtiéndose en las principales víctimas de esta institución religiosa. De esta manera, la Iglesia católica comenzó una campaña que insensibilizó a la población frente a la violencia contra las mujeres, preparando el terreno para la “caza de brujas” que comenzaría en ese mismo tiempo (Federici, 2010, p. 80).

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