Yuyarccuni Año II N° 2 Katty Bravo 27 lizados para controlar a los grupos que podrían atentar contra el sistema político establecido. Luego, con el descubrimiento del Nuevo Mundo fueron trasladados y utilizados con los mismos fines que en Europa; sirvieron para justificar la ola de violencia y persecución en contra de las poblaciones originarias. Las acusaciones de brujería y/o hechicería fueron un claro medio de control social y su persecución como delito fue una forma de marginalización o de ordenamiento de las civilizaciones sometidas en el Nuevo Mundo. Las estrategias para implantar la religión católica entrañaban la deslegitimación y la demonización de conceptos que estaban en la base de la estructura simbólica y social de los pueblos indígenas, cuyo mundo imaginario era “demoniaco” y como tal debía ser destruido. Ese mundo del “otro” era interpretado como lo negativo, pagano, satánico e intrínsecamente perverso que debía ser anulado por completo. De esta manera, la llegada de los españoles, no sólo tuvo efectos negativos en la demografía sino, significó la destrucción de las referencias políticas, religiosas, simbólicas, espirituales y sociales de los sistemas productivos prehispánicos. Los hechiceros o hechiceras, según la interpretación de los españoles, se encargaban de cubrir las necesidades de las huacas y de interpretar sus comunicaciones. También estaban dentro de esta categoría los que buscaban propiciar a los Apus para asegurar el bienestar de su grupo social, es decir, asegurarles buena salud, buenas cosechas y la fertilidad de sus ganados. A través de este artículo demostraré que la diversidad de prácticas religiosas quedó estigmatizada por los extirpadores de idolatrías lo que les permitió desarrollar una férrea persecución contra las especialistas de la terapéutica y la religiosidad del pueblo de San Gerónimo de Tupe ubicado en el Corregimiento de Yauyos del Arzobispado de Lima. A través de este caso, que se llevó a cabo en 1661, podremos ver la continuidad ininterrumpida del discurso elaborado en contra de las mujeres que poseían algún poder que podía atentar contra los intereses políticos y económicos del Estado monárquico y la Iglesia católica. Discursos europeos y relación colonial La lucha contra la herejía fue una de las principales funciones a los que se abocó la Inquisición desde su fundación en 1118, cuando la Iglesia católica perseguía a sus principales enemigos, los cátaros. En el año 1224, el emperador Federico II publicó una ley que imponía la pena de muerte a los herejes; siete años más tarde, el papa Gregorio IX aceptó esta disposición para toda la Iglesia tomando medidas drásticas para asegurar su cumplimiento. La principal medida fue la creación del Nuevo Tribunal de la Inquisición, cuya responsabilidad recayó en la orden religiosa fundada
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