Yuyarccuni Año II N° 2 Maria Valdivia 257 Uno de los acontecimientos más complejos ocurrió el 7 de julio de 1932, con el asalto a la guarnición militar de Trujillo. La derrota de las autoridades logró la administración aprista, ocasionando que el gobierno envíe tropas para que recuperen la ciudad, produciéndose la detención de todos los involucrados y sospechosos. Esta parte de la historia peruana fue silenciada por décadas y dio origen a un enconado enfrentamiento entre apristas y militares. En general sólo fue abordado en los textos de militancia aprista y pertenecieron al corpus del martirologio y la memoria de sus miembros. La revolución del 32 dio lugar a lo que se conoce como la Matanza de Chan Chan, lugar donde fueron fusilados entre 450 a 1500 personas, según los abordajes más recientes.10 La historiografía que apoya el Martirologio señala que fueron 6 000. Finalmente, el gobierno de aquel entonces, en su afán de reprimir la revolúción, mandó bombardear la ciudad de Trujillo. La cárcel se convierte así en un microcosmos, un pequeño universo paralelo en medio de una pirámide creciente de violencias, un espacio sin reglas ni referentes para entender el comportamiento humano, la transgresión es cotidiano y los signos de reconocimiento tienen que ser negociados, construidos mediante las alianzas de fuerza. El individuo, aislado, solo, pobre y joven, es preso de infinitos maltratos. Los presos políticos de clase media poseían mayores medios para salir de la cárcel como el acceso a los mecanismos jurídicos de denuncia en los medios de comunicación. Hombres y Rejas (1937) Esta novela-testimonio fue escrita por Juan Seoane (1899-1979), un militante de treinta y tres años que perteneció a una familia con miembros apristas, acusado de ser cómplice en el intento de magnicidio, condenado a la pena de muerte. Su caso, expuso una de las mayores arbitrariedades de la época: la aplicación de la ley de forma retroactiva. Abogado, Juez de Paz, casado y padre de cuatro hijas, provenía de una familia mesocrática, sus hermanos fueron profesionales y dos de ellos activistas políticos, el más conocido, Manuel Seoane, fue el segundo al mando del partido aprista, luego de Haya de la Torre, y cuando éste tuvo que partir exiliado, se encargó de organizar el partido en el Perú y Argentina. El otro hermano, Edgardo, fue un miembro 10 Nos referimos a la versión más sustentada sobre el tema es la que ofrece de Margarita Giesecke (2010). Señala que fueron alrededor de 450 personas muertas como resultado del levantamiento. Aunque este número se puede discutir, la distancia entre las afirmaciones oficiales que rondan los 6000 fallecidos, hace poco probables las últimas.
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