Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Maria Valdivia 255 el Panóptico (la Penitenciaría de Lima), la Cárcel Central de Varones, la Fortaleza del Real Felipe, entre otras prisiones, fueron los espacios que los albergaron. En todos los casos, la vida en cautiverio fue una experiencia dura. En el caso de los que provenían de la clase media y se percibían a sí mismos como personas decentes, por primera vez tuvieron que contrastar el discurso ideológico de la igualdad y convivir con presos comunes (Aguirre, 2014, p. 49). Aunque la situación del preso político, significó un estatus mayor que el de preso común, las condiciones de vida en estos recintos fueron significativamente precarias debido a la escasez de los alimentos, vestido y medicinas; varios internos murieron por falta de atención médica, frío, golpizas o trastornos psicológicos producidos por el confinamiento. Los militantes de ori-gen pobre y sin influencia familiar en la administración pública, tuvieron que recurrir a la solicitud emocional realizada por sus padres o parientes, pidiendo clemencia y el perdón de la condena, mediante cartas dirigidas al ministro o el Presidente de la República. Varios internos murieron enfermos, deprimidos, suicidándose o pretendiendo escapar a nado hasta llegar a la costa del Callao. Incluso las mujeres vinculadas o militantes del APRA estuvieron presas, aunque su constreñimiento ha sido percibido por la historiografía como menor que el de sus pares varones, debido a que estas prisiones fueron regentadas por religiosas (Aguirre, 2014, p. 48). El contexto de las obras La Alianza Popular Revolucionaria (APRA) fue organizada en la década del 20. En 1923, Haya de la Torre tuvo su máximo dirigente, aun estudiante, fue exiliado, e inició un periplo por todo el continente, el cual lo llevó por Chile, Argentina, Uruguay y México. Junto con él, otros jóvenes también partieron al exilio, en los mismos países o hacia Centroamérica. A la caída del dictador Augusto B. Leguía (1919-1930), Haya retorna para participar en las lides electorales, teniendo como competidor al militar que había defenestrado a Leguía, Luis Miguel Sánchez Cerro. Este último, fue un miembro del ejército con bastante arraigo popular. Durante los años 30, el aprismo creció ininterrumpidamente entre los estudiantes y los obreros vinculados a las fábricas textiles y agroexportadoras. Promovió una alianza pluriclasista, entre los estudiantes, obreros e intelectualles y durante ese primer momento, tuvo viva la raigambre antiimperialista, a favor de la reforma agraria. El antiaprismo surgió en ese mismo instante, los enfrentamientos entre el principal vocero periodístico del régimen El Comercio

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