Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Maria Valdivia 253 leño de Getulio Vargas reconoció la injusticia cometida con Ramos, a quien posteriormente permitió trabajar en actividades literarias vinculadas al Estado. Como Seoane, Valcárcel y Portal, Ramos fue un militante político, en su caso del partido comunista. Su libro no buscó construir sólo una literatura sino más bien, se enfatiza la literalidad y la cronología, las que otorgan fuerza a su propia voz en calidad de testimonio póstumo. Ramos se encontraba conflictuado ante la necesidad de mantener ocho hijos, su militancia es muy posterior a su encarcelamiento, se infiere que el relato que construye, no fue publicado antes, debido a la necesidad de resolver asuntos más cotidianos relacionados con la sobrevivencia económica. A diferencia de los peruanos, él no era un militante de alta jerarquía, pero sí un opositor que usó la palabra como arma. Un periodista politizado, preso, en medio de un proceso individual de transición a su propia conciencia política, derivará años después en su adscripción pública al comunismo, sin embargo, pese a esta circunstancia, la credibilidad de sus memorias se incrementa en la medida que su relación con el partido no fue llana ni acrítica. La obra de Ramos como la de los escritores políticos apristas ha analizar, nos permite realizar una equivalencia en torno a su gestación, su proceso de escritura y sus objetivos. Escribir en la cárcel, no sólo es un recurso para mantener la dignidad del autor preso, registrando las arbitrariedades sufrida, más también, es un medio de distinción social, pues el hecho de escribir dábale prestigio, distinguiéndolo entre los encarcelados, siendo tratado con alguna deferencia y privilegio en medio de un ambiente despersonalizado (Ridenti, 2014, p. 481). Las características antes mencionadas se ofrecen con total amplitud en las fuentes seleccionadas para el abordaje de la problemática de la memoria suterránea en torno a las prisiones. En Hombres y Rejas (1932) del dirigente aprista Juan Seoane (1899-1979), y La Trampa (1957), de la también dirigente aprista y periodista Magda Portal (1900-1989), resaltan los aspectos diferenciados entre el preso político y el preso común masculino o femenino, y se pone de manifiesto la violencia sexual y la construcción de la identidad de género masculina hegemónica y la femenina en calidad de subalterna. Será en aquellos espacios de marginalidad, como la cárcel, donde la homosexualidad y la violación ejercida contra los presos heterosexuales, se expone como una realidad escasamente abordada por la historiografía sobre las prisiones o los partidos políticos. En la prisión femenina, la violencia ejercida contra las mujeres tiene características reales y simbólicas, al ser estos espa-

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